Payasos y palacios
La traición de Yunes es tan sólo una más de las muchas traiciones constitucionales de todos los días. Me duele que este gobierno que ya agoniza le metió mucha mano y mucha saña para muchas reformas, pero todas fueron burocráticas y no se le agregaron garantías constitucionales que las enriquecieran. Se le recordará como el gobierno menos garantista de toda nuestra historia
Parafraseando el viejo refrán turco, podemos estar seguros de que, cuando un payaso se muda al Senado, el payaso no se convierte en senador, pero el Senado sí se convierte en circo.
Lo vimos en estos días. El payaso siguió siendo payaso y así seguirá por siempre. Pero el Senado se volvió carpa de tugurio con malos payasos, con pésimos trapecistas, con magos insoportables, con merolicos repugnantes y con fieras simuladas. Ni siquiera un refinado circo de Las Vegas, de París o del Auditorio Nacional. Compadezco a muchas senadoras y senadores que tienen mucha seriedad, pero que tendrán que vivir bajo esa carpa guarra y apestosa.
Seguimos confirmando que no hay seriedad sistémica en nuestra política. No tenemos una democracia seria y ni siquiera una dictadura seria. No hay discurso serio ni gobernanza seria ni acciones serias ni soluciones serias. Eso no estaría grave si nuestros problemas fueran de guasa, pero resulta que nuestros problemas sí son muy serios.
Frente a la reciente reforma ya se presentía la aparición de un traidor. Así lo llamó Pascal Beltrán del Río en su magnífica Bitácora de este lunes. Empezó el juego de adivinar su nombre y apellido. Los más favoritos eran los más conocidos. Marko, del PAN; Alito, del PRI; Manlio, independiente; Clemente, de MC. Error histórico. El traidor siempre es el más insignificante. Nunca uno de los 5 más sobresalientes, sino uno de los 5 más intrascendentes, así como lo fueron Judas Iscariote, Junio Bruto y Victoriano Huerta.
Pero regreso a la seriedad. He dicho que la falta de seriedad es la madre de todos nuestros fracasos. Pongo como ejemplo el crimen organizado. Los cárteles han sido exitosos porque son muy serios. El Estado ha fracasado porque no es serio. En la mafia, el que no cumple desaparece o se muere. En el gobierno, el que no cumple asciende o prospera. En el crimen, Yunes hoy estaría colgado y encuerado bajo un puente. En el poder, Yunes estará premiado y aforado bajo un partido.
Los suyos ya les reclaman la traición a sus partidos. Yo no lo hago porque yo no tengo intereses partidistas y no me interesa lo que alguien le haga de bueno o de malo al PAN, al PRI, a Morena o a cualquiera otro. Sé muy bien que en los partidos políticos no está depositada la apuesta de México y ni siquiera la mía, tan insignificante.
Pero sí me molestan, me indignan y me duelen las traiciones a la Constitución. Soy un devoto templario de ella. Toda mi vida ha estado muy cerca de la Constitución. La he respetado, defendido, reformado, estudiado, enseñado, divulgado, homenajeado y exaltado. Para ello me han contratado en el gobierno y fuera del gobierno. Pero muchas veces también lo he hecho sin contrato y sin paga.
La he protegido en México y ante mexicanos, así como la he presumido en el extranjero y ante extranjeros. Por ella, en muchas ocasiones me he enfrentado al presidente de mi país y por ella, en alguna ocasión, tuve que enfrentarme al gobierno más poderoso de la historia del planeta. Siempre he tenido suerte y siempre he resultado victorioso. Me ha ido muy bien y mi Constitución me ha protegido mucho.
La traición de Yunes es tan sólo una más de las muchas traiciones constitucionales de todos los días. Es triste, pero es cierto. Me duele que este gobierno que ya agoniza le metió mucha mano y mucha saña para muchas reformas, pero todas fueron burocráticas y no se le agregaron garantías constitucionales que la enriquecieran. Se le recordará como el gobierno menos garantista de toda nuestra historia.
Dos libros viven en mi buró y duermen junto a mí. Uno de ellos es la Constitución Mexicana. Siento que ella me cuida y me inspira. A muchos les sonara cursi. Pero muchos sabrán de lo que estoy hablando. Siempre he dicho que es bueno reformar la Constitución para mejorarla y perfeccionarla. Pero, más que reformarla, lo más importante es que hay que respetarla. Es mejor una constitución respetada que una constitución reformada.
