El voto inútil

Un considerable grupo de electores no simpatizantes con Andrés Manuel López Obrador ha esperado la semana previa a los comicios del 1º de julio para decidir su voto útil a favor del candidato colocado en segundo lugar. A nueve días de enfrentar las urnas, Ricardo Anaya y José Antonio Meade, sin ceder, continúan enfrascados por el segundo sitio, jactándose ambos de haber desplazado a su adherido rival. Sin duda, alguno de ellos logrará ser segundo y finalmente se habrá ejercido el voto inútil

Entendemos que las encuestas no son definitivas y que únicamente representan a determinado segmento poblacional, sin embargo, resultaría por demás sorprendente que quien se alzara con el triunfo resultara ser un candidato distinto al que encabezó el proceso electoral de punta a punta.

El influyente diario The Washington Post dedicó días atrás una crítica editorial a Andrés Manuel López Obrador, asumiendo como creíbles los presuntos nexos de algunos colaboradores suyos con los gobiernos de Cuba y Venezuela. Considera la publicación que con AMLO, las ya de por sí envenenadas relaciones con Estados Unidos se tornarían aún más tóxicas. Por un lado, López Obrador muestra un discurso favorable al TLCAN y, por otro, amaga con recortar el comercio bilateral, principalmente en productos agrícolas y en energía, asimismo anuncia que revisará la inversión extranjera en el sector petrolero, a la vez que cancelará la Reforma Educativa, la cual desactivó al Sindicato de Maestros. El rotativo califica a López Obrador de reaccionario, como una regresión al estatismo de los 70s, o peor aún, al catastrófico Socialismo del Siglo XXI de Venezuela. Prevalece la inquietud de que a la hora de la verdad, AMLO acudiría a su equipo duro, revirtiendo reformas, alterando la relación con Estados Unidos y forjando alianzas con enemigos de dicha potencia. La exembajadora, Roberta Jacobson, declaró con respecto a López Obrador: “Honestamente, no sabemos qué esperar”.

La intranquilidad se manifiesta en Los Pinos, Enrique Peña, quien ya se había referido a las políticas populistas irresponsables, advirtió antier que el voto a emitir incidirá en el rumbo de México por las próximas dos décadas, exhortando a continuar la ruta de crecimiento y de oportunidades para las nuevas generaciones de mexicanos.

Precisamente por eso, sería primordial que la Presidencia de la República recayera en un representante popular que obtuviera como mínimo 50% + 1 de los votos electorales. México es uno de los cinco países en América Latina en que no existe la segunda vuelta electoral, jornada que se realiza cuando en una elección ningún candidato alcanza una mayoría absoluta. Recordemos que en 2015, Manlio Fabio Beltrones, entonces presidente del PRI, se opuso a la iniciativa del PAN para implantar la segunda vuelta electoral en nuestro país, pronunciándose a favor de los gobiernos de coalición, mismos que contribuyen a legitimar a regímenes que se impusieron por estrecho margen sin alcanzar mayoría. No obstante, en 2016, el mismo Beltrones, ya como expresidente del PRI, junto con otros expertos en la materia, como Diego Fernández de Cevallos y José Woldenberg, coincidieron en la viabilidad de establecer la segunda vuelta y, desde luego, enfatizando en la convivencia de establecer gobiernos de coalición. La opinión al respecto del presidente Enrique Peña Nieto ha sido que la segunda vuelta en México no es prudente porque constituiría mayorías ficticias.

Ha prevalecido la interrogante sobre lo que sucedería en este 2018, de repetirse un ajustado triunfo similar al de Felipe Calderón en 2006, sin embargo, de acuerdo con las distintas encuestas al respecto, creemos que la distancia entre el primer sitio con el segundo será amplia y convincente, es más, no podemos descartar el probable escenario de que el triunfador alcance mayoría absoluta, con la también posible mayoría en el Congreso, lo cual significaría una reconfiguración de fuerzas  en ambas Cámaras, otorgando un suprapoder al Ejecutivo, equivalente al de las épocas doradas del PRI. La apropiada correlación de fuerzas entre poderes opera como dique que retiene excesos, ocurrencias y caprichos de una sola persona. Se requiere de un contrapeso legislativo que acredite la soberanía del pueblo, es decir, la democracia. La presente elección es determinante, se avizoran cambios no acotados, la inquietud se justifica, los partidos derrotados encararán su propia subsistencia, la clase política afrontará su propia renovación.

De confirmarse los vaticinios electorales, ¿sobrevivirán como tales PRI, PAN y PRD, o la desbandada de busca huesos les darán el tiro de gracia?

Coincido en tratar de evitar la concentración del poder absoluto en una sola persona cuya fuerza política tenga mayoría en el Congreso.

Analista

jrubi80@hotmail.com

Temas: