Derechos universales
El lunes, el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, y el de la CNDH, Luis Raúl González Pérez, entregaron el Premio Nacional “Derechos Humanos” 2016 a Rodolfo Stavenhagen. Recientemente fallecido, investigador del Colegio de México, distinguido por dedicar su vida profesional a los asuntos indígenas del país y de otras latitudes.
El racismo, la intolerancia, la discriminación y la violencia de la Alemania nazi obligaron a su familia a migrar a México. Mención especial recibió Sharon Zaga Mograbi, presidenta del Museo Memoria y Tolerancia, construido por la comunidad Judía Mexicana, lugar donde además de mostrar los grandes genocidios y los crímenes de lesa humanidad, se promueven los valores de convivencia para evitar la violencia, la intransigencia, la discriminación, la intolerancia y la indiferencia, actitudes que provocan la negación de la dignidad humana.
Esta celebración surgió el 10 de diciembre de 1948, día en que se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en la que la libertad, la justicia y la paz en el mundo son derechos iguales e inalienables para todas las personas del globo terráqueo. Declaración que consagró desde hace casi siete décadas el nacer en igualdad, dignidad y libertad, sin distinción de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.
Luis Raúl González mencionó ante el presidente Peña Nieto que 2016 ha sido uno de los años más dramáticos y violentos en el que las huellas nocivas de la criminalidad generaron violaciones a los derechos humanos por parte de algunas autoridades que se apartaron del cabal cumplimiento de su deber, so pretexto de proporcionar a la población de algunas regiones del país niveles mínimos de seguridad, señaló el actual clima de percepción de la gente respecto de la existencia de impunidad, corrupción y falta de cumplimiento de la ley, situación que ha debilitado a nuestras instituciones y dividido a la sociedad, sobre todo en la equivocada idea de que la CNDH obstaculiza la aplicación de la justicia o defiende la ilegalidad. Reflexionó sobre la expresión del descontento social que ha llegado al extremo del elogio y reconocimiento social a quien hace justicia por propia mano. ¡Cierto! Esta guerra inició con Felipe Calderón al sacar a las calles al Ejército mexicano para realizar tareas inherentes a los cuerpos de seguridad, y ha continuado sin regresar a la tranquilidad tan anhelada, provocando un desgaste físico y mental en los integrantes de las Fuerzas Armadas. ¿Por qué los legisladores no les han creado un marco jurídico que regule sus quehaceres? ¿Por qué los gobernadores no han hecho su tarea con sus policías estatales y municipales, olvidando que prometieron bajar índices delincuenciales, teniendo el cinismo, algunos, de promover sus ilusorias aspiraciones presidenciales? ¿El Sistema Penitenciario, cuándo? ¿Y la corrupción de los MP, a qué hora?
La CNDH, desde su etapa fundacional con el doctor Jorge Carpizo, ha logrado impulsar, promover y vigilar los derechos básicos y fundamentales. Transitamos por una coyuntura crítica. No obstante, los avances normativos y herramientas legislativas que se han implementado, aún hay pendientes en este campo y existe el desafío de materializar dichas normas, falta erradicar la violencia, inseguridad, impunidad, corrupción, desigualdad y pobreza. El presidente Peña habló de las leyes en proceso, que reconozcan el problema de las desapariciones forzadas, de la tortura, la actuación de las Fuerzas Armadas y el fortalecimiento del mecanismo de protección a periodistas y defensores de derechos humanos. Así se deben atender fenómenos como la intolerancia, discriminación, trata de personas, desplazamientos forzados, la migración, la falta de consulta libre, previa e informada, culturalmente adecuada y de buena fe en comunidades indígenas; las detenciones arbitrarias, la pobreza, exclusión, desigualdad e impunidad prevalecientes. Mucha tarea por delante. ¿O no, estimado lector?
