Papá
Mi amiga Daniela Filippi me preguntó cómo estaba y no supe qué responderle. Mis hijas están de campamento y no sé bien cómo me siento. No estoy preocupado, pero sí; no estoy triste, pero sí. Estoy feliz, pero al mismo tiempo no. “Estás papá”, me dijo. Ella ...
Mi amiga Daniela Filippi me preguntó cómo estaba y no supe qué responderle. Mis hijas están de campamento y no sé bien cómo me siento. No estoy preocupado, pero sí; no estoy triste, pero sí. Estoy feliz, pero al mismo tiempo no.
“Estás papá”, me dijo. Ella tiene 29 años, no tiene hijos, y no sé si los tendrá algún día, pero supo describir muy bien mi estado.
En una columna pasada hablé sobre palabras que definen sentimientos inexpresables en nuestro idioma. Ésta sería otra de ellas: “estar papá”.
El campamento de mis hijas dura dos semanas, de otra manera se me pasarían rapidísimo, pero ahora los días van a paso de tortuga. He estado de gira meses seguidos sin ver a mis hijas y no las extraño tanto. Claro, están con su mamá o con mis hermanas, si es que mi esposa tiene que trabajar también.
Es la experiencia del campamento, supongo, que es una especie de rito de paso en algunas culturas. Tal vez no tanto en la mexicana, pero en otras sí. Los niños y jóvenes tienen que vivirlo para llegar a ser independientes, adultos. La idea es que los niños se vayan de campamento todo el verano y regresen curtidos de la vida salvaje y social.
Mi papá tenía ganas de mandarnos a un campamento cuando éramos pequeños. Pero no lo logró, le faltaba el dinero. No me daba cuenta, pero era así. Yo me sentía bien como estaba, nunca pensé que tenía que ir a ningún campamento. Incluso, si lo pienso, creo que me hubiera dado pavor. Así que admiro a mis hijas por estar en estos momentos fuera de casa, arreglándoselas ellas solas entre tantas chamacas.
Admiro a mi esposa porque sé que es difícil desprenderse de seres que crecieron en su panza, que salieron de su cuerpo, que estuvieron muy unidas al nacer y lo siguen estando, pero, poco a poco, esos seres se van haciendo más independientes. Hasta que un día se van de casa, como en la canción de The Beatles en el Sgt. Peppers (que lo estoy escuchando diario) She’s leaving home. “Bye bye”, canta la voz de Lennon. Mi esposa “está mamá”, la noto en sus actos y en lo que me platica.
Cuando eres joven y no tienes hijos no sabes cómo vas a reaccionar cuando los tengas, ¿serás alguien despreocupado o aprensivo? ¿Celoso? ¿Dictador? Es mejor no decir “de esa agua no beberé” porque “cae más pronto un hablador que un cojo”. Conozco mujeres que eran unas reventadas, aventureras, desmadrosas y que, a la hora de convertirse en madres, son las más aprensivas con sus hijos, no dejan que hagan nada, los cuidan de todo, preocupándose de más.
Conozco jóvenes que dicen que no repetirán lo que sus padres hicieron con ellos. Me gustaría grabarlos y ponerles ese video cuando están haciendo exactamente lo mismo que sus papás. Es como si nos hubieran reprogramado. Como en Men in Black, cuando dicen, “mira aquí fijamente”, sueltan un flashazo y se te olvida toda tu niñez y juventud.
Hay quienes odian a su padre y se convierten en una copia exacta de él. En El Padre, canción de Café Tacvba que viene en Yo Soy y que estamos tocando en esta gira de Jei Beibi, lo cantamos así: “Fue ese día que despertó, cuando se dio cuenta que se convirtió en lo que más a él le molesta; de repente descubrió que estaba pensando igualito que su padre en la casa de antaño”.
No culpo a nadie por ser aprensivo en estos tiempos. Nada más con ver las noticias un ratito da miedo que tus hijos tengan que vivir en un mundo así. Lo que ha pasado en estos últimos días en el mundo da para preocuparse una vida entera. Por eso el Meme compuso y canta “el mundo en que nací”, preocupado por sus hijos. Lo bueno es que también escribió “Todo va a estar bien”. Espero con toda el alma que tenga razón, porque en estos momentos estoy papá.
