Arcade Fire

Vi a Arcade Fire en New Orleans, ahora que Café Tacvba andaba de gira en EU. Fue un día libre en el que hicimos escala sin tocar en esa ciudad y ya desde mucho tiempo antes sabíamos que los Arcade Fire tocarían ahí. Compramos boletos con anticipación, sin saber ...

Vi a Arcade Fire en New Orleans, ahora que Café Tacvba andaba de gira en EU. Fue un día libre en el que hicimos escala sin tocar en esa ciudad y ya desde mucho tiempo antes sabíamos que los Arcade Fire tocarían ahí. Compramos boletos con anticipación, sin saber bien a bien quienes iríamos. Al final fuimos Meme y yo, junto con Children, Ramiro y otros del staff. La tocada fue en una arena, un sitio en donde normalmente se juegan partidos de basquetbol. Sabíamos que la gira Infinite Content Tour era 360, o sea, el escenario en medio del lugar y la gente alrededor, no un frente sino cuatro. Como llegamos muy temprano pudimos recorrer, ver y revisar la parte técnica. Había marcas en el suelo, cálculos matemáticos, ángulos pintados con gises de colores que las pisadas no borraban fácilmente. Vimos cómo estaba acomodado el PA, las bocinas en cada esquina y la consola del ingeniero de sonido en uno de los “frentes”. Ahí nos quedamos, en ese “frente” suponiendo que sería el más importante.

Había poca gente cuando el grupo abridor comenzó a tocar. Fueron los Wolf Parade, que me gustan lo suficiente para quedarme a escucharlos mientras la mayoría iba y venía del bar con chelas y hot dogs.

Después de los Wolf Parade, el staff de Arcade Fire comenzó a preparar el escenario para su grupo. Colocaron unas cuerdas asemejando un ring de boxeo. Todos los instrumentos y amplificadores blancos. En las pantallas de arriba, donde normalmente ponen la puntuación de los equipos jugando, aparecían anuncios tipo infomercial, con productos que hacían referencia a canciones del nuevo disco de Arcade Fire, Everything Now.

El disco no me había gustado, debo admitirlo. El primer sencillo me pareció buenísimo, la canción que da título al álbum: Everything Now. Los demás sencillos que le siguieron no se me hacían mal, aunque no me sorprendieron, pero a la hora de escuchar el disco completo no podía pasar de la canción ocho. De veras, lo intenté, pero nomás no pude. Quizá era mi obligación escucharlo a fuerza, como, supongo, lo hacen los críticos de música, los periodistas del rock que esgrimen el hacha para destrozar una obra o, por el contrario, ponerle un altar. No lo hice. Actué como siempre lo he hecho, si algo me gusta, lo sigo escuchando; si no, no.

Eso no me detuvo para estar ahí, enfrente del escenario, esperando a que la banda saliera. David Parra, nuestro ingeniero de sala, se dio cuenta de que el ingeniero que traían los de Arcade era el mismo que acompaña a Radiohead, Jim Warren. Soy un junkie de este tipo de información, así que sentí el rush de saberlo, nerd del rock and roll.

El concierto empezó con fuerza, muy arriba, como si los músicos de Arcade, que son un montón, trajeran la fiesta antes de subir. Sentí la adrenalina. Pero tuve sentimientos encontrados, les cuento por qué: para la gira de El objeto antes llamado disco de Café Tacvba hicimos un escenario igual que éste, 360. Aunque los Arcade Fire lo resolvieron mejor que nosotros, me di cuenta de las cosas que hubiéramos podido mejorar. Aún con esa vocecita que no me dejaba de molestar, disfruté mucho el concierto, y las canciones que no me habían gustado, ahora en vivo me volaron la cabeza. Esto me demostró algo que ya sabía, el disco es sólo una sombra de lo que pasa en vivo, como la alegoría de la caverna de Platón.

Los Arcade Fire tocaron el miércoles y ayer en la CDMX, en el Auditorio Nacional. No fue un concierto 360. Espero que el de mañana, en la VFG de Guadalajara sí lo sea. Aunque mi yo competitivo se ponga mal, la verdad es que es un gran show y quiero que sus fans de hueso colorado lo vean y lo disfruten. Y si, como a mí, no les gustó el último disco, lo descubran en vivo y su fe en Arcade Fire siga intacta.

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