La era de la alternancia
El pasado 7 de junio, la sociedad mexicana confirmó que ha alcanzado la madurez democrática y está por encima del sistema de partidos y quienes los representan. En 1989 se dio el primer resultado electoral de alternancia en la elección de Baja California, con el triunfo de Ernesto Ruffo Appel. En 1995, siguió el Estado de Guanajuato, cuando eligieron como gobernador constitucional a Vicente Fox Quezada; en 1997, en la primera elección de la capital del país, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano fue electo Jefe de Gobierno del Distrito Federal; en el año 2000 se dio la alternancia política y Vicente Fox se convirtió en el primer Presidente de la República, proveniente de la oposición política.
A partir de las muestras de ser una sociedad civil organizada, y con un marcado ánimo de cambio, la alternancia ha dejado de ser una novedad para convertirse en un factor fundamental de la normalidad democrática. En las elecciones del domingo pasado, la voluntad ciudadana, en cinco de siete estados de la República, se ha pronunciado por la alternancia política. Guerrero, Michoacán, Querétaro, Sonora y Nuevo León han rechazado seguir siendo gobernados por la misma fuerza política, depositando su confianza en un partido político que antes ya los había gobernado (cambios del PRI al PAN, del PAN al PRI o del PRI al PRD y viceversa).
Esto nos dice que el electorado regional ahora es mucho más sofisticado de lo que asumen, incluso, los gobernantes y los partidos políticos. También indica el empoderamiento de los electores ante hechos políticos que indignan a la sociedad y que, automáticamente, deciden ejercer en el voto una medida de castigo. Así, por ejemplo, ocurrió en el caso de Sonora que hace seis años le retiró la confianza al PRI, lo cual se atribuyó a un voto de castigo, debido a la negligencia mostrada en el caso de la tragedia ocurrida en la guardería ABC, en Hermosillo. También llaman la atención los casos de Guerrero y Michoacán, en donde el castigo de la sociedad fue suscitado debido al clima de inseguridad que se generó durante los seis años en que gobernaron los partidos salientes (PRD y PRI, respectivamente).
Pero, sin lugar a dudas, la mayor muestra del poder del voto, que ha engendrado una gran sorpresa para muchos, ocurrió con la victoria de Jaime Rodríguez Calderón, El Bronco, en Nuevo León. Se trata de un triunfo significativo, tomando en cuenta que tuvo una diferencia de más de 25 puntos porcentuales, respecto a su contrincante más cercana, Ivonne Álvarez, del PRI. Pero, además, debido a que los partidos políticos que aprobaron las normas que regulan las candidaturas independientes, actuaron como juez y parte, generando un esquema inequitativo, que hacía casi imposible que los independientes pudieran alcanzar una victoria.
¿Qué nos dice esto? Que mientras los partidos políticos no acusen de recibido los reclamos de hartazgo a sus abusos, corrupción, irresponsabilidades e incompetencias, los electores aprovecharán para debilitar el sistema de partidos y, así, generar fórmulas directas como medio de acceso al poder. Asimismo, que los ciudadanos siguen apostando por la institucionalidad, explorando nuevas fórmulas que generen mayor competitividad política, y en condiciones más equitativas.
Es esperable que, a partir de esta muestra de progresividad democrática, los partidos políticos y sus dirigentes, busquen realizar nuevas reformas electorales para bloquearles a los independientes el acceso al poder político. No escapa a este análisis el factor de competitividad política que, en diversas partes del país, se está viviendo en el cómputo de los resultados.
Llama la atención lo que ocurre en Colima, con una diferencia de sólo 544 votos (aproximadamente 0.3 por ciento) que favorecen al PRI frente al PAN. Sería bueno que, así como en el año 2006 el PAN le exigió a la coalición encabezada por el PRD adoptar una actitud democrática y asumiera su derrota, hoy el PAN, representado por Jorge Luis Preciado, procediera idéntico. No obstante, la vandálica actitud del senador con licencia ha sido desproporcionada. Se tienen noticias de que, en este periodo ha llegado, incluso, a amenazar a las autoridades electorales a través de las redes sociales, si es que no revierten los resultados a su favor.
Debe quedar para todos claro que hemos construido un sistema electoral en el que, por más cerrados y competidos que sean los resultados electorales, con un voto más que sea válido, se puede y se debe ganar una elección. A pesar del desconocimiento de esos principios democráticos, por parte de los partidos políticos y sus élites, ése es el mensaje que, desde hace tiempo, mandata un votante empoderado y que, también, esas son las reglas que deben imperar ahora, en la era de la alternancia.
