Chávez y la Constitución moribunda
En el acto público en el que tomó protesta como presidente de Venezuela, Hugo Chávez reveló con nitidez el tipo de gobernante en que se convertiría al jurarle lealtad a “la Constitución moribunda de Venezuela” y asegurar que se encargaría de abrogar la norma ...
En el acto público en el que tomó protesta como presidente de Venezuela, Hugo Chávez reveló con nitidez el tipo de gobernante en que se convertiría al jurarle lealtad a “la Constitución moribunda de Venezuela” y asegurar que se encargaría de abrogar la norma fundamental sobre la cual hacía su juramento.
Ungido en la voz del pueblo y para el pueblo, durante los 14 años en que Chávez gobernó este país bolivariano, despreció cualquier clase de pacto social, norma o institución preestablecida que no fuera su voluntad y el culto a su persona.
Ese talante antidemocrático y falto de institucionalidad, aunado a una personalidad mesiánica, nunca fue una sorpresa sino que inclusive se convirtió en algo virtuoso que generaba simpatía y solidaridad entre las clases populares de aquel país.
Hay que recordar que unos años antes de su arribo al poder, Chávez intentó fallidamente perpetrar un golpe de Estado que le hizo permanecer unos años en prisión, hasta que se benefició de un indulto presidencial, con lo cual el 2 de febrero de 1999 pudo llegar al poder por la vía de las urnas.
Chávez fue un dictador de pacotilla, sin sustancia y con hambre enfermiza de trascender a cualquier precio y sin mayores atributos. De ahí que desde sus primeras apariciones públicas escenificara a un personaje kafkiano, heredero de la lucha libertaria de Simón Bolivar y, al mismo tiempo, continuador de la revolución cubana para el resto del continente.
Sin embargo, hay que reconocer su enorme habilidad para hacer que sus defectos fueran vistos por una gran mayoría de venezolanos como virtudes, motivo por el cual Chávez, a través de una serie de argucias propias de un dictador moderno, logró reelegirse por cuatro periodos ininterrumpidos. Esa aceptación popular sin duda tenía un sustento real y genuino que era la búsqueda de políticas públicas populistas que favorecieran a los más pobres, aunque fuera con actos irresponsables de endeudamiento, lo cual hizo que Venezuela perdiera su liderazgo mundial en la explotación de petróleo y se quedara hoy prácticamente en ruinas.
Algunos aspectos que merecen reconocimiento, fueron, por ejemplo, el liderazgo que logró imprimir en los países de la región andina, al erigirse como una potencia ideológica que fungía de contrapeso de los intereses estadunidenses en América Latina. Existen muchas hipótesis del porqué Estados Unidos fue mucho más tolerante a las afrentas de Chávez que con otros países, pero la única razón tangible es la dependencia del petróleo de la superpotencia hacia Venezuela.
Pero volviendo al inicio, las supuestas conquistas sociales de Chávez en Venezuela, al igual que las de Fidel en Cuba, carecen de valor si no se dan a través de la única forma legítima de sustentar el poder político en nuestro tiempo, que es por la vía del constitucionalismo democrático, que exige el sustento del ejercicio del poder público en el Estado de Derecho y en el respeto de los derechos fundamentales. Por tal razón, en el momento en que Chávez declaró moribunda la Constitución sobre la cual juraba lealtad, al mismo tiempo se estaba deslindando de cualquier obligación que le mandatara el texto constitucional vigente, en su carácter de jefe de Estado.
De ahí que lo que siguió para Venezuela fue una trampa mayúscula denominada “refundación”, lo cual derivó en una nueva Constitución que le garantizaba su perpetuidad en el cargo con un disfraz democrático. Ese frankenstein normativo le permitía discrecionalmente abolir la propiedad privada, coartar la libertad de expresión y de prensa, así como borrar por completo la división de poderes y ejercer el poder de forma autoritaria.
Son justo éstas las razones por las que Hugo Chávez pasará a la historia como un gobernante ridículo, tramposo e irresponsable que casi logró hundir a Venezuela y no por sus supuestos méritos sociales.
Ante todo esto, vale la pena preguntarse cuál es grado de culpa y arrepentimiento de quienes hicieron fuerte a Chávez a través de estos 14 años, que principalmente fue el 70% de los votantes venezolanos. Aplica aquí la frase del literato alemán, Bertolt Brecht, cuando advirtió: “En política el arrepentimiento no existe. Uno se equivoca o acierta, pero no cabe el arrepentimiento”.
*Abogado y ex titular de la Fepade
