Triángulo de excelencia política

La vida me colocó en la abogacía, en la fiscalía y en la política, tres actividades donde hay muchos mentirosos. Eso me ha convertido en un desconfiado como pocos, pero también ha permitido que la mentira la perciba antes de que hablen, que la visualice antes de que actúen y que la adivine antes de que se les ocurra

Hace algunos días platiqué con un importante hombre de negocios. Entre muchos temas, nos atrapó el del futuro de México. Nuestra conversación fue muy seria y, por eso, no nos interesó el futuro de los políticos y ni siquiera el futuro del gobierno, sino tan sólo el futuro de la nación. Y, entonces, nos preguntamos: ¿cómo está la política y cómo estará en el futuro mexicano?

México y otros 30 países son los únicos que viven en un mundo político real, así sea bueno o malo. En estos países se requiere de un triángulo de excelencia que lo integran la libertad, la justicia y la paz. Cuando se carece de alguno, la enfermedad es grave, que yo llamo cratopatía. Cuando se carece de dos, es mucho más grave y la llamo cratoma. Si se carece de tres, la llamo cratanatosidad y se explica por su propio nombre. 

Desde luego que la democracia, el bienestar, la igualdad, el humanismo y 20 privilegios más son muy importantes y feliz la nación que los tenga, además de la triada fundamental. Pero, a título de síntesis, de nada sirve la democracia sin justicia, que se llama linchamiento. Muy democrático, pero muy injusto. El bienestar sin libertad se llama protectorado. Y la igualdad sin paz se ha llamado holocausto. 

A la mayoría de los gobernantes estadunidenses les gusta la libertad, pero también les gusta la guerra. A la mayoría de los gobernantes mexicanos les gusta la paz, pero no les gusta la justicia. Para Europa, la paz es superior a la libertad. Para Estados Unidos, la libertad es superior a la paz. En América del Sur, la libertad no es esencial. En Asia y en África, la libertad y la justicia son imaginarias.

Desde Victoriano Huerta, ningún gobernante mexicano había retrocedido en la justicia hasta los tiempos recientes. Díaz Ordaz había sido el último al que no le gustaban otras ideas y otras voces que no fueran las suyas. Creímos que la libertad y la tolerancia serían eternas. Durante 230 años, en Estados Unidos ningún gobernante había atentado contra el federalismo como en tiempos recientes. Más aún, Lincoln y Kennedy murieron por defenderlo. Por eso, a los jóvenes del mundo actual ya no les gusta la política. 

Sin embargo, no todo depende del gobierno y de los políticos. Muchos países fuertes le deben más a su sociedad y a sus ciudadanos. Por citar un caso, Italia siempre ha tenido muy poco gobierno, pero muy buena sociedad. Empresa muy eficiente, sindicalismo muy fuerte, justicia muy firme, profesionalismo muy sólido, ausencia de guerras y muchos privilegios más. El resultado ha sido un buen país con mucha libertad, con muy respetable justicia y con muy duradera paz. 

La apuesta nacional está en las manos de los jóvenes. Ya no asocian su proyecto de vida con el proyecto nacional. Pero, en poco o en mucho, sus ideas y su acción moldearán y determinarán el destino de la política mundial. Federico Nietzsche decía que las dictaduras se sostienen porque los pueblos obedecen sin pensar. La libertad se construye por sociedades que piensan y eso implica dudar, preguntar y decidir. 

Por eso me gusta dudar y me gusta preguntar. La vida me colocó en la abogacía, en la fiscalía y en la política, tres actividades donde hay muchos mentirosos. Eso me ha convertido en un desconfiado como pocos, pero también ha permitido que la mentira la perciba antes de que hablen, que la visualice antes de que actúen y que la adivine antes de que se les ocurra.  

Por ejemplo, para tener una idea de lo que pasa en el IMSS, he platicado con 10 derechohabientes, con 10 médicos, con 5 enfermeras y con 5 exdirectores amigos míos. Con esas 30 opiniones ya ningún discurso me puede engañar. En lo de la justicia, he podido escuchar a 100 de los mejores especialistas mexicanos y extranjeros. Con esas opiniones ya ningún discurso me puede engañar. 

Deseo que los jóvenes duden, pregunten y decidan. Con eso, el futuro estará asegurado. Por no dudar, los borregos le temen al lobo, pero siempre se los come el pastor.

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