Tiempos políticos
Existe una premura de sacar pronto lo político para poder empezar a hablar en serio del gas y el petróleo.
El tiempo político es escaso y apremia para sacar las reformas constitucionales y legales en curso. Ha sido sumamente intensa y ambiciosa la agenda política que han marcado el Ejecutivo federal y los partidos, lo cual probablemente no hubiera sido posible de desahogar con la velocidad que se ha hecho si no fuera por ese espacio de negociación que ha sido el Pacto por México.
He señalado en otras ocasiones que no me entusiasma la idea de tener que inventar espacios de decisión no institucionales, cuando existen órganos constitucionales diseñados para procesar y tomar esas decisiones. Sin embargo hay que reconocer que sin este espacio de negociación cupular creado ex profeso, no había condiciones para avanzar por la vía institucional en una agenda política y de transformaciones tan ambiciosa.
Hay que reconocer una capacidad de diálogo y perspectiva de Estado, no sólo del gobierno federal, sino de todos aquellos miembros de los otros partidos que componen dicho pacto. Estrictamente no es rentable desde la oposición abanderar y suscribir acuerdos con quien en ese momento gobierna. De ahí que los presidentes nacionales del PAN y del PRD hayan tenido que vivir estos últimos meses boicots permanentes de quienes de manera mezquina buscan cualquier pretexto para ocupar sus lugares.
En los 11 meses del actual sexenio se han logrado reformas estructurales a una velocidad impensable. Reformas como la laboral, en telecomunicaciones y competencia, en materia educativa (y la complejidad de la misma), así como, por supuesto, en materia hacendaria y presupuestal.
El problema es que esa velocidad que se le ha impreso ante tantos temas puede llegar a ser proporcionalmente en detrimento de la calidad requerida y desahogo del debate que exigen este tipo de transformaciones nacionales.
Aunado a ello, las fuerzas políticas han condicionado el orden en el desahogo de los temas, de tal forma que la aprobación de un tema que le interesa a unos, se convierte en precondición para la aprobación de otros temas que les interesan a los otros. Esa concatenación en tiempo pero inconexión en sustancia, lleva un riesgo enorme de sacrificar las objeciones de fondo, con tal de obtener el turno para discutir la reforma esperada.
Tal es el caso de la reforma político-electoral en curso, pues se ha puesto como una precondición para poder entrar a hablar de la reforma energética. Nada tiene que ver un tema con el otro, sin embargo existe una premura de sacar pronto lo político para poder empezar a hablar en serio de la joya de la corona, que es lo relativo al gas y al petróleo.
En ese contexto se cruza una exigencia de respetar los plazos constitucionales en la renovación de los cinco integrantes faltantes del IFE, decisión que se desfasa por completo con la propuesta y discusión de un nuevo diseño de sistema electoral nacional (INE).
Esto no es un asunto menor, toda vez que invita a la frivolidad y falta de rigor constitucional de quien sugiere nombrar hoy a esos cinco integrantes del actual IFE en calidad de conserjes de vecindad, hasta en tanto nazca el nuevo organismo y sean sustituidos por los nombres efectivos.
Todo lo anterior revela la importancia de entender y atender los tiempos políticos y constitucionales, para que no se empalmen las decisiones y el orden de factores sea respetado.
Es decir, que en breve sea posible alcanzar los consensos necesarios en la mesa del Pacto, para que de inmediato sean transmitidos los criterios fundamentales que los partidos políticos deberán procesar en sede parlamentaria. Sólo así se podrán empatar las transformaciones requeridas y esperadas, así como los tiempos de selección y nombramientos.
*Abogado y ex titular de la FEPADE
