Derecho al descanso

Nuestra sociedad no tiene asimilado el derecho al descanso como lo que es: el goce de un derecho legítimo e irrenunciable.

Al igual que yo, seguramente varios de los lectores de este artículo se encuentran en días de asueto o periodo vacacional. Conforme a la Ley Federal del Trabajo, se reconocen escasos 9 días de descanso obligatorio; la realidad es que existen varios más que la sociedad reconoce. Los días oficiales son: 1° de enero; 5 de febrero; 21 de marzo; 1° de mayo; 5 de mayo; 16 de septiembre; 2 de noviembre; 20 de noviembre y 25 de diciembre.

Países como Japón cuentan con 16 días festivos al año, España con 14, Brasil con 11 y Finlandia con 10. El problema no sólo radica en el número de días festivos y de asueto, sino en el concepto que tiene cada país del respeto al tiempo libre y privado de las personas que se encuentra en el goce de los mismos.

No se trata, como a veces nos lo pretende hacer ver el empleador o patrón, de un lujo o concesión especial, sino de un derecho fundamental. Así está previsto en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948), que establece que “toda persona tiene derecho al descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas”.

Sin embargo, nuestra sociedad no tiene asimilado el derecho al descanso como lo que es: el goce de un derecho legítimo e irrenunciable. Por el contrario, somos parte de una sociedad que, muchas veces, le otorga al descanso y al tiempo libre una connotación negativa que se traduce en que quien no trabaja está poco comprometido con el deber. Por lo mismo, tanto en el sector público como en el privado, generalmente se premia a quien renuncia a este derecho, a quien dice no requerirlo o a quien voluntariamente admite que ese derecho puede ser interrumpido al mínimo pretexto.

En ese sentido, contamos con leyes que contravienen ese derecho universal y que no reconocen un periodo razonable de descanso. Ejemplo de ello es que mientras nuestra ley laboral otorga 6 días de vacaciones por año (después de un periodo mínimo de un año laborado), con la posibilidad de obtener dos días adicionales por cada año de antigüedad, hasta llegar a un máximo de 12 días, países como los antes citados conciben los periodos vacacionales en un promedio de 30 días por año.

El resultado de esa concepción tacaña del descanso, al menos en nuestro caso, es una clase “productiva” no tan provechosa, toda vez que, al no ser factible un periodo de vacaciones generoso, lo que generalmente produce es una clase laboral permanentemente cansada y harta de su lugar de trabajo. Lo cual, evidentemente, afecta la productividad laboral y, sobre todo, la satisfacción en el empleo como un elemento más —y no el único— de la esfera de la persona para lograr un equilibrio necesario con la vida privada y familiar.

Resulta inconcebible en nuestra realidad social, que podamos llegar a alcanzar una costumbre como sucede en España con el llamado periodo de veraneo. Es decir: un mes completo donde la gente cierra sus actividades profesionales —con goce de sueldo— y les permite organizar unas vacaciones largas, con el fin de recuperar espacios de convivencia vitales con la familia, y que, sin duda, mejoran la calidad de vida de las personas. Por el contrario, nuestros periodos vacacionales son cortos y siempre con el reclamo de que mientras nos ausentamos del espacio laboral, alguien deberá seguir cumpliendo con nuestras responsabilidades.

Adicionalmente a todo esto, en nada contribuyen las nuevas tecnologías que obligan a la persona a estar permanentemente conectada a través del teléfono celular y de los mensajes electrónicos, pues se convierte en una falta grave el no contestar a los mismos. Así pues, insisto: quien no está localizable a las horas que el jefe mande, resulta ser un flojo o un desobligado.

Por todo lo anterior, al igual que muchísimos mexicanos, mientras estoy escribiendo esta columna, sigo recibiendo múltiples mensajes y llamadas sobre temas laborales, aun sabiendo todos ellos que me encuentro en un periodo vacacional. En consecuencia, dejo esta columna hasta aquí debido a que, al igual que todos ustedes, tengo derecho al descanso.

                *Abogado y extitular de la Fepade

                jl_var@yahoo.com

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