Las lecciones llegan desde Italia y desde el Tour

Señoras y señores, es difícil escribir sobre cualquier otro tema después de un Mundial como el que acabamos de vivir. Durante poco más de un mes, el futbol fue el centro del planeta. Hubo selecciones que confirmaron su jerarquía, otras que decepcionaron, revelaciones inesperadas, polémicas arbitrales, grandes actuaciones individuales y lecciones tácticas para analizar. Estos torneos tienen esa capacidad: detienen el mundo por unas semanas y, cuando terminan, el interés colectivo se desvanece rápidamente, hasta quedar como un suspiro para quienes lo vivieron y disfrutaron. 

En México ocurrió exactamente eso. Apenas eliminaron a la selección, el Mundial pareció dejar de importar y la conversación cambió hacia el inicio de Liga MX. Y ése es uno de los grandes problemas de nuestro futbol: consumimos el espectáculo, pero rara vez analizamos las razones del éxito de quienes llegan hasta el final.

Cada Copa del Mundo deja enseñanzas. Basta observar cómo trabajan los equipos campeones y los que pelean el título: la planificación durante cuatro años, la estabilidad de sus proyectos, la preparación física, el análisis de los rivales, la fortaleza mental de los jugadores y la capacidad de los entrenadores para adaptarse a cada partido. El Mundial no sólo sirve para emocionarse con los goles o celebrar al campeón; es una auténtica universidad del futbol para quien quiera aprender.

Mientras las grandes potencias ya piensan en el siguiente ciclo mundialista, en México todo volvió a la normalidad. Comenzó un nuevo torneo con pocas novedades, sin fichajes de impacto y con los mismos clubes llamados a disputar el campeonato. La ilusión de que varios jóvenes mexicanos dieran el salto al futbol europeo tampoco se materializó.

Sin embargo, la noticia más preocupante pasó casi inadvertida. La FMF hizo oficial la desaparición del ascenso y descenso. Ningún club de la Liga MX perderá la categoría y ningún equipo de la Liga de Expansión podrá ganarse un lugar en Primera División.

La decisión representa un golpe muy duro para la competitividad. Sin el riesgo de descender, desaparece la presión para los equipos de los últimos lugares de la tabla. Y, al mismo tiempo, se acaba el mayor incentivo para los clubes de expansión: competir para subir a la máxima categoría. Las mejores ligas del mundo se sostienen sobre un principio: los mejores son premiados y los peores, castigados. Esa exigencia obliga a invertir mejor, formar jugadores, contratar con inteligencia y competir hasta la última jornada. Cuando ese principio desaparece, la mediocridad es una constante. Si el Mundial debía servir para aprender, el futbol mexicano ha decidido, una vez más, ignorar la lección.

Por otro lado, Italia, una de las grandes potencias históricas del futbol, atraviesa una crisis muy profunda: acumula tres Copas del Mundo consecutivas sin clasificar. Un fracaso impensable para un país tetracampeón del torneo más importante del futbol. Paradójicamente, la Serie A continúa siendo una de las ligas con mayor inversión en futbolistas extranjeros y con clubes que compiten en la élite europea, pero ese poder económico no se ha traducido en una selección competitiva.

Consciente del problema, la Federación Italiana de Futbol decidió iniciar una reconstrucción desde los cimientos. Nombró a Paolo Maldini como director técnico, con la responsabilidad de redefinir la identidad futbolística del país, supervisar todas las categorías nacionales, fortalecer el desarrollo de jóvenes talentos y crear una nueva estructura de detección y formación de jugadores. Buscan devolver a Italia el lugar que históricamente ocupó entre las grandes potencias del futbol mundial.

El sueño de Maldini es tener a Pep Guardiola al mando de la selección y liderar una transformación profunda como lo hace con los equipos que dirige. Su contratación supondría un esfuerzo económico importante para una federación que no atraviesa su mejor momento financiero.

Ha pasado casi desapercibido lo que está logrando Isaac del Toro en el Tour de Francia, el escenario más prestigioso y exigente del ciclismo mundial. El joven mexicano no sólo ha brillado con actuaciones memorables y victorias de etapa, sino que se ha consolidado como una de las grandes revelaciones de la carrera en su debut, compitiendo con la élite de este deporte.

Del Toro ha trabajado con disciplina y generosidad para proteger al líder del UAE Team Emirates-XRG, el esloveno Tadej Pogačar, considerado el mejor ciclista del mundo y comparado por muchos con el legendario Eddy Merckx por su dominio en las grandes vueltas. Incluso, en una de las etapas de montaña, Isaac llegó a sacrificarse para evitar una caída de su líder, una muestra de su madurez y compromiso. Pogačar, en respuesta, llegó incluso a ayudar al mexicano en un final de etapa, un gesto poco habitual tratándose del líder.

Competir en el Tour de Francia significa hacerlo al máximo nivel de un deporte construido sobre el sacrificio, la resistencia y la fortaleza mental. Isaac ya demuestra que pertenece a ese grupo selecto. Vestir el maillot blanco de mejor joven durante buena parte de la prueba y pelear por los puestos de honor confirma que México tiene, quizá, al ciclista con mayor proyección de su historia reciente.