La República indecisa

Muchos ciudadanos piensan que los gobiernos son desleales, mentirosos, crueles e indolentes.

Para Ricardo Sodi, en esta mala hora.

Algo está pasando en la teoría y en la práctica del poder político. En los Estados Unidos, durante casi 200 años nunca perdió la elección un presidente contendiente. Sin embargo, en los últimos 40 años perdieron Gerald Ford, James Carter, George Bush y Donald Trump. En México, durante 70 años nunca perdió el partido gobernante y en los últimos 20 años perdió en tres ocasiones.

Los ciudadanos se decepcionan. Elegir no es fácil. Cada sexenio los mexicanos tenemos que elegir a 15 funcionarios. No está por demás decir que salvo al Presidente, al gobernador y quizá al alcalde, de los otros 12 no sabemos ni su nombre, ni sus virtudes, ni sus defectos. Es más, ni nos interesa saber de ellos. Saben ¿por qué? Porque no confiamos en ellos y no sentimos que sirvan para algo.

Aunque es muy duro decirlo, estamos viviendo tiempos en los que muchos ciudadanos piensan que los gobiernos son organizaciones desleales, mentirosas, ambiciosas, onerosas, corruptas, tramposas, abusivas, burlonas, crueles, indolentes e innecesarias. Que ellos son los culpables de la perturbación del quehacer público y de la contaminación del ejercicio político.

Y es aquí en donde surge mi incógnita y mi dilema. ¿Qué está mal? ¿O los ciudadanos por ser indolentes, apáticos y analgésicos? ¿O los gobernantes por ser inútiles, repulsivos y repugnantes? Sólo una radiografía política nos podría ayudar para un diagnóstico. Un diagnóstico para un pronóstico. Y un pronóstico para una terapéutica.

Nos parecen ineptos ante los problemas fundamentales como lo son el del empleo, el del ingreso, el de la educación, el de la salud, el de la vivienda, el de la seguridad, el de la justicia, el de la libertad y el de la esperanza. Pero también el de la contaminación, el del transporte, el de la democracia, el de la soberanía, el de la gobernabilidad, el de las exportaciones, el de los impuestos y mil más.

No tenemos una idea clara de las cualidades y atributos que debiera tener la próxima presidenta mexicana. Podemos pensar en la inteligencia, la valentía o la bondad. Podemos pensar en la lealtad, la honestidad o la humildad. Podemos pensar en el patriotismo, la grandeza o la justicia. Podemos pensar en la imagen, el estilo o la elocuencia. Podemos pensar en el conocimiento, la experiencia o el prestigio.

Nos preocupa que ellas pudieran pensar que la seguridad es un asunto de policías y patrullas, que la educación es un tema de libros de texto o que la salud es una cuestión de farmacias. Eso sería tan absurdo como confundir la democracia con la libertad, o la soberanía con la independencia, o la justicia con la igualdad.

También debe considerarse a los que las van a rodear porque el equipo es muy importante. Así que imagine por unos segundos al secretario de Gobernación o al secretario de Hacienda que tendrían. Ahora va más difícil y piense en el secretario de Salud y en el secretario de Educación. Bueno, piense en los directores de Pemex y del IMSS. Si ya se asustó con lo que estamos haciendo descanse un rato y respire profundo.

Lo que no se vale será no votar. Tomemos nuestras decisiones y no nos quejemos de que otros las toman por nosotros. Al final de cuentas, el país es nuestro, aunque no lo parezca. Son dos minutos dentro de una casilla electoral que deciden nuestros próximos 20 o 40 años mexicanos.

Creo que con los apuntes que haga, con las consultas que formule y con el tiempo que pierda logrará precisar cuál es su ubicación dentro del universo político. Este ejercicio es como un sextante, aquel viejo artefacto que usaban los navegantes con el que, triangulando la posición de tres estrellas, sabían el sitio exacto de la tierra en donde ellos se encontraban en cada momento.

Así, use su sextante político. Vea a las candidatas como si fueran cuerpos celestes. Imagínese a usted mismo, pero con los pies en la Tierra. Todo esto le ayudará a saber dónde está parado, a cuál lugar va usted a llegar y dónde van a estar las próximas generaciones.

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