Adiós al 2022

Un año más para repasar lo vivido, para evaluar lo andado, para revisar metas cumplidas y para replantear futuras aspiraciones. Todo, creación del sincretismo religioso de origen cristiano que, con motivo del nacimiento de Jesús de Nazaret, eligieron los líderes de la Iglesia

La época invernal nos permite reunirnos en familia y con amigos; cada fin de año festejamos al gozar de salud, paz y bienestar. Víctor Hugo, el poeta, definió a la familia como “el espejo de la sociedad”, y de la amistad, decía Quevedo, “vale un buen amigo más que cien parientes”, porque, en la prosperidad, nuestros amigos nos conocen, y en la adversidad, nosotros conocemos a nuestros amigos.

Un año más para repasar lo vivido, para evaluar lo andado, para revisar metas cumplidas y para replantear futuras aspiraciones. Todo, creación del sincretismo religioso de origen cristiano que, con motivo del nacimiento de Jesús de Nazaret, eligieron los líderes de la Iglesia, inspirados en los evangelios de San Mateo y San Lucas.

Concretamente fue el papa Julio I, hace aproximadamente 1,600 años, quien decidió que los 25 de diciembre celebremos el nacimiento de Cristo, desde entonces, celebrar la Navidad nos permite, con familia y amigos, reafirmar valores y principios, como la generosidad, el amor, la amistad, la alegría, la colaboración y la cooperación, en síntesis, la solidaridad.

Sobre todo, dimensionar el tamaño de las grandes catástrofes que sucedieron en el mundo y recordarnos que no somos infalibles, que el poder de la naturaleza es irreversible, si no la cuidamos y si no le regresamos lo que nos ha dado, nos lo advierte, pues los límites fronterizos los fija el hombre, los de la naturaleza, ella misma.

Julio Verne decía, “podemos desafiar las leyes humanas, pero no podemos resistir a las naturales”, así que, para disfrutar de un medio ambiente sano, debemos preservarlo. Es una obligación del Estado y del género humano su cuidado. Sólo en producción de plástico, el ecocidio mundial lo cometemos al producir 20 mil botellas por segundo, 1 millón por minuto y, de esto, sólo es reciclable el 9%, el resto se quema o termina en vertederos que conducen al mar, siendo los océanos los grandes depósitos de este material contaminante.

No aprendemos las reglas de la naturaleza, ésta nos sigue cobrando las facturas del calentamiento global con siniestros terribles de mayor intensidad. Un informe del año 2022 de la organización Christian Aid identificó los eventos climáticos más destructivos: el ciclón Eunice, que afectó a Bélgica, Alemania, Irlanda, Países Bajos, Polonia y el Reino Unido, dejando 16 personas muertas. Las inundaciones en Australia, con 27 personas fallecidas; las de Sudáfrica, con 459 pérdidas de vidas; en Pakistán, 1,739 murieron; así como en China, Brasil y muchos lugares más en el mundo por situaciones similares.

Las sequías en Europa, Brasil y China, el huracán Fiona, en el Caribe, e Ian, que provocó 130 pérdidas humanas.

Las depresiones tropicales en Malasia, con 54 pérdidas; Madagascar, con 366 muertos; los incendios en Chile. La ola de calor en el Ártico. Este informe destaca los costos financieros de algunos eventos. El huracán Ian costó mil millones de dólares, desplazando a 40 mil personas; la sequía y la ola de calor en Europa costaron 20 mil millones de dólares; las inundaciones en Pakistán costaron 30 mil millones de dólares, desplazando a siete millones de personas. Ciertamente, detrás de estas cifras en dólares existen millones de historias que lamentan la pérdida de vidas humanas y de sufrimiento de sus familias. “Sin recortes importantes en los gases de efecto invernadero, este costo humano y financiero sólo aumentará”, puntualiza el informe.

En estos días, el presidente Joe Biden aprobó una declaración de emergencia para el estado de Nueva York para que fluyan los recursos federales por la tormenta Elliot, causada por un frente ártico que ha provocado fuertes nevadas y vientos huracanados, con miles de personas atrapadas en sus casas, sin energía eléctrica, y en las carreteras, y pasajeros varados desde la Nochebuena por la cancelación de miles de vuelos; sólo en Nueva York han fallecido 50 personas.

Cambiamos en 2023 o nos cambia la naturaleza. ¿O no?, estimado lector.

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