Trapitos al sol: IFAI
Hace un par de semanas fuimos testigos de un incidente vergonzoso en las instituciones públicas del Estado mexicano. Me refiero al zafarrancho que ocasionó el comisionado del IFAI, Ángel Trinidad Zaldivar, al reaccionar con ira y despecho por no haber sido elegido por ...
Hace un par de semanas fuimos testigos de un incidente vergonzoso en las instituciones públicas del Estado mexicano.
Me refiero al zafarrancho que ocasionó el comisionado del IFAI, Ángel Trinidad Zaldivar, al reaccionar con ira y despecho por no haber sido elegido por sus colegas como comisionado presidente y debido a que la mayoría eligió en su lugar al maestro Gerardo Laveaga, a quien le acusó de nos ser apto para el cargo por tener graves problemas de somnolencia, entre otros.
Resulta vergonzoso que un órgano público colegiado destinado a tutelar la transparencia y el acceso a la información como lo es el IFAI, destine tiempo y recursos a ventilar las diferencias entre sus miembros, en vez de concentrarse en lo que la Constitución le faculta y la sociedad le requiere.
Pero más aún, que existan personajes que se adjudican motu proprio el papel de cancerberos de la institución, que sienten que posen la verdad del deber público que les dicta lo que es correcto y adecuado para lo que ellos consideran “su institución”.
Curiosamente en ese derroche de institucionalidad lo que no vio Ángel Trinidad es que con su letanía de descalificaciones públicas hacia el nuevo presidente del IFAI, lo único que demostró es su falta absoluta de institucionalidad al anteponer sus frustraciones personalísimas por la buena imagen y prestigio de la institución que pretendía representar, olvidando el dicho popular de que los trapos sucios se lavan en casa.
Cabe recordar que más allá de las filias y fobias personales, el comportamiento humano de las instituciones se rige por normas administrativas que emanan del Poder Legislativo. De tal suerte que si el comisionado en mención tenía agravios y evidencias de tal magnitud que caen en imputaciones directas, como no cumplir requisitos de ley para ocupar el cargo o ejercer indebidamente funciones, entonces tenía la obligación de actuar conforme a derecho y ejercer las acciones correspondientes.
De no ser el caso, se trata de un pataleo interesado y mezquino que terminó por ventanear la podredumbre colectiva que hoy se respira al interior del IFAI y la falta de estatura de algunos de sus miembros.
Pues cómo aislar de este escándalo el nuevo trapito que salió al sol de la comisionada Sigrid Arzt Colunga, quien asumiéndose todavía como parte del sistema de seguridad nacional —de donde provino— como hobby le ha dado por espiar a sus colegas a través de solicitar información con pseudónimos y utiliza recursos públicos para tales fines. Lo más asombroso es que ante estas imputaciones su respuesta es el absoluto silencio.
Afortunadamente ese corte de funcionarios contrasta drásticamente con el de otras distinguidas personalidades públicas que han pasado por ahí, como es el caso de María Marván, Alonso Lujambio y, recientemente, la excelente actuación de Jacqueline Peschard al frente del IFAI.
Durante las respectivas gestiones se logró consolidar una institución naciente y posicionar los intereses institucionales en la agenda pública nacional en la que la transparencia no era un tema de fácil aceptación para la clase política.
Así, mediante el esfuerzo de estas personas que entendieron la responsabilidad histórica que emanaban sus nombramientos para que la transparencia y rendición de cuentas fuera un eslabón más de la consolidación de la democracia mexicana, se pudo lograr la reforma constitucional para que el derecho de acceso a la información adquiriera el tratamiento de derecho fundamental, así como la inclusión al grado constitucional de la protección de datos personales de los ciudadanos.
Todo lo anterior nos lleva a la reflexión de lo complejo que es encontrar perfiles idóneos para integrar los distintos órganos constitucionales de composición colegiada. No sólo por la dificultad de encontrar perfiles con los conocimientos en la materia y otras cuestiones que exige la ley, sino por lo difícil y delicado que es encontrar personas sensatas, con visión y responsabilidad de Estado que exigen estas funciones.
Sin embargo, no es solución real la propuesta de quitar a todos los comisionados actuales del IFAI, pues además de la gran posibilidad de que se vuelvan a colar otros chivos en cristalería, el costo institucional que se tendría que asumir es mayor; pues implica afectar las condiciones de independencia e imparcialidad que exigen estos órganos colegiados, como es la inamovilidad de sus miembros por muy cuestionables que sean.
*Abogado y ex titular de la Fepade
