Maximatos y maximitos

Deseo que la que gane sea una presidenta respetada, valiente y patriota. Que la quieran no por sus mentiras, sino por sus méritos. Que sea presidenta por su majestad y no por su simple apodo. Que sea una presidenta con banda y no una banda sin presidenta. Que se merezca ser llamada la-señora-presidenta-de-la-República. Hay que romper las correas de amarre.

El Maximato es un maximito. Sólo existió el de Plutarco Elías Calles, pero no fue un proyecto premeditado de prolongación del poder presidencial, sino una solución improvisada ante una emergencia política con pronósticos de desastre histórico. Y cuando los posteriores intentos fueron premeditados, nunca se realizaron.

Veamos el único real. Una vez muertos todos los próceres de la Revolución, ya en 1928 Álvaro Obregón era el único dueño de México. Calles nunca pensó en permanecer, dado que Obregón regresaría a la Presidencia y más fuerte que nunca. Pero, ya electo fue asesinado unas semanas antes de que Calles concluyera su mandato y el país se quedó sin presidente, sin líder y sin dueño. El destino de México se alojó en las manos exclusivas de Calles y la alternativa era fatal. Desentenderse de México y que resultare lo que fuera o tomar el control único del país.

Dejar que los aspirantes contendieran entre sí y arriesgaran el porvenir de su grupo y el destino de la Revolución. Que los fuertes se pelearan y se mataran o contenerlos, optar por los flacuchos y ejercer el control como líder absoluto. No entregó el bastón-de-mando, sino que lo conservó. Fundó el PRI y subsidió los vacíos de poder, que eran muchísimos. Tiró al cesto sus afectos y escogió a los que le resultaban ajenos. Ninguno de sus cuatro peleles era su amigo ni lo fue jamás.

Hoy se vuelve a suponer que vamos hacia allá. Pero éstos son los tiempos de la alternancia, debido al hartazgo y a la incredulidad. Bien dice Pascal Beltrán del Río que la futura presidenta, sea quien fuere, deberá cortar amarras. El aforismo es más que acertado. Si no lo hace por su voluntad, todos la obligarán. Por principio, a Sheinbaum la obligarían los propios morenistas, así como fueron los priistas quienes obligaban a su presidente a romper con el anterior. A Gálvez, le será un imperativo de honor con el FAM y, sobre todo, con sus electores.

Deseo que la que gane sea una presidenta respetada, valiente y patriota. Que la quieran no por sus mentiras, sino por sus méritos. Que sea presidenta por su majestad y no por su simple apodo. Que sea una presidenta con banda y no una banda sin presidenta. Que se merezca ser llamada la-señora-presidenta-de-la-República.

Hay que romper las correas de amarre. En materia de poder, la Presidencia es tigre fuerte y la expresidencia es perro flaco. Cuando concluye el mandato, la institucionalidad hace que hasta el edecán militar le abra la puerta a la nueva presidenta y se la cierre al expresidente. Y eso se debe a que un expresidente sin banda es un expresidente sin Constitución y, por lo tanto, sin mando. Sirve para lo mismo que un ministro sin toga, que un hospital sin medicinas y que una escuela sin libros.

Además, un Maximato hoy es irrepetible. Las circunstancias del México de 1928 son muy distintas a las del México de 2024. Álvaro Obregón era un candidato sin posibilidad de reemplazo. Como político, fue supremo en lo bueno y en lo malo. En lo malo, creo que fue el político más perverso de nuestra historia. En lo bueno, creo que fue el político más invicto de nuestra historia. Ni se ha vuelto a repetir ni ha aparecido quien siquiera se le parezca. Por eso dejó un vacío difícil de llenar, un personaje difícil de igualar y hasta un modelo difícil de imitar.

Toda la obra política de Calles fue genial, incluyendo el malhadado, mal afamado y mal interpretado Maximato. Calles diseñó el México de los recientes cien años y quizás el de los próximos cien. Hasta los políticos que más lo aborrecen, más hacen lo que Calles decretó. En estricto rigor, la verdad es que sigue mandando y que en todo un siglo todos han sido sus peleles.

Meditar a Calles, a Roosevelt y a Adenauer es un ejercicio obligado para todo político actual. Todos los días se les puede aprender si se reflexiona bien todo lo que hicieron y todo lo que inventaron. Por eso me indigno cuando se les humilla al quererlos comparar con los inferiores.

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