Rectores y abogados
La actualidad aconseja que esta universidad sea dirigida por algún profesional del Estado de derecho y eso le facilite mantener la estabilidad y el orden internos, enfrentar los acosos externos, así como proteger su autonomía integral lograda hace 95 años, pero siempre amenazada.
Ya arrancó el hándicap presidencial y se avecina el hándicap universitario. Me complace y me entusiasma la posibilidad que en la muy próxima elección un abogado sea elegido como nuevo rector de la UNAM. Hace 35 años que ello no se da y se han sucedido diversos profesionales, casi todos médicos
Pero la actualidad aconseja que esta universidad sea dirigida por algún profesional del Estado de derecho y eso le facilite mantener la estabilidad y el orden internos, enfrentar los acosos externos, así como proteger su autonomía integral lograda hace 95 años, pero siempre amenazada.
Es la UNAM la 4ª universidad más grande de Occidente. Las tres mayores son estadunidenses, mientras todas las europeas o latinoamericanas no la igualan en la dimensión de su alumnado, de su profesorado, de su oferta docente y de su capacidad de investigación. Se quiera o no se quiera, la UNAM es el cerebro de la nación. Esa posibilidad rectoral se presenta con la postulación de Raúl Contreras Bustamante, actual director de la Facultad de Derecho. Cursó en esta universidad desde sus estudios de preparatoria. Esto es muy importante en su formación. No todos los aspirantes actuales tienen licenciatura de la UNAM. Su gestión al frente de su facultad ha logrado ranquearla como la mejor escuela de derecho de habla hispana, por encima de las muy respetables y excelentes que hay en España y en América Latina.
Ello es un logro mayor. Para nuestro orgullo nacional, México es una potencia tecnológica y académica en lo jurídico. En materia de abogados, hay un G12 de vanguardia mundial con México, Estados Unidos, Canadá, Argentina, Chile, Colombia, Inglaterra, Francia, España, Italia, Alemania y Austria. Por eso nos extraña y hasta nos inquieta que la máxima casa de estudios haya carecido de la dirección de un jurista durante largas décadas. La memoria me trae a algunos abogados que fueron nuestros rectores. Ellos, como Contreras, supieron lo que México necesita y colocaron la excelencia de la UNAM al servicio de los mexicanos. Los 7 puntos de su programa rectoral son una cátedra de la misión universitaria.
He recordado que, en ciertos momentos de nuestra historia, mientras los políticos se peleaban y se mataban por el poder, Ignacio García Téllez utilizaba su pluma universitaria para redactar el decreto de la expropiación petrolera y para escribir la ley que le dio nacimiento y vida al Seguro Social.
He recordado que, en ciertos momentos de nuestra historia, mientras los gobernantes pensaban en grandes fábricas, en grandes bancos y en grandes empresas, todo ello muy necesario para nuestro país, Luis Garrido gestionaba lo imposible en un país tan modesto, para que se edificara nuestra Ciudad Universitaria y que hoy los 360 mil alumnos y 40 mil maestros se alberguen en sus diversas sedes. He recordado que, en ciertos momentos de nuestra historia, mientras el gobierno allanaba las instalaciones universitarias, desde su biblioteca hogareña Mario de la Cueva elaboraba la Ley Federal del Trabajo, orgullo y ejemplo mexicano ante el mundo jurídico.
He recordado que, en ciertos momentos de nuestra historia, mientras muchos afirmaban que la Constitución estorbaba las soluciones, Jorge Carpizo se enfrentaba a todos y dibujaba las reformas constitucionales y los organismos protectores de los derechos humanos, sin los cuales hoy no seríamos lo que somos.
He recordado que, en ciertos momentos de nuestra historia, mientras todo era confusión y caos, José Vasconcelos veía simultáneamente la historia de la humanidad y su futuro ineludible para plasmarlos en nuestro lema universitario.
En efecto, en toda la historia, por los hombres y por los pueblos nunca han hablado ni su poderío ni su riqueza ni su conquista ni su imperio y, ni siquiera, sus gobernantes. Por los pueblos y por los hombres, lo mismo en Hélade que en Lacio o en Anáhuac, lo único que ha hablado, lo único que habla y lo único que seguirá hablando es tan sólo su espíritu.
