Comunicación estratégica: coordenadas político-electorales del 2018 (II)
El proceso electoral 2018 es inédito en la historia de México. Se definen 629 funcionarios federales, dos mil 551 estatales-municipales y más de 20 mil no electos (incluyendo los suplentes) en la conservadora consideración de cuatro candidatos por espacio político
El primero de julio próximo se sufraga por Presidente, 128 senadores y 500 diputados para la nación. En el ámbito estatal, por ocho gobernadores (Chiapas, Guanajuato, Jalisco, Morelos, Puebla, Tabasco, Veracruz, Yucatán) y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México. Además, se renovarán 552 diputaciones de mayoría relativa, 354 de representación proporcional, en congresos locales, mil 596 ayuntamientos, 24 juntas municipales de Campeche y 16 alcaldes para la capital del país.
Las acciones de partidos y precandidatos (incluyendo independientes) se instrumentan desde la comunicación estratégica, senda particular en cada uno y coordenadas de operación ya presentadas (Excélsior, 9-I-2018).
Con el vértice resultante de una sociedad que quiere ser comprendida y candidatos determinados, comenzaremos a ver la segunda etapa comunicológica, caracterizada por estrategias basadas en inteligencia (o astucia) de cada participante, capacidad de respuesta sustentada más en la planeación que en la improvisación de los equipos de campaña y conformación de contextos en una contienda electoral única. Todo lo anterior en tres líneas de acción: los medios para hacer llegar las propuestas, el lenguaje para impactar a cada elector y la interacción personal, así como también grupal de cada candidato.
Los rubros de intervención de los candidatos son: expresión, lo que se dice y cómo se dice, lo que se hace y cómo se hace; difusión, impacto cognitivo
—afectivo— memorístico y generador de acción en el elector; interacción, integrar contextos ciudadanos y de grupos sociales; estructuración, propuestas y proyectos, observación, evaluación simultánea y permanente de todo el trabajo de campaña y rumbo al ejercicio de gobierno.
Pero donde se mostrará la esencia, temple, capacidad y coherencia de cada candidato será frente a los aconteceres naturales, sociales y políticos, según su propio ámbito de candidatura, durante el proceso electoral. Y ante cada situación quedarán tres alternativas a proyectar: una oportunidad, un problema, una crisis.
Así, los ciudadanos veremos la acción de candidatos y sus capacidades ante el clima, la contaminación, los recursos naturales, la alimentación… cuyo margen de maniobra se ciñe a lo científico, la comprobación metodología, la construcción disciplinaria del conocimiento. La confusión de un dato, el concepto mal pronunciado o la expresión desafortunada puede ser la ruptura de ruta y, por ende, la pérdida de puntos como disrupción.
Como electorado registraremos la acción de candidatos, propuestas y reacciones ante la inflación, la fluctuación del peso, festividades cívicas y culturales, educación, inseguridad, pobreza, justicia… líneas que exigen sensibilidad, capacidad de escucha y creatividad, empatía candidato-votante y viceversa. Una “incorrección política” y las preferencias marcarán tendencia a la baja.
Como votantes percibiremos la acción de candidatos y sus propuestas, en línea o contrasentido, en anuncios, frases, pronunciamientos, logotipos, programas en medios de comunicación, redes sociales, cantantes, actores, deportistas, cómicos, músicos, intelectuales, líderes sociales… situación que se sustentan en la opinión y que pueden llegarse a presentar, incluso, en el ámbito de la necedad. Un desfase puede dar pie a la desconfianza y motivación de mirar en otro horizonte para sufragar.
Las tres acciones anteriores consolidan y aumentan el llamado voto duro, pero ante elecciones con porcentajes estrechos, el valor agregado está en gestionar otro público de electores, los llamados “indecisos” que determinarán el fiel de la balanza el primero de julio del 2018, por ahora muy atentos a la coherencia en las acciones de candidatos federales —estatales— locales para reflexionar en la trascendencia de propuestas, ideología y organización para ejecutar proyectos, y pertinencia discursiva para construir el día a día.
