La victoria de la furia

Existen siete fenómenos emocionales que inducen al elector. La rabia es tan sólo uno de ellos. Los otros han sido el artilugio de la inteligencia, el mando de la jerarquía, la espada del miedo, la ilusión del engaño, el dulce del dinero y la suerte de la circunstancia. Casi todos tienen promotores, pero el enfado es autónomo

El enojo ha sido el gran vencedor en las elecciones de este siglo, tanto en México como en muchos otros países. La furia fue quien le dio el triunfo a Vicente Fox, a Enrique Peña y a AMLO. Pero también se lo dio a Donald Trump, a Joe Biden y hasta a Javier Milei.

Existen siete fenómenos emocionales que inducen al elector. La rabia es tan sólo uno de ellos. Los otros han sido el artilugio de la inteligencia, el mando de la jerarquía, la espada del miedo, la ilusión del engaño, el dulce del dinero y la suerte de la circunstancia. Casi todos tienen promotores, pero el enfado es autónomo.

Quiero aclarar ante la amabilidad de las lectoras y los lectores que, para explicarme en este tema, habitualmente uso la palabra “encabronamiento”. Les ruego que no lo consideren vulgar. Es éste el que vence en los comicios. Debemos tomarlo en cuenta.

Hubo un tiempo en que los mexicanos se enojaron contra el PRI porque querían democracia y que se acabara el partidazo, el tapadismo y el presidente imperial. En realidad, eso era el reclamo de una muy pequeña élite opositora compuesta por mexicanos muy ricos y por mexicanos muy cultos. Todos muy críticos, pero muy poco propositivos.

Por eso, la reforma política tuvo que redactarse en escritorios priistas, que impulsarse en presidencias priistas y que votarse en curules priistas. Hasta un presidente priista se esforzó lo indecible para que pudiera perder Francisco Labastida. El encabronamiento hizo presidente a Vicente Fox.

Más tarde, los mexicanos se enojaron por la ineficiencia del PAN y extrañaron el tiempo del PRI. Desde luego que entre los panistas había políticos excelentes, pero ya no les creyeron ni les dieron crédito. Ya no gustó su estilo ni su discurso y ni siquiera su presencia. El encabronamiento hizo presidente a Enrique Peña.

Después, en el 2018, los mexicanos se enojaron con las raterías de varios de los integrantes del gobierno en turno. Es cierto que no todos eran rateros, así como no todos eran honestos. Pero el enojo los agarró parejo, y los electores ya no quisieron que ese grupo gobernara ni el país ni el Congreso ni los estados. Se olvidaron de sus méritos, les quitaron todo y el encabronamiento hizo presidente a AMLO.

Así llegamos a los tiempos actuales. Ahora, la cólera es más intensa porque a la rabia de hoy se ha acumulado la furia del pasado. Al actual gobierno se le imputa lo dictatorial del priismo, la inutilidad del panismo y los propios pecados del morenismo.

Los consideran dictadorzuelos, tarugos, bandidos, mentirosos, cobardes, traidores y cínicos. No digo que lo sean ni que no lo sean porque tan sólo me consta su comportamiento con la Constitución, con la inteligencia y con la verdad. Pero nada me consta de su honestidad, de su lealtad o de su valentía. Tan sólo digo cómo los etiquetan.

Como nunca antes, la política se ha polarizado. Todos los días, el gobierno ofende a los ciudadanos y todos los días los ciudadanos insultan al gobierno. Esto es novedoso por lo menos con esa frecuencia, con esa transparencia y con esa inquina. Esta rabieta estará en las urnas.

Nunca como hoy, la contienda ha llegado a tales niveles de violencia. La amenaza, la agresión y el homicidio ya son parte del equipo de campaña. Además, lo hemos escuchado en el discurso del más alto nivel de contienda. Ante una audiencia de millones, las dos candidatas han intercambiado palabras de grueso calibre. Corrupta le dijeron a una y narcocandidata a la otra. Traspasaron el Manual de Urbanidad y se metieron al Código Penal. Este furor estará en las boletas.

Nunca como en este tiempo, la furia votará y la furia puede ganar. El poderoso partido de la abstención aportará como 30 millones de votos (mdv). El partido del continuismo aportará como 25 mdv a su candidata. El partido del encabronamiento aportará como otros 25 mdv a la suya. Descontando los de Máynez, quedan en el aire tan sólo 6 mdv reales. Como se dividan esa pizca, tendremos presidenta.

Temas: