Acapulco (1)
Acapulco fue la segunda ciudad con mayor percepción de inseguridad en el país
La historia de Acapulco se remonta a la época prehispánica. Acapulco significa “lugar donde fueron destruidos o arrasados los carrizos” en náhuatl. Fue fundado por los indígenas tlahuicas hace cerca de dos mil años. Durante la época colonial, Acapulco fue seleccionado por Hernán Cortés para ser un puerto donde se construyeran galeones dedicados a explorar los mares del sur, convirtiéndose en el principal punto de conexión entre México y las Filipinas, lo que lo hizo un lugar estratégico para el comercio. También fue atacado por piratas y corsarios que buscaban saquear los barcos españoles.
En 1810, se unió a la lucha por la independencia de México y fue escenario de varias batallas entre los insurgentes y los realistas. En 1885, recibió a Benito Juárez, quien se reincorporó a las filas de Juan N. Álvarez, que combatía a la dictadura de Santa Anna. En 1911, fue tomado por las fuerzas revolucionarias de Emiliano Zapata.
En el siglo XX, Acapulco se transformó en un destino turístico de fama mundial, gracias a su belleza natural y a su clima tropical, lo que atrajo a celebridades, artistas, políticos de todo el mundo, que disfrutaban de sus playas, su vida nocturna y su gastronomía. Acapulco también se hizo famoso por sus espectaculares clavadistas, que se lanzan desde un acantilado de más de 40 metros de altura hacia el mar. Tristemente todo este regocijo que los turistas nacionales y extranjeros disfrutaban se acabó, por el descuido de las autoridades de los tres órdenes de gobierno.
A esto agreguemos los desastres naturales que han causado daños y pérdidas en Acapulco como los ciclones, las depresiones tropicales y los sismos.
El huracán Manuel, que azotó a Acapulco el 15 de septiembre de 2013, provocó daños por más de 30 mil millones de pesos. El sismo de magnitud 7.1 del 19 de septiembre de 2017 causó daños en edificios, viviendas, escuelas y hospitales, con al menos 10 muertos y decenas de heridos en el puerto.
Ahora fue el huracán Otis, que tocó tierra con categoría 5, el 25 de octubre pasado dejando incomunicado a Acapulco y colapsada toda la infraestructura hotelera y urbana del puerto, derrumbes carreteros y afectaciones al suministro eléctrico del casi millón de habitantes de Acapulco y municipios aledaños, donde, lamentablemente, perdieron la vida muchos guerrerenses, consecuencia de la falta de información oportuna de parte de los servidores públicos de los tres niveles de gobierno. A López Obrador le pasó lo que a Peña Nieto al estar sus empleados distraídos en otras cosas…. Y a esto le sumamos el nivel de disgusto social de los habitantes de Acapulco antes del meteoro natural, que se infiere por algunos indicadores, como la percepción de inseguridad, la confianza en las autoridades, la participación ciudadana y la violencia social.
La percepción de inseguridad es muy alta, ya que 94.6% de la población se siente insegura en su ciudad, según la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) de marzo de 2021. Acapulco fue la segunda ciudad con mayor percepción de inseguridad en el país, sólo por debajo de Fresnillo, Zacatecas, ahora agreguemos la pillería y el saqueo de tiendas y supermercados de todo tipo y robo a casas habitación, seguro ya tiene el primer lugar del país.
La confianza en las autoridades es muy baja, ya que 88.9% de la población consideraba que el gobierno municipal y estatal eran poco o nada efectivos para resolver los problemas de la ciudad; según la misma Encuesta de 2019, Guerrero se consolida como el estado con menor confianza en su gobierno estatal y local del país.
La violencia social es muy grave, al registrar una tasa de 103.3 homicidios dolosos por cada 100 mil habitantes en 2020, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). Ganando la nada honrosa mayor tasa de homicidios dolosos en el país.
Estos datos muestran el estado de gravidez de “la cosa social”, en Acapulco, que se traduce en una falta de confianza, de cooperación y de respeto a la ley. A todo esto, la falta de víveres y agua potable para toda la población hará complicado el desarrollo económico, social y humano de Acapulco. ¿O no, estimado lector?
