La merienda

Quién no recuerda con nostalgia la canción del niño de La merienda de CriCri, la cual dice: “Hay mamá mira a esta María siempre trae la leche muy fría, yo así no la quiero tomar, que la vuelva a calentar…”. Esa es la actitud de los partidos políticos frente a ...

Quién no recuerda con nostalgia la canción del niño de La merienda de Cri-Cri, la cual dice: “Hay mamá mira a esta María siempre trae la leche muy fría,

yo así no la quiero tomar,

que la vuelva a calentar…”.

Esa es la actitud de los partidos políticos frente a la decisión que hizo el Instituto Nacional de Electoral (INE) al nombrar a las personas que integrarán los Organismos Públicos Locales en Materia Electoral (OPL).

Resulta irrisorio y a la vez preocupante oír el embate político que el PAN y el PRD hoy han emprendido en contra de los consejeros del INE, por no compartir los nombres que finalmente fueron seleccionados para integrar los 18 consejos locales de las entidades que celebrarán procesos electorales el próximo años.

Es más, resulta cínico el reclamo al evidenciar que la inconformidad radica en no atender a la expectativa de cuotas con la que cada partido esperaba contar. Cuando la supuesta lógica que tuvo la fiebre de reformas en la materia para los hoy quejosos, era dotar de mayor grado de autonomía a los órganos electorales locales.

Ello a partir de una serie de generalizaciones que consistieron en afirmar que los congresos locales de las entidades del país estaban siempre controlados por los respectivos gobernadores, motivo por el cual claramente se favorecían los intereses del partido gobernante en los procesos electorales locales.

En consecuencia, durante el proceso de discusión de la Reforma Electoral, fueron precisamente el PAN y el PRD quienes impusieron la condición de quitarle a los estados esa potestad de decidir sobre la integración de las autoridades electorales locales, para que fuera desde el centro donde se resolvieran esas cuestiones. Ello sin importar que se desdibujara el sistema de federalismo que venía funcionando adecuadamente en el sistema electoral, al confundir los ámbitos de atribuciones de lo local y federal, así como generar un sistema que no es más que una melcocha sin pies ni cabeza.

No obstante que se hizo la voluntad que exigieron los partidos melindrosos, una vez estrenado el proceso de designación, hoy son ellos mismos quienes le echan la bronca al INE, al no gustarles los nombres que compondrán los nuevos OPL.

Para llegar a esos nombres, previamente el INE emitió lineamiento que establecieron el proceso de forma clara y transparente; integró una Comisión del Consejo General para tal efecto; emitió una convocatoria que establecía los requisitos por cumplir; acreditó el cumplimiento de esos requisitos de 3 mil 461 ciudadanos; hizo un examen escrito que fue evaluado por el Ceneval; redujo a una lista de los 900 mejor evaluados y les practicó un examen tipo ensayo; realizó entrevistas a un promedio de 20 aspirantes por entidad (360); cuidó en todo momento que existiera un criterio de paridad de género durante el concurso y,  finalmente, eligió a los 128 nombres por entidad que integrarán los 18 organismos públicos locales. Por si todo lo anterior no fuera suficiente, las designaciones se tomaron por una mayoría calificada de los miembros del Consejo General del INE (ocho de 11) y prácticamente en su totalidad fueron votaciones unánimes.

Después de esa cantidad de pasos que realizó el INE para hacer transparente y objetivo el proceso de selección, los partidos políticos patalean y manifiestan su malestar por “no quedar los suyos” y sí, en cambio, los de los otros.

Lo anterior, revela la poca vocación democrática de los partidos políticos por constituir órganos auténticamente independientes e imparciales, como lo hemos visto en ese burdo cuotismo que se ha dado por todas las designaciones recientes que han pasado por el Congreso de la Unión. También evidencia que el propósito de la Reforma Electoral no es otro que buscar invertir las parcialidades a favor de unos y en contra de otros.

Con ello nuevamente se merma la legitimidad de origen de los órganos electorales nacientes y, por lo tanto, es previsible que en breve tiempo los inconformes aleguen nuevas fallas graves en la democracia y se vuelva a remendar el ya muy manoseado sistema electoral. En otras palabras, que como la canción de La merienda de Cri-Cri, al no gustarles de nueva cuenta su Reforma Electoral, habrá que pedirle a María: “que la vuelvan a calentar…”.

                *Abogado y extitular de la Fepade

                jl_var@yahoo.com

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