Carta a un perro
Shakti: recuerdo cuando llegaste sola al portón de la casa. Más que adoptarte, tú nos adoptaste a nosotros, nos escogiste. Claro, quizá fue la comida que te dimos, pero seguramente otros te habían dado de comer y no te quedaste con ellos. Fue hace ya siete años, ...
Shakti: recuerdo cuando llegaste sola al portón de la casa. Más que adoptarte, tú nos adoptaste a nosotros, nos escogiste. Claro, quizá fue la comida que te dimos, pero seguramente otros te habían dado de comer y no te quedaste con ellos. Fue hace ya siete años, estabas más pequeña. Todo el mundo dice que hay que multiplicar por siete para saber la edad real del perro. Pero yo no sé si eso sea cierto o sólo es un mito, ¿de qué manera pueden saber cómo vive el tiempo un perro? ¿En qué está basada esa matemática? No sé nada de perros, lo admito. Seguramente ya te habías dado cuenta, con tantos años conviviendo conmigo.
Hace semanas que desapareciste y, como me dijo una amiga, es la peor de las situaciones posibles: no saber dónde estás, si te pasó algo, si sigues viva o, por el contrario, estás más feliz en algún lugar donde te tratan mejor que aquí. No lo sabemos.
Mis hijas están tristes. A veces lo expresan, pero otras, no. Eso me preocupa, prefiero que lo digan, que lloren a que se lo guarden. Es la lección más grande que he aprendido en los últimos tiempos: hay que sacar todo lo que sentimos, no avergonzarse de nuestros sentimientos. Por eso quiero hacer hoy un ritual donde los cuatro miembros de mi familia hablemos. Que digamos las cosas que extrañamos de ti, que expresemos la tristeza, pero también el deseo de que estés bien en cualquier lugar que te encuentres.
Pensamos que una señora te vio sola y te recogió. Ahora hay muchos albergues para perros abandonados. Tú no eras un perro abandonado, pero no tenías collar, no lo soportabas. Eras una perrita callejera y, aunque vivías aquí, nunca dejaste de serlo. Eras libre. Te escapabas cada vez que veías la puerta abierta y regresabas después de unas horas de vagabundear. Hace unos meses llegaste toda maltratada. Vino el veterinario a curarte las heridas que te había hecho otro perro, uno más grande, sin duda, porque tú eras pequeñita, nunca creciste mucho. Pero aun con ese tamaño, eras muy ladradora, no dudo que eso te metió en problemas.
¿Te confieso una cosa?, nunca creí extrañar a un perro. Pero sí, te extraño. Siempre me habían gustado más los gatos, y eso hace pensar a la gente que yo odio a los perros, pero no es cierto, no los odio, sólo que algunos no me caen bien. Supongo que es normal o debería serlo. Hay personas que te caen bien, otras que no. Lo mismo con los perros, ¿no? Tú no le ladrabas a toda la gente, había a quien veías y comenzabas a mover la cola como un rehilete, como un molino de viento, a otras les gruñías, ¿a qué se debía eso? Supongo que, como yo, no todos te caen bien.
Antes escuchaba decir a mis amigos que extrañaban a sus perros y yo no entendía nada. Era un sentimiento que no conocía. Me consideraba un analfabeto de perros. Por más que trataba, no podía sentir empatía. Y no tener empatía es la cosa más terrible en este mundo. Es la causa de tantos problemas entre los seres humanos. Si me tatuara alguna palabra, sería ésa: Empatía. Ponerse en los zapatos del otro, poder sentir (o imaginar) lo que un semejante está viviendo.
Pero, bueno, tú no sabes de palabras, sólo de ladridos. Me caía mal que ladraras en la noche, pero eres un perro, ¿cómo no vas a ladrar? Te digo, no me gustaba, pero ahora escucho a un perro ladrar muy parecido a ti y pienso que eres tú y que ya regresaste. Sonrío. Imagino por un momento lo feliz que se pondrán mis hijas y mi esposa, pero luego descubro que es otro perro y pues, ni modo. No has regresado y tal vez no lo harás.
Sí, la desaparición es el peor de los escenarios posibles, ¿nos podrías mandar una carta?, ¿o un ladrido inmenso para decirnos que estás bien? Seguramente estás vagando, como tanto te gustaba hacer: pata de perro al fin.
Yo escribí esta carta, tú busca quién te la traduzca a ladridos. No creo que sea tan difícil.
Te extrañamos, Shakti. Espero que estés bien allá donde estés.
