Experiencias populistas

Con apenas 46% —si acaso— de participación electoral, el populista Nicolás Maduro fue premiado con un nuevo mandato presidencial, hasta 2025

Venezuela alcanzará el presente año una hiperinflación, según el FMI, de alrededor de 13 mil 864%, con un PIB negativo del 15% y apenas 9 mil 346 dlls. de reservas; los hospitales y clínicas, desprovistos de medicamentos, ven morir cada día a más enfermos; la escasez de alimentos se agudiza; 84% de trabajadores formales ganan menos de dos salarios mínimos al mes, lo cual alcanza para un kilo de carne o de queso, no las dos cosas a la vez; Venezuela solía tener sobre 12 mil 700 empresas privadas, hoy quedan menos de 4 mil. En 2001, el gobierno poseía 74 corporaciones y ahora detenta 526, Hugo Chávez confiscó casi 1200 negocios en una década. La deuda calculada hacia compañías no indemnizadas ronda los 15 mil millones de dólares. Los ingresos petroleros —prácticamente, la única fuente de divisas— van en picada, la producción petrolera ha caído a la tercera parte, de 3.8 millones de barriles diarios en 1998 a 1.3 millones por día, en tanto que PDVSA, la empresa petrolera estatal, ha sido víctima de la rapiña de sus propios directivos. La violencia se ha desatado a inauditos niveles, en 2017 se produjeron 89 muertes violentas por cada 100 mil habitantes. La mayoría del centenar de presos políticos existentes permanece incomunicada en infames condiciones carcelarias. El éxodo de cabizbajos ciudadanos de a pie se apretuja en los distintos puestos fronterizos, se calcula que han emigrado 1 millón 622 mil personas entre 2015 y 2017. El grifo del financiamiento externo prácticamente se ha cerrado. La Asamblea Nacional, democráticamente electa, fue prácticamente anulada por decisión del Tribunal Superior de Justicia y suplantada por una espuria Asamblea Constituyente. Lo evidente no ha impedido que Nicolás Maduro sea reelecto —“votos o balas”— al frente del destino de Venezuela.

Los cuestionados comicios venezolanos del pasado domingo fueron desconocidos por los 14 integrantes del Grupo de Lima, dentro del cual, además de México, participan Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Perú y Santa Lucía, emitiendo un pronunciamiento conjunto, determinando llamar a consultas a sus respectivos embajadores en Caracas y convocar a los embajadores de Venezuela para formular su respectiva inconformidad. Igualmente, Estados Unidos elevó su protesta contra dicha farsa electoral, limitando la venta de deuda y activos públicos venezolanos en el territorio estadunidense. La Unión Europea, en específico España, estudia las medidas a aplicar en rechazo a la reelección de Nicolás Maduro, en la cual no se respetaron los mínimos estándares democráticos. Se agrega también la inconformidad del secretario General de la ONU. El mismísimo Parlamento venezolano, mayoritariamente opositor, desconoció los comicios del pasado domingo, declarando inexistente dicha elección. La reacción inmediata de Maduro fue declarar persona non grata al encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas, por conspirador. Obviamente, la experiencia vivida en regímenes populistas de América Latina, supuestos representantes del populo, es decir, de la persona común sobre las élites, ha sido su propensión al autoritarismo, prolongando usualmente los plazos de sus mandatos.

En México, el trauma del populismo de los tiempos de Luis Echeverría y José López Portillo perduran en la memora colectiva. Tiempos de verborrea, ocurrencias, improvisación, fideicomisos, visceralidad, inflación galopante, salida de capitales, devaluaciones, auge y contracción de precios petroleros, nacionalización bancaria, control de cambios, teniendo por epílogo una furtiva lágrima.

Por lo mismo, existen motivos por los cuales la factible elección de Andrés Manuel López Obrador avive inquietud y especulaciones. Lo conducente sería otorgar al candidato puntero el beneficio de la duda, evaluando sin prejuicios y a fondo sus propuestas de gobierno, pero para ello sería preciso claridad y contundencia en cada planteamiento, ¿cuál línea prevalecería, la de Romo o la del Taibo? No se trata de deshojar la margarita, López Obrador debe ser tajante, sin ambivalencias sobre temas como las reformas estructurales, principalmente la educativa y la energética, el NAICM, la factibilidad de cubrir las pensiones y becas ofrecidas en caso de que no ingresen al erario los 500 mil millones de pesos ahorrados en metálico porque se terminará con la corrupción, explicar los tiempos, mecanismos y costos para reubicar a la mayoría de las secretarías de Estado en distintos puntos del país y de manera preponderante precisar la relación y condiciones de su eventual gobierno con los empresarios.

Quedan 37 días para decidir nuestro futuro.

Analista

jrubi80@hotmail.com

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