Presupuestos y profetas
Si un gobierno le regatea a la justicia es que no le interesa la justicia. Frente a ello no hay discurso ni promesa que valgan.
El presupuesto de un gobierno profetiza el futuro de una nación. A los gobernantes es muy difícil conocerlos por sus palabras. Algunos, porque son mentirosos y ocultan la verdad. Otros, porque son ignorantes y no saben cuál es la verdad. También es muy difícil conocerlos por sus obras, porque las conocemos a destiempo. Tampoco podemos conocerlos por sus ideas, porque muchos de ellos no tienen ideas y los que son muy inteligentes bien las cuidan en la secrecía.
Por eso podemos servirnos de los indicios. Por ejemplo, cuando llegamos a un restaurante al que nunca hemos ido, nos basta con acudir a los baños para suponer cómo está el cuidado y la higiene de las cocinas. De inmediato sabremos que si lo que se ve no recibe esmero, peor será lo que no se ve. Si sus excusados nos llevan al asco, estemos seguros de que sus ollas nos llevarían a la basca. Si todavía estamos a tiempo, salgamos sin comer. Si ya no hay remedio, tratemos de olvidar.
Un ejemplo más complicado se da cuando queremos saber el fondo de una persona. Si se lo preguntamos directamente, nunca estaremos seguros de su franqueza. Pero si le preguntamos lo que admira y lo que desprecia en otra persona, sin darse cuenta nos dará un retrato exacto de sí mismo. Si en el otro admira su patriotismo, su bondad o su honestidad, podremos confiar en él. Si en el otro admira su dinero, su audacia o su ambición, cuidemos nuestra cartera.
Así pues, un buen profeta de la política es el gabinete. Los equipos implican mensaje y pronóstico. Una ratificación en la cartera de economía anuncia continuidad en los modelos económicos. Una componenda interpartidista en la cartera de justicia indica que a esa administración no le interesa la justicia. Una designación indescifrable denota que el designador no entiende o no quiere que lo entiendan.
Pero el profeta infalible es el presupuesto. Si un gobierno le regatea a la justicia es que no le interesa la justicia. Frente a ello no hay discurso ni promesa que valgan. Si ahorra en educación o en salud, es que no le interesa el presente ni el futuro de su pueblo. Ese método de análisis nunca falla.
Eso mismo sucede hasta en una familia. Si gasta más en viajes que en escuelas, más en cosméticos que en comida, más en bebidas que en medicinas, ya sabremos que más le interesa la imagen, la farra y el momento que la esencia, la seriedad o el futuro. No tendremos que preguntarles nada para saber quiénes realmente son y cómo verdaderamente son.
Aclaro que siempre han existido gobernantes que han visto a la justicia como un ramo dispendioso del presupuesto y que han creído a la educación y a la salud como unas dependencias gravosas del gobierno. Eso no es nuevo y me consta porque lo sufrí en varios sexenios. Lo novedoso es que antes no presumían los presupuestos cuentachiles en materia de justicia y parece que ahora hasta los ostentan.
Los burócratas del presupuesto piensan que castigando al tribunal se castiga a los jueces, lo cual es como pensar que castigando al hospital se castiga a los médicos o que castigando a la universidad se castiga al rector. Solamente los verdaderos estadistas saben que realmente se está castigando a los justiciables, a los alumnos y a los enfermos.
Por eso dice Ricardo Sodi que hay gobernantes que prometen ahorrar, cueste lo que cueste. Y por eso hace 120 años, en el esplendor del Porfiriato, Justo Sierra, ministro de Educación y Justicia, le dijo al ministro de Hacienda, José Yves Limantour, que los que pensaban en la justicia y en la educación como dos cargas presupuestarias, muy pronto serían barridos y borrados por la historia. ¡Y resultó que muy pronto los borraron y los barrieron!
Cada profeta adivine con ver el equipo humano y el presupuesto de gasto. Esto le dirá de cada gobernante más que todos sus discursos y que todos sus informes. No pierda mucho tiempo en oír lo que nos prometen ni en escuchar lo que nos presumen.
Dime con quién andas y en qué gastas, para decirte quién eres.
