¡Vayamos a votar!

Esta elección venidera será realmente la calificación del gobierno que ya termina. No nos hagamos tontos. No son las candidatas las que están en juego. Los electores no votaremos por las pensiones ni por los libros ni por las medicinas ni por las patrullas. Están en juego dos proyectos irreconciliables en la política de los recientes 200 años

Comparto el único consejo que Adolfo Ruiz Cortines le dio a Adolfo López Mateos. “Señor candidato, nuestro pueblo se puede equivocar en muchas cosas, pero hay tres en las que es infalible. En sus afectos, en sus enojos y en su calificación final. Cuide sus afectos, cuídese de sus enojos y cuidado con la calificación”.

López Mateos cuidó los afectos y hoy se le tiene como el presidente más amado de cuantos hemos tenido. Se cuidó de los enojos y nadie le mentó la madre. Tuvo cuidado con la calificación y entró al altar de la veneración histórica. No prometió una transformación, sino que la hizo. No utilizó otros datos, sino que se atuvo a los evidentes. No se calificó a sí mismo, sino que aceptó lo que él llamó “el inapelable fallo de la historia”.

Esta elección venidera será realmente la calificación del gobierno que ya termina. No nos hagamos tontos. No son las candidatas las que están en juego. Los electores no votaremos por las pensiones ni por los libros ni por las medicinas ni por las patrullas. Están en juego dos proyectos irreconciliables en la política de los recientes 200 años. El continuismo versus el cambio. La Constitución versus el poder. La libertad versus la dictadura.

Ésas son las únicas propuestas que estarán en la boleta y en eso consiste nuestra elección. Lo importante no es lo que podamos ganar, sino lo grave es lo que podemos perder.

Lo imperdonable es que no votemos, que no califiquemos, que no elijamos, que no decidamos. Que podamos incurrir en tal cobardía, que no asumamos la más importante de las obligaciones ciudadanas. Que nos comportemos como una gallina que prefiere que otros combatan por él, que otros decidan lo suyo y que otros lo defiendan porque a él le da harto-miedo defenderse a sí mismo.

El voto no es sólo una enérgica obligación, sino también es un valioso privilegio. Comparto dos viñetas personales para las nuevas generaciones que ven el voto como un don gratuito y natural. Mi abuelo materno nació extranjero y no tuvo derechos ciudadanos hasta que pudo ser mexicano. En su país de origen no tenían elecciones. Así que sólo hasta en la edad madura supo de los privilegios de la ciudadanía y mucho los valoraba.

Por otra parte, mi madre sí nació mexicana, pero, como toda mujer, carecía de derechos políticos. Cuando yo nací, mi padre era uno de los cinco políticos más poderosos de México, pero su esposa y madre mía no tenía ni siquiera derecho de voto. Yo vi, “en casa propia”, la enorme desigualdad política dentro de la misma pareja conyugal. Qué bueno que eso ya se acabó.

Con esto quiero explicar que pude saber del retraso en uno de los países de mayor privilegio y estabilidad política del planeta. México es uno de los dos países del mundo republicano que ha gozado de democracia ininterrumpida por más tiempo. El otro es Estados Unidos.

Desde 1917, todas las elecciones federales mexicanas se han celebrado en las fechas que ordena la Constitución, sin que se hayan suspendido o pospuesto en ocasión alguna. Ningún poder público ha quedado vacante y siempre se han instalado en la fecha constitucional. En efecto, desde entonces, México ha celebrado 20 elecciones presidenciales, 21 senatoriales y 38 para diputados federales. En total, 79 procesos electorales.

Todo eso se llama estabilidad política y es un orgullo mexicano que no tienen ni los países que más presumen de politizados. Porque esos 107 años no los han gozado los países europeos con todas sus guerras ni los países latinoamericanos con todas sus dictaduras ni los países asiáticos con todas sus inestabilidades ni los países africanos con todas sus calamidades.

¡Vayamos a votar! Hace 20 años publiqué en Excélsior que en esta elección de 2024 la vencedora sería mujer y que se aliarían los tradicionales partidos adversarios. Hemos avanzado bien. Disfrutemos que tenemos derechos electorales y sistemas electorales. No los desperdiciemos hoy para que mañana no lo lamentemos.

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