Presidente electo

El abrumador apoyo popular en torno a la figura del flamante presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, supera toda expectativa y es que existe la plena coincidencia que los distintos retos de México sólo serán resueltos con unidad

La impensada unidad democrática alcanzada le otorga a López Obrador el suficiente margen de maniobra para cumplir en lo factible sus respaldadas propuestas, difundidas, prácticamente, en cuantas plazas públicas tiene el país. Es tiempo de suspender la descalificación verbal dejando de apuntar en dirección a presuntos oponentes ideológicos, adjudicándoles calificativos tales como liberal, doctrina nacida al final del siglo XVIII que pregonaba: “Tanto Estado como fuera necesario y tanta sociedad como fuera posible”. Concretamente, el liberalismo defiende la libertad del individuo. 

Posteriormente, se optó por invalidar al opositor ideológico intentando molestarle llamándolo neoliberal, en correspondencia a la tendencia surgida en los 70’s, del pasado siglo, a través de Milton Friedman, como solución a la crisis económica causada por los excesivos precios del petróleo.

Luego, se hizo popular la frase a modo de afrenta dirigida a la mafia del poder, constituida, primordialmente, por aquellos privilegiados del sistema imperante, opresores de quienes menos tienen. Ahora les llegó el turno a los conservadores, doctrina política que defiende el mantenimiento del sistema de valores económicos, sociales y morales tradicionales, opuestos a cambios radicales en la sociedad. Qué coincidencia, cuántos planteamientos lopezobradoristas encajan en el conservadurismo.

El señor López Obrador es una —la más— figura pública, cuya seguridad agrega personal no es motivo

de voluntad. Frase que perdurará: “No seré poder de los poderes”.

Finalmente, lo requerido es que el poder sea ejercido. Al gobernante se le elige precisamente para ejercer el poder, éste se convierte en autoridad, no le corresponde consultar al pueblo las trascendentales decisiones y propias a su cargo del primer mandatario.

El clamor popular, percibido fielmente por López Obrador, pide cortar de tajo los abusos, la corrupción y la inseguridad, actitudes todas acompañadas de un rampante cinismo ofensivo. 53% emitió un ¡ya basta!, mismo que hoy significa ¡63%! Vaya responsabilidad y vaya oportunidad.

López Obrador tiene prisa, despacha, se anticipa, integra su gabinete e, incluso, solicita modificaciones legales a la presente administración a fin de deslindar la seguridad de la gobernación. Se avecinan cambios de forma y de fondo, pero cuidado con la ley del péndulo, promulgar una constitución moral traslapa límites e invade territorios ajenos.

¿Se establecerán códigos de conducta, de interacción familiar o social? ¿Cuáles serían las penalidades, multas y cárcel? Entendemos la ética como un pilar fundamental de la sociedad, pero la ley es la ley y ésta debe ser cumplida sin excepción. Hasta allí.

Es tiempo también de erradicar la pompa y circunstancia practicada por la élite que hasta hoy persiste en el poder, la cual ha llegado a lo grotesco. Gobernadores que a modo de virreyes han dispuesto en su beneficio sin cortapisas de los presupuestos estatales como si se tratara del domingo que generosamente les hizo llegar su “papi”.

Quedan impresas en nuestra mente las imágenes que permiten entrever el estilo personal de gobernar de López Obrador arrastrando por sí mismo su equipaje, avanzando en una estación de pasajeros, las cuales lo describen como una persona similar a las demás, sin prebendas ni concesiones propias de su recién nombramiento.

Lo dicho, el estilo personal del que entra difiere notoriamente del que sale, cuya familia por coincidencia fue captada en imágenes del mismo día, disfrutando de ill dolce farniente en sus veraniegas vacaciones parisinas.  Se confirma el refrán que ni tanto que queme al santo ni tanto que no lo alumbre.

López Obrador ha sabido aglutinar voluntades, con su ejemplo atrae conciencias. Cambiemos para bien, reconozcamos excesos.  La mira es cuesta arriba. Sobran ejemplos sexenales de quienes a punto estuvieron —o creyeron— asirse del Olimpo. No cambiar, no claudicar, no envanecerse, no ceder, no sucumbir a las tentaciones del poder.  Que esta vez lo logremos.

Analista

jrubi80@hotmail.com

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