Un nuevo código penal

La ley punitiva nos dice cómo castigar el delito, aunque no nos dice cómo evitarlo. Pero sin un buen código no se puede construir el resto.

Es un buen mensaje que el tribunal mexiquense, por conducto de su presidente, Ricardo Sodi, haya convocado a la sociedad civil y a los poderes públicos al repensamiento y a la redacción de un nuevo código penal.

Este ordenamiento es muy importante para la inmensa población del Estado de México. Es el código penal más utilizado y más aplicado en México, más que los otros 33 códigos penales que existen en nuestro país, uno para cada entidad, uno para la Federación y uno para el fuero militar. Serán muy valiosas las voces de quienes integran el Consejo, la magistratura y la judicatura, así como la voz de la Legislatura del estado, del gobierno estatal, de la Comisión de Derechos Humanos, de la Fiscalía General de Justicia, de otros organismos autónomos, de los ayuntamientos municipales, de la ciudadanía, la abogacía, la academia, las universidades, los especialistas, los colectivos, así como de quien tenga una propuesta. Todos tenemos espacio de expresión y no sea que por callar se suponga nuestra conformidad ni, mucho menos, nuestra complicidad.

Ya desde el primer evento, el propio presidente Ricardo Sodi expresó que hay delitos que resultan excesivos mientras que otros resultan insuficientes. La presidenta de la CDH se refirió a la necesidad de revisar los medios alternativos de punición y el secretario de Seguridad Pública a la conveniencia de que muchos delitos sean materia de la justicia cívica y no de la justicia penal. Ya desde ese acto surgieron las primeras propuestas.

Para todos queda en claro que un nuevo código penal no resuelve todo el problema de la inseguridad pública. La ley punitiva nos dice cómo castigar el delito, aunque no nos dice cómo evitarlo. Pero sin un buen código no se puede construir el resto. El código es la infraestructura de la justicia penal. A ello hay que agregar el procedimiento penal, la policía, la fiscalía, la judicatura, la prisión, la reinserción y, desde luego, la sociedad.

El código es, en materia de justicia penal, lo que es el hospital en materia de salud. El buen hospital no automatiza la buena salud. Hay que agregar el buen médico, el buen medicamento, el buen instrumento, el buen procedimiento y los buenos auxiliares. Pero sin hospital de nada sirve el cirujano ni el bisturí ni todo lo demás. Así, en la justicia, nada se puede hacer si no se tiene una buena ley.

Pero lo que más me impresiona y más me complace, porque nunca lo había visto, es que sea el propio tribunal el que convoque a un ejercicio de mejoramiento de la ley. Eso nos dice que el tribunal no se ve a sí mismo como una fábrica de sentencias, sino que en el fondo de su trabajo están muertos y asesinos, ladrones y atracados, culpables e inocentes, acusadores y acusados. Es decir, personas todas ellas.

Nos dice que todos los días sufren por tener que aplicar una ley que es imperfecta, que es insuficiente o que es excesiva. Que, en ocasiones, es benévola con quien no lo merece, mientras que en otras es cruel con quien no lo amerita. Que no suceda que, por culpa de la ley, a la maldad voluntaria del delincuente haya que agregar la crueldad involuntaria del juzgador. También en buena hora ver a todas las fuerzas públicas y sociales reunidas en torno a un fin común que a todos preocupa, que a todos lastima y que a todos corresponde. No está por demás decir que el producto que se espera obtener también quedará a disposición de otras entidades que deseen aprovecharlo. Así lo ha hecho el tribunal mexiquense con muchas otras entidades al compartir sus experiencias, sus avances y hasta su escuela judicial.

Me honra coordinar estos trabajos y estoy seguro de su buena ventura. Es bueno ver que el juez quiere la mejoría, el progreso y el perfeccionamiento de la ley. No basta el uno sin el otro. Cuando la ley es buena y el juez es malo, la sociedad siempre pierde. Cuando la ley es mala, pero el juez es bueno, la sociedad gana en unas y pierde en otras. Pero cuando son buenos tanto la ley como el juez, la sociedad siempre ganará y nunca tendrá derrota.

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