Caos y desestabilización en el DF
En las últimas semanas hemos sido testigos de un par de sucesos en el Distrito Federal que han puesto en jaque el inicio de gestión del jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, y que nos han hecho cuestionar el nivel de seguridad y de legalidad en el que vivimos ...
En las últimas semanas hemos sido testigos de un par de sucesos en el Distrito Federal que han puesto en jaque el inicio de gestión del jefe de Gobierno del DF, Miguel Ángel Mancera, y que nos han hecho cuestionar el nivel de seguridad y de legalidad en el que vivimos los capitalinos. Por una parte, la desaparición de 12 jóvenes que se encontraban en el bar Heaven, de la Zona Rosa, lo cual hasta el momento apunta a un levantón colectivo; por otra parte, los actos vandálicos que se suscitaron con motivo de la marcha del halconazo, que evidenciaron que en la ciudad la autoridad no se ejerce y la aplicación de la ley es timorata.
En el primer caso, no se puede considerar un hecho “focalizado” como lo han declarado insistentemente las autoridades, pues la poca información que se ha dado hasta ahora advierte que se trata de un ajuste de cuentas entre bandas que se dedican al narcomenudeo. Si el supuesto se confirma, es importante tener claro que estamos hablando de un fenómeno de delincuencia organizada, pues la propia ley en la materia define que se trata de toda actividad que involucre a más de dos personas y que se relacione con la producción, tráfico o comercialización de los distintos enervantes o estupefacientes. Es por ello que la primera cuestión que las autoridades capitalinas tienen que despejar es si estamos ante un fenómeno de delincuencia organizada en la ciudad y cuál es la dimensión del problema.
No perdamos de vista que en los últimos años la principal causa por la que se han desatado espirales de violencia en diversas ciudades del país es precisamente por el inicio de pugnas entre bandas rivales que controlan la venta y distribución de la droga en zonas urbanas. En ese sentido, tenemos que ser conscientes de que no tiene sustento el discurso oficial que sostiene que el DF está blindado de ese problema.
Todo esto hace evidente una actuación errática e ineficiente por parte del actual procurador de Justicia del DF, así como la falta de colaboración efectiva de las autoridades federales ante un tema de la mayor trascendencia, que tiene connotaciones de ser un asunto de su competencia (delincuencia organizada).
Por otra parte, los disturbios que presenciamos en días pasados por la marcha en que una multitud de vándalos agredieron impunemente a policías de la Secretaría de Seguridad Pública del DF y la inmediata puesta en libertad de varios de los detenidos, evidencian el alto grado de impunidad en el que se vive en la capital. Resulta un caso sui géneris a nivel mundial que, frente a actos de trasgresión flagrante a la ley y de agresión brutal contra quienes detentan la autoridad —como son los elementos de la policía—, prevalezcan instrucciones superiores de no actuar y dejarse humillar y sobajar.
Ello indica que en gran medida es responsabilidad de las propias autoridades esa falta de respeto a la ley y nula noción del principio de autoridad que vivimos a diario en el Distrito Federal. Pues cómo pensar que un niño o adolescente se forme con esos valores cívicos de respetar a los representantes de la ley, si al mismo tiempo observa esas imágenes de impunidad y humillación sin consecuencias.
Sin embargo, hay que decir que estos problemas no son atribuibles a la gestión de Miguel Ángel Mancera, sino que son heredados por la propia clase política que lo llevó al poder y que hoy lo desconocen. No sólo debido a que desde hace años gran parte de esos espacios de tolerancia y de corrupción, como son los antros de la capital (en particular de la delegación Cuauhtémoc), son controlados por una mafia de “distinguidos” miembros del PRD que lucran grotescamente y gozan de impunidad (“los bejaranos”), sino también por la podredumbre que impera con el otorgamiento de licencias por parte de las autoridades delegacionales, así como de aquellas otras responsables de la inspección y regulación de los giros del ocio.
A todo ello hay que añadir que el jefe de Gobierno capitalino tiene que lidiar a diario con una estrategia de desestabilización orquestada por un grupo de poder con claros intereses de lucrar políticamente con su fracaso y así construir una plataforma alternativa del PRD en la carrera hacia la elección presidencial de 2018.
De ahí que tenga sentido que se le siga dando el beneficio de la duda a Miguel Ángel Mancera y que pueda contar por tiempo definido con el apoyo de la mayoría que votó por él, pues su gestión representa una posibilidad única para poder limpiar la ciudad de esos lastres que se presentan bajo el disfraz de movimientos de “izquierda” y que constituyen el mayor nido de corrupción e impunidad de la ciudad.
*Abogado y ex titular de la FEPADE
