Canciones nuevas

Ayer tocamos en Buenos Aires, Argentina, y mañana volamos a Santiago de Chile. Son éstas las últimas tocadas antes de que salga nuestro nuevo disco: Jei Beibi!, el viernes 5 de mayo. A partir de esa fecha muchas cosas se renovarán en Café Tacvba. Una de ellas es el ...

Ayer tocamos en Buenos Aires, Argentina, y mañana volamos a Santiago de Chile. Son éstas las últimas tocadas antes de que salga nuestro nuevo disco: Jei Beibi!, el viernes 5 de mayo. A partir de esa fecha muchas cosas se renovarán en Café Tacvba. Una de ellas es el setlist de canciones que tocaremos en vivo: por un lado, estarán los clásicos de siempre, rolas que no pueden faltar en nuestros conciertos, otras serán las nuevas. Y, por otro lado, rescataremos canciones del baúl de los recuerdos, que no han vivido el escenario desde hace tiempo, otras se van a descansar.

No me resulta extraño hablar de las canciones como si estuvieran vivas. Tampoco a mis compañeros de grupo. Ayer en una entrevista de radio Quique dijo eso exactamente, que algunas canciones se van a descansar. El locutor se sorprendió un poco y reflexionó en voz alta sobre esta frase: hablas como si las canciones estuvieran vivas, dijo. No sólo vivas, pensé yo, tienen alma. 

Recuerdo que cuando hicimos el cóver de Chilanga Banda invitamos a Jaime López a escucharla en el ensayo. Queríamos su permiso para usarla, su bendición. “Mi hija ya está en edad para salir de fiesta, ahí se las encargo mucho”, dijo. Todos nos reímos, pero era cierto. Broma, pero no tanto. Le dijimos que sí, que la cuidaríamos, y creo que hemos cumplido nuestra palabra. 

Acá en Buenos Aires un periodista me preguntó qué tipo de guitarrista me considero. ¿Qué tipo de guitarrista soy? No soy un virtuoso ni mucho menos, no hago solos a gran velocidad, a veces ni siquiera solos hago. ¿Qué soy entonces? Soy un guitarrista que está al servicio de la canción. Eso le dije, eso pienso. Lo primero que considero cuando escucho una composición de mis compañeros es: ¿qué le hace falta para crecer, para conectar con un escucha, con el público? A veces, incluso, me doy cuenta que ésta no necesita de mi instrumento, que no necesita una guitarra, así que me hago a un lado. Si creo que mi guitarra va a sumar algo, entonces voy tejiendo melodías, haciendo atmósferas o rasgueando un riff que atraviese varios acordes, que se escuche y al mismo tiempo, no.

Los periodistas, también, preguntan cómo es que, siendo nosotros cuatro compositores, nos ponemos de acuerdo sobre qué canciones entran a un disco. Imaginan que puede haber peleas porque cada uno de nosotros defiende sus canciones. Lo que pasa realmente es que las canciones se defienden solas. Quien no lo haya vivido tal vez no lo crea, pero hay canciones que permanecen escondidas ahí, mientras uno ensaya, y de repente dan un paso al frente, o un salto, y hay que prestarles atención. De esa manera el grupo no tiene que hacer nada —o sí, mucho— permitiendo que las canciones hablen por sí mismas.

Un ejemplo muy claro fue lo que sucedió con El baile y el salón. Esa canción jamás fue un sencillo de radio. No tuvo el apoyo de un plan de marketing que la mostrara más que otras canciones del Re. La tocábamos en vivo al igual que muchas otras, pero un día, no sé cuándo exactamente, se convirtió en una canción que la gente esperaba. Coreaban el “paparupapa ueueooooo” antes de los conciertos. Sorprendente.

La siguiente semana habrá diez canciones más para que la gente las escuche, las haga suyas. Las imagino dormidas, despertándose, vistiéndose para salir de fiesta. Algunas desesperadas por salir ya de donde están. Varias serán odiadas. Otras incomprendidas. Unas pasarán desapercibidas para luego, a partir de muchas escuchas, revaloradas y queridas. Pero habrá otras que, desde el primer momento, encontrarán a su escucha perfecto. Esos oídos y corazón que se enamorarán de ella,

y la querrán mucho, incluso más que el propio compositor.

Las canciones están vivas y tienen alma, ¿ya lo dije? Ahí se las encargo, cuídenlas que son nuestras hijas queridas y las hicimos con amor.

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