Genocidio cristiano
Principios fundamentales de la vida de los seres humanos son las libertades para pensar, expresarse, transitar, asociarse, trabajar y, para tener el modo de vida que mejor les acomode, todo esto consagrado en los códigos que cada pueblo o sociedad se ha dado. La Directiva del Club de Periodistas de México, por conducto de Celeste Sáenz de Miera, nos convocó a una sesión de trabajo, para escuchar a líderes religiosos de diversas partes del mundo para oír de su propia voz las atrocidades, persecución y exterminio que están viviendo y sufriendo los cristianos católicos en esas latitudes por el solo hecho de serlo. Por tener esta fe, esta inclinación religiosa.
Así, Paul Jacob Bhatti, de Pakistán, Javier Menéndez, de España, el archimandrita Fadi Rabbat, del Líbano, Rafael A. Barsekh Onji, de Siria, Carlos Khalil de Jordania, la hermana Guadalupe, de Irak, el padre Pablo de China, los padres Óscar Herrera, de Cuba, Kenneth Iloabuchi, de Nigeria, P. Moisés García de Kenya, la hermana Heliodora, de Sierra Leona, etc. Todos ellos expresaron la violencia sistemática que, lamentablemente, existe en contra de las minorías étnicas y religiosas, al grado de que, si no se les asiste, acabarán con ellos los fundamentalistas islámicos.
Siria vive una de las catástrofres humanitarias más graves, después de la Segunda Guerra Mundial. La supervivencia de las comunidades en Oriente Medio, donde nació y vivió Jesucristo, con sus poderes, está en peligro de desaparición debido a la represión de los yihadistas del Estado Islámico (EI).
Un documento de “ayuda a la iglesia que sufre” de la fundación de la Santa Sede refiere que el derecho a la libertad religiosa hace que 20 países estén clasificados en la categoría “alta” de éstos, 13 sufren persecución religiosa ligada al islam extremista. Afganistán, Arabia Saudí, Egipto, Irán, Libia, Maldivas, Nigeria, Pakistán, República Centroafricana, Somalia, Siria, Sudán y Yemen. Y existen 6 donde la persecución está ligada a regímenes autoritarios: Azerbaiyán, China, Corea del Norte, Eritrea, Birmania (Myanmar) y Uzbekistán.
Estos datos ejemplifican por qué miles de personas han muerto en Oriente Medio por su fe. Muchos han quedado heridos para siempre y otros están secuestrados. Todos amenazados, lo cierto es que ya son miles las personas que huyen para refugiarse en otras regiones y países, como en Siria en la zona controlada por el régimen de Al-Assad.
El embajador pontificio en Siria, Monseñor Zenari, reporta más de 200 mil muertos y un millón de heridos, con siete millones de desplazados internos y cuatro millones de refugiados, como saldo de la guerra civil iniciada en marzo de 2011. En Irán, los desplazados sobreviven en el Kurdistán, la mayoría ha emigrado a otros países como Líbano, Jordania, Turquía y Egipto, a Europa, incluso a Sudamérica.
Tan sólo Irak alberga a tres millones de desplazados y a más de 220 mil refugiados sirios. Fue en agosto de 2014 cuando llegó el primer avión de la ONU a la capital de Kurdistán, Erbil, con carga humanitaria, aunque lo cierto es que están haciendo muy poco para ayudarlos. El papa Francisco, por cierto, reclamó en el seno de la ONU la poca injerencia de este organismo internacional para desactivar el conflicto con el Estado Islámico. El Programa Mundial de Alimentos (PMA), de la ONU anunció, a principios de este año, la suspensión de la asistencia alimentaria para más de 1.7 millones de refugiados sirios debido a la falta de fondos. A esto sumemos la indiferencia de Occidente. Únicamente en Alemania se manifestaron 20 mil personas pidiendo a su gobierno un mayor compromiso internacional. Turquía y Francia se han sumado para llamar la atención internacional y apoyar a la ciudad Kurda de Kobane, asediada por el Estado Islámico. Se han producido más manifestaciones a favor del pueblo Kurdo que de los cristianos. Ni siquiera los atentados de París han logrado despertar la sensibilidad europea hacia la minoría cristiana. De ahí que el papa Francisco les llame nazarenos a los perseguidos cristianos. Pero ahí está Turquía, donde dos bombas asesinaron a 139 pacifistas. ¡Dramático! ¿O no, estimado lector?
