Cambio generacional
Así como hace unas semanas escribí aquí sobre la relevancia de la participación de las mujeres en los espacios de representación popular, el otro tema a tratar es la necesidad de un cambio generacional en el mismo ámbito. La convicción de quien esto escribe es que la edad no significa mayor o menor inteligencia, ni capacidades. No obstante, muchas veces,se impone la idea de que, a mayor edad, mayores son los conocimientos y las capacidades para enfrentar problemas.
En México, la población de 0 a 25 años de edad es del 46%, de los 25 a los 54 años el 40.4%, mientras que, de 55 años en adelante, representa un 13.6 por ciento. De los 123 millones de mexicanos, casi el 60% de la población económicamente activa es menor de 55 años (la edad promedio es de 38 años).
Somos un país de jóvenes, con una pirámide poblacional sana. Pero también hay un dato que puede tener dos lecturas: en el comparativo mundial, el índice de desempleo juvenil en México es de 9.4%, frente a países como España donde es del 53.2%, o de Sudáfrica donde representa un 55 por ciento. Es decir, el dato de desempleo podría parecer un alivio, pero también significa que se trata de jóvenes que se ven obligados a dejar la educación para cubrir necesidades económicas. Esto viene a cuento, debido a que el poder político ha sufrido un cambio generacional, que se ha hecho patente en algunos nombramientos sobre los que merece la pena reflexionar.
El más reciente ha sido la designación de Roberto Gil Zuarth como presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República. Es un joven de 37 años, que ha tenido una carrera política meteórica y que ha acreditado, en todas las posiciones por las que ha pasado, que tiene amplias capacidades y sentido de responsabilidad. A diferencia de otros políticos jóvenes, que deben su escaño al parentesco, Gil Zuarth no le debe su posición a nadie. Él cuenta con méritos y talento propios que le han hecho tejer acuerdos importantísimos en el Senado de la República.
Otro caso interesante es el de Ricardo Anaya, nuevo presidente del PAN. Aunque se le ha criticado su estrepitoso crecimiento a la sombra de Gustavo Madero, lo cierto es que ha demostrado habilidades políticas que le han otorgado reconocimiento y respeto, no sólo frente a sus correligionarios de partido, sino también frente a las dirigencias de otros partidos e, incluso, hasta del propio gobierno federal.
Es claro que subsiste la duda de si Anaya logrará emanciparse de la relación con su exjefe y mentor Gustavo Madero. Esto, sin embargo, es algo que se irá despejando con el tiempo. De hecho, ya existe la primera muestra de eso al haber colocado —en el ejercicio de sus atribuciones— como líder de su bancada en la Cámara de Diputados a Marko Cortés Mendoza.
Pero, para no acaparar sólo el tema del PAN, merece la pena mencionar también la disputa que existe por la dirigencia del PRD. Se nota el ánimo de imponer el establishment de Los Chuchos, que pretenden catapultar a alguien como Agustín Basave, quien, por cierto, no tiene ningún tipo de raíz con ese partido y, hasta cierto punto, es un político desgastado. Asombra esa propuesta, ya que, además, se trata de un hombre que nunca ha tenido vínculo con el principal partido de izquierda a nivel nacional, sin por ello demeritar sus amplios conocimientos y capacidades políticas.
Afortunadamente, destacan dos propuestas que sí cumplen con ese mínimo de pertenencia con la izquierda y, concretamente, con el PRD: Fernando Belaunzarán y Armando Ríos Piter. Es claro que existe una gran desproporción entre las cualidades de uno y otro, toda vez que, mientras el primero siempre ha fungido como una actor secundario a la sombra de Los Chuchos, Ríos Piter ha tenido una carrera política también meteórica, aunque no por ello, meritoria. El dato que, sin embargo, lo convierte en la mejor propuesta para dirigir al sol azteca, y que podría convertirse en 2018 en el contrapeso de Morena, fue su sensata renuncia a la candidatura a gobernador por el estado de Guerrero.
Por último, no podemos dejar de referir algunos de los últimos nombramientos del presidente Peña Nieto. Y vale la pena hacer una mención especial sobre el lanzamiento de Aurelio Nuño Mayer, quien, hasta hace unos días, había ejercido un papel de mucho poder, aunque siempre tras bambalinas. Es del dominio público que Nuño no sólo goza de la máxima confianza del primer mandatario y que, también, su nombramiento tiene un claro mensaje de cara a la sucesión presidencial. Esto se debe a que se le ha otorgado la cartera más compleja de administrar, hablando en términos políticos, y que constituye uno de los pendientes más importantes de la actual administración.
De todo lo anterior, se puede concluir que existe un aire fresco en la política nacional, con nombres y apellidos, y en los que también están fincadas muchas esperanzas de jóvenes que necesitan oír hablar un lenguaje político incluyente, así como otras formas de hacer y concebir la política. Se trata de enormes oportunidades para todos los ya mencionados, pero también de un altísimo riesgo, en caso de que demuestren no contar con la madurez política necesaria, pues implicaría una carrera política fugaz que, seguramente, acabaría en el olvido.
