Avisos
Las encuestas de opinión han jugado un papel importante en las elecciones presidenciales, pero han sido objeto de críticas por su falta de precisión, rigor y metodología. O bien, por su comercialización, al favorecer a alguien por encargo.... “El que paga, manda”.
Realizados los comicios del Estado de México y Coahuila, lo que sigue para la 4T y los partidos políticos en general será precisar a quién inscribirán en la boleta electoral de 2024 para definir candidatos a la Presidencia de la República, nueve gubernaturas y todo el Congreso federal (diputados y senadores). La clase política del país y los analistas consideran que la elección presidencial de 2024 está decidida en favor de la candidata o candidato de Morena, idea posible, sí, pero complicada y lejana de la realidad si descuidan el proceso de elección o selección vía un par de encuestas.
A ver, los pronósticos de las encuestas de candidatos en las elecciones pueden ser muy variables y dependen en gran medida del momento en el que se realizan, la metodología de la encuesta y el entorno político general. Su grado de efectividad es variable, pues pueden proporcionar una fotografía instantánea de la opinión pública en un momento determinado, no siempre son exactas en sus pronósticos al estar sujetas a muchos tipos de errores, como los de muestreo, sesgo de no respuesta y los de medición.
En México, las encuestas de opinión pública han jugado un papel importante en las elecciones presidenciales, pero han sido objeto de críticas por su falta de precisión, rigor y metodología. O bien, por su comercialización, al favorecer a alguien por encargo. Dice el adagio popular que “el que paga, manda”.
Delfina Gómez, postulada en el Estado de México por la coalición gobernante, ganó con un margen de diferencia del 8%, de acuerdo con las encuestas de salida, los conteos rápidos y los programas de resultados preliminares, y no con un 20% que presumía su partido. Así concluyeron 100 años de hegemonía en el poder del Grupo Atlacomulco y de Los Tolucos, de Metepec.
El ejemplo más claro fue en Coahuila, donde Armando Guadiana (consentido de AMLO) fue avasallado por el priista Manolo Jiménez, postulado por el frente opositor, con un margen de votación de 32% arriba de su más cercano competidor, y todo por la necedad de montárselo a los bravos coahuilenses. Para justificar la derrota es vilipendiado con el mote de “traidor” el exsubsecretario Ricardo Mejía Berdeja, quien tomó la decisión de inconformarse con el resultado de la encuesta interna de Morena y postularse por el PT, quedando a 4 puntos porcentuales del candidato Guadiana. ¡Ni para dónde hacerse! En Coahuila, el golpe a Morena no sólo es la vergüenza del marcador de 3 a 1 con el que fue derrotado, sino que, con la suma de los votos de los otros dos partidos de su alianza, Juntos Haremos Historia, que se fracturó con PT y el Verde, de la misma manera habrían perdido por casi 15 puntos porcentuales.
El asunto es de la mayor importancia, pues Mario Delgado tendrá que dar el banderazo de salida del inicio del proceso formal para definir a la o el candidato de Morena. En las encuestas objetivas figuran desde el principio y a la fecha Marcelo Ebrard y Claudia Sheinbaum, quienes están en un empate técnico; Rubrum, que fue la más cercana al cómputo de la entidad mexiquense, le da a Marcelo 3% arriba de Claudia; existen las otras encuestas cuchareadas en favor de algunas corcholatas por los favores recibidos, pero pocas, muy pocas, tienen la credibilidad que refleje el ánimo y preferencias políticas de la gente. De esta manera, Adán Augusto, Ricardo Monreal, Fernández Noroña y Manuel Velasco no tienen posibilidad alguna, pero se suben al caballo para obtener algún beneficio. No cambian ni cambiarán. Es la naturaleza humana en la política.
Para darle certeza, certidumbre y credibilidad al proceso de selección es que el canciller Marcelo Ebrard ha propuesto tres cosas: poner fecha a las renuncias del cargo del que se agarran hasta con las uñas. Articular un debate entre los aspirantes para que muestren sus habilidades o deficiencias y realizar una encuesta abierta, seria y creíble que deje satisfechos a sus participantes, que no reciba consigna o se pida un resultado “a modo”. “La burra no era arisca”. ¿O no?, estimado lector.
