Creer y querer creer
Prolongados cinco meses en los cuales el Presidente saliente no termina de salir y el entrante no termina de entrar. Aun así, hoy, el mañana del ayer al que tantos temían, se presenta alentador, la esperanza cubre a quienes creen en Andrés Manuel López Obrador, incluyendo a los que, aunque sea por conveniencia, en él quieren creer
El López Obrador poselectoral se conduce con una pertinente actitud moderada, conciliadora, sin resentimientos, deseoso de pasar a la historia, en la que será la cuarta transformación del país, como un buen Presidente, inspirado en Juárez, Madero y Cárdenas. Extendiendo dicha aspiración a nivel continental, bien podría encajar un personaje favorito de nuestro tiempo, el expresidente uruguayo —2010 a 2015— Pepe Mujica, el tupamaro antisistema que luego de ser excarcelado fundó el Movimiento de Participación Popular, mismo que lo encumbró a la primera magistratura: “Soy un campesino en mi manera de pensar, de ver la vida y la naturaleza”. Informal y campechano, habitante hasta la fecha de una humilde chacra en una zona rural de Montevideo, conocido como el Presidente más pobre del mundo, Mujica desde el poder combatió la inequidad e impulsó medidas determinantes y atrevidas en beneficio de las clases populares. Sostiene Pepe Mujica que la felicidad no es conseguir dinero, “a los que les gusta mucho la plata hay que correrlos de la política, porque si no terminamos hipotecando la confianza de la gente… yo vivo en términos generales como vivía antes de ser Presidente, vivía así y sigo viviendo de la misma manera”. Lamentando Mujica que el mundo esté más rico y egoísta, reitera que mientras viva seguirá utilizando su viejo Volkswagen Fusca.
Somos muchos quienes queremos creer qué sustantivas propuestas del próximo gobierno tienen pies y cabeza, sin embargo, en tanto los números y la lógica no cuadren con tales proyectos por más verbo que se le eche, las dudas persisten. Veamos algunas situaciones:
Resulta incongruente que absolutos neófitos en la materia decidan mediante consulta pública la continuidad de la avanzada obra de infraestructura aeroportuaria más ambiciosa de nuestra historia, cuyo proyecto superó las más exigentes pruebas técnicas y en el cual se han invertido miles de millones de pesos y comprometidos otros más. Y si el resultado de la consulta fuera en contra del NAICM, ¿nos rajamos?, ¿y lo ya invertido, y lo comprometido, y el prestigio de México?
El recorte de sueldos y prestaciones mediante el cual ningún funcionario público gane más de los 108 mil 248 pesos mensuales que percibirá el próximo Presidente, suena bonito, pero en la práctica afectará a 34 mil 559 funcionarios públicos que reciben una remuneración mayor —el salario base mensual de los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es de 651 mil 741 pesos mensual— y que seguramente no se resignarán a verse afectados por decreto, migrando algunos hacia la iniciativa privada. La deserción de funcionarios competentes estará a la orden del día, además por la renuencia a reubicarse en sitios distantes de la CDMX. Si pagas cacahuates, tendrás monos.
Con el propósito de combatir la corrupción y maraña burocrática, López Obrador plantea sustituir las delegaciones federales en los estados, nombrando a 32 coordinadores estatales de Programas de Desarrollo. También suena bonito, pero en el día a día dichos coordinadores fungirían como virreyes, como cuña de la federación, como autoridad intermedia que velaría por intereses partidarios, a la vez que promoverían sus personales candidaturas a la gubernatura de la entidad correspondiente.
La reubicación de la mayor parte de las secretarías de Estado y dependencias federales en distintos estados de la República propuestas por AMLO genera inquietud y confusión a los miles de servidores públicos afectados que de un día para otro habrán de modificar drásticamente su hábitat. Dejar de repente un modo de vida, familia, amigos, casa, escuelas de hijos, compromisos económicos, actividades deportivas y recreativas, calles, avenidas, edificios, el entorno de toda una vida, para por ejemplo, trasladarse a Chetumal o Ciudad Obregón o Chilpancingo o Tijuana, y reubicarse, desde buscar vivienda, escuelas, etcétera. ¿Y los costos, y el desprendimiento emocional? Obvio, abundarán los inmuebles en renta en la CDMX y se verán afectados los negocios y negocitos instalados en el perímetro de las distintas dependencias desalojadas.
Los cambios anunciados provienen de las mejores intenciones, pero en ocasiones la canija realidad se interpone con justificadas razones. Precisamente, un buen Presidente es aquel que escucha, razona y de ser necesario rectifica, no el que se siente infalible, dueño de la verdad y sólo hace tronar sus chicharrones.
Analista
