Por la medalla de plata
Un alto costo adicional a considerar en la presente elección es el compartido desprestigio que afecta a toda la clase política; rojos, azules, verdes, marrones, naranjas, amarillos, turquesas, ninguno salva su plumaje
El 2 de julio, pasada la fiesta, habrá que hacer recuento de los gravosos quebrantos colaterales del concluido proceso, pudiendo hoy anticipar que éstos excederán todo precedente. A los miles de millones de pesos esfumados en torno al desarrollo de las elecciones, hemos de lamentar las más de 400 agresiones a políticos, precandidatos y candidatos, de los cuales 112 perdieron la vida. Adicionalmente, la acumulación de mutuas inculpaciones por corrupción prácticamente no ha dejado títere con cabeza.
Andrés Manuel López Obrador ha contemplado a plácida distancia la pugna por la medalla de plata entre Ricardo Anaya y José Antonio Meade, en la que ninguno ha cedido, ni cederá; su antagonismo es profundo. No obstante, Diego Fernández de Cevallos, asesor de Anaya, sugirió la opción de un acuerdo con el gobierno Federal y con el PRI para impedir el triunfo de AMLO. Misión imposible, para Anaya, Meade es un corrupto, cínico, sin calidad moral, en tanto para Meade, Anaya no es más que un vulgar ladrón.
Mención especial merece la denuncia del panista Ernesto Cordero, presidente de la Cámara de Senadores, con apoyo del PRI, ante la SEIDO, a escasas 2 semanas de las elecciones, contra el candidato presidencial de su propio partido, Ricardo Anaya, inculpándolo por falsedad en declaraciones y de ser beneficiario de una red de lavado de dinero que compró y vendió una nave industrial. Pregunto: ¿es posible no relacionar esta denuncia a título personal con el cargo de senador de la República que el aun panista ostenta? ¿es casual el numeroso grupo de reporteros presentes en el lugar y hora precisa de la denuncia? ¿tan urgente era presentar la querella justo ahora? ¿al indignado senador Cordero, por ejemplo, Odebrecht no le indigna? Alguna lealtad y reconocimiento le debe merecer el PAN a quien, apoyado en sus ideales, fue promovido para ocupar destacados cargos públicos.
El término corrupción ha sido una constante en las distintas intervenciones de los candidatos presidenciales, todos se han inculpado entre sí por ser corruptos y todos han prometido combatir a fondo la misma. Es más, terminar con la corrupción ha sido el estandarte y solución mágica de Andrés Manuel López Obrador para erradicar los distintos males que aquejan al país, algo así como un elixir que cura desde el pie de atleta hasta la migraña. El PRI, que algo sabe de corrupción, se le ha ido a la yugular a Ricardo Anaya precisamente por corrupto.
Anaya ha reaccionado creciéndose al castigo. El asunto pareció bajar de tono, sin embargo, el candidato Anaya, osado y temerario, amenazó que de llegar a la Presidencia investigaría todos los casos de corrupción del presente gobierno y que de proceder, incluyendo al Presidente de la República, habría pena de cárcel. Incluso en el pasado tercer debate, dirigiéndose al candidato Meade, Anaya sentenció: “Tú, José Antonio, y tu jefe, Enrique Peña Nieto, van a enfrentar a la justicia”. Obviamente, desafiar públicamente a un Presidente de la República conlleva la posibilidad de que éste reaccione, sin poder predecir cómo, cuándo y dónde.
Difícil comprender la estrategia —si hay alguna— de Ricardo Anaya, ya que su intención de ejercer determinadas represalias —en caso de ganar— contra funcionarios del actual régimen, lo menos prudente es anunciarlo, además ¿por qué amenazar con vendettas?
La Comisión Permanente del Congreso de la Unión aprobó antier, con carácter de urgente, un acuerdo para solicitar a la PGR reportar el avance de sus indagatorias en contra de Ricardo Anaya y el empresario Manuel Barreiro, así como acelerar las denuncias por posible enriquecimiento ilícito y operaciones inmobiliarias ilícitas. La coalición por México que respalda a Ricardo Anaya exigió sin éxito que igualmente se informe sobre el caso Odebrecht, la Estafa Maestra y sobre el financiamiento ilegal a la campaña de AMLO. Senadores del PRI a Ricardo Anaya: corrupto, mentiroso, ratero, traidor. ¿Alguno podría tirar la primera piedra?
El asunto PRI vs. Anaya escala arriesgadas proporciones; de descalificar a Anaya de las inminentes elecciones se podría incendiar Troya, se engendraría a un mártir del sistema, con el posible efecto búmeran en contra del aún partido oficial.
A estas alturas, lo conducente es que cada candidato concluya a tambor batiente sus respectivas campañas y permitir que sea el electorado quien se manifieste en las urnas.
Y todo por la medalla de plata.
Analista
