El peso del peso
Historia recurrente. Nuestra fortaleza y solidez económica, nuestra moneda no pocas veces llamada superpeso, nos han colocado en el pináculo de países atractivos a la inversión, cuando de repente, ¡zas!, “factores externos ajenos a nuestro control” desvalorizan nuestra divisa frente al dólar.
Históricamente apostarle al peso frente al dólar no ha resultado redituable. El peso mexicano, de 1821 a 1875, tuvo más valor que el dólar. La paridad entre ambas monedas en 1900 era de 2.060 pesos por dólar. De 1955 a 1976 la paridad se mantuvo fija en 12.50 pesos por dólar. Hoy se canjean 2059.73 pesos —en 1993 se le suprimieron 3 ceros al peso— por un dólar.
Al de por sí complicado panorama económico, aunado al factor Trump, súbitamente ha de agregarse la sorpresiva renuncia de Agustín Carstens, principal responsable del Banco de México. En cierta manera, Carstens ha significado un estabilizador económico independiente, cuya aureola de ortodoxia y sensatez en la materia es ampliamente reconocida. Carstens, afecto a utilizar aforisimos para abordar impactos económicos, tales como catarritos, pulmonías o huracanes, fue tajante en su pronóstico del tiempo: con Trump se avecina una intensa tormenta. Es en esta coyuntura en que Agustín Carstens, apenas reelecto en 2016 por un nuevo periodo de cinco años al frente del Banxico, sin decir agua va, decidió bajarse de la embarcación, para convertirse en gerente del Banco de Pagos Internacionales, en Basilea, Suiza, haciendo efectiva su renuncia el 1 de julio próximo. ¿Es equiparable una promoción personal en el extranjero frente al cometido de salvaguardar la política económica de México en tiempos de inédita tempestad?
Ante la caída de precios del petróleo, el precio internacional de la gasolina se fue ajustando a la baja, mientras que en México cada mes se indexó el precio del hidrocarburo. Ahora, cuando se han recuperado parcialmente las cotizaciones del petróleo, México liberará los precios de la gasolina a partir del inminente 2017, los cuales fluctuarán dependiendo el día, la hora y la estación de servicio. Se estima que el precio por litro de gasolina podría elevarse sobre 15 por ciento. O sea, baje o suba el petróleo, a nosotros nos cuesta más la gasolina. El impacto inflacionario por el alza de gasolinas será rotundo e inmediato.
La calificadora Fitch tiene en luz amarilla la nota sobre México, debido a factores como la alta deuda pública, el bajo crecimiento económico y el factor Trump. Nuestro país intenta convencer a la inversión pagando mayores tasas de interés. La actual calificación de México tanto por parte de Fitch como de Standard & Poors es de BBB+, a su vez Moodys nos coloca en el nivel A3. El promedio de crecimiento nacional en los últimos cinco años ha sido de 2.4%, lejano al promedio de 3.1% de los países con que compartimos la nota BBB+. Fitch estima que la deuda pública del país para finales de 2017 significará 47% del PIB, siendo 40.3% la medianía en nuestro rango. De concretarse la baja insinuada por las calificadoras, las tasas a pagar podrían elevarse hasta 7.5 u 8%, el costo de la deuda tanto pública como privada subiría y el tipo de cambio se vería fuertemente presionado. La inflación anual para 2017 quedará cercana a cinco por ciento. El peso presenta el peor desempeño entre divisas de mercados emergentes en 2016, habiendo caído a finales de noviembre 16.6% frente al dólar.
La voz del vaso medio lleno, a cargo de la subsecretaria de Hacienda, Vanessa Rubio, asegura que a partir de 2017 la deuda pública iniciará su descenso y México tendrá sólidos fundamentos macroeconómicos, continuando como atractivo destino para la inversión y los negocios, pese al adverso entorno internacional. México crece a tasas superiores a 2%, en tanto el sector industrial estadunidense decrece uno por ciento y el promedio en las economías de América Latina es de menos 0.8 por ciento. El empleo en México en cuatro años ha crecido en 2.6 millones de puestos, la base tributaria se ha incrementado en más de 16 millones y además hoy somos menos dependientes del petróleo, mismo que el pasado año representó 40% del presupuesto y hoy significa menos del 15 por ciento. “México se ve como un país sólido, estable, donde invertir es un buen negocio”.
Lo cierto y por el motivo que sea, culpa nuestra, del exterior o del Espíritu Santo, nuestro destino como país y en lo individual, parece ser el ver resbalar nuestra moneda frente al dólar, junto con nuestras aspiraciones patrimoniales. ¿Habrá manera de revertir tan aciaga tendencia?
