México de rodillas: la CNTE

El fracaso de las reformas a la leyes secundarias en materia de educación es la confirmación de que nuestro país está de rodillas ante un grupúsculo de vándalos que se dicen llamar maestros. Sin embargo, la responsabilidad de esa humillación nacional, que afecta la ...

El fracaso de las reformas a la leyes secundarias en materia de educación es la confirmación de que nuestro país está de rodillas ante un grupúsculo de vándalos que se dicen llamar maestros. Sin embargo, la responsabilidad de esa humillación nacional, que afecta la esencia del futuro y desarrollo nacional, no recae en los miembros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), sino en los legisladores del PRI y el PRD que se dejaron doblegar ante el chantaje evidente de unos cuantos.

Nuevamente, el Estado mexicano es rehén de cualquiera que ejerza actos de intimidación que se traducen en delitos impunes, como es afectar el patrimonio público y apoderarse de las vías generales de comunicación, violentando el derecho de tránsito de la gran mayoría por privilegiar el de manifestarse de unos cuantos. Quienes tienen a su cargo las instituciones encargadas del orden público les tiembla la mano para hacer valer la ley, aun cuando se den el lujo de destruir los edificios que albergan a nuestros máximos poderes públicos.

De nada sirve un orden constitucional que le da la preeminencia al Poder Legislativo federal para que realmente ahí se representen los intereses de los mexicanos ni tampoco sirve mucho tener una división territorial con estatus jurídico diferenciado, para que la sede de los poderes federales esté en un mismo territorio (el Distrito Federal), con la finalidad de que exista una tutela y protección a las instituciones por parte de la Federación.

Es por ello que resulta patético observar las escenas en las que los legisladores federales se esconden y huyen de sus agresores para poder discutir y votar “en lo oscurito” las iniciativas de reforma a la educación, en vez de que las autoridades de seguridad pública hagan su trabajo de hacer valer el orden público y resguardar a las instituciones.

Ceder ante las bravuconerías de la CNTE es claramente admitir que la reforma constitucional al artículo 3º es un auténtico cascarón vació, lleno de ilusiones pero sin ningún potencial transformador para el futuro educativo.

Resulta ridículo ver a todo un país replegado y atemorizado ante una sarta de vándalos que representan lo opuesto a los valores de la educación y que constituyen un lastre para acabar con la escasez de oportunidades de millones de mexicanos. En otras palabras, renunciar a la renovación del magisterio por temor o por conveniencia política, va a significar que la clase gobernante —incluido el gobierno federal— renuncia a corregir la única vía real para corregir de fondo las desigualdades y que se sigue apostando a una política asistencialista mediocre que sólo ha engrosado la fila de los pobres.

En ese sentido, los legisladores del PRI demostraron que, pese a que pasan los años, siguen manteniendo una vocación retrógrada a las exigencias actuales del país, aun cuando el Presidente de la República, que emanó de su partido, puso la piedra angular para construir un sistema educativo transformador y sin lastres.

Aún peor, los partidos de izquierda que encabeza el PRD incurren en una auténtica falacia al sostener su negativa por la actitud “autoritaria” de imponer una reforma educativa que no tiene el consenso del gremio social al que va dirigido, pues el bien a tutelar no pueden ser los privilegios y abusos de estos seudo maestros, sino los niños y jóvenes que a diario son afectados por la irresponsabilidad e ineptitud con la que ejercen el magisterio.

Sin embargo, tal parece que hay quien tiene interés en mantener un statu quo en lo que resulta rentable para fines electorales, que es aprovecharse de las condiciones de necesidad de gran parte de la población.

Admitir que México siga de rodillas ante grupos parasitarios que tienen a su cargo una parte importante de la educación del país como son los miembros de la CNTE, así como no condenar la irresponsabilidad de los grupos políticos que se doblegaron ante ellos y rehuyeron a su responsabilidad histórica de aprobar una reforma educativa de alto calado, es tanto como admitir y tolerar el desaliento y falta de horizonte para millones de jóvenes presentes y futuros, lo cual es sentenciar al fracaso el proyecto de nación.

                *Abogado y ex titular de la Fepade

                jlvar.excelsior@gmail.com

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