La promesa de la barbarie

Me alienta el gabinete designado por Claudia Sheinbaum. Creo que el 80% son mucho mejores que los actuales. Eso es ganancia. Son serios y tienen sólidos currículums. Eso es un buen comienzo. Y el 20% de los que son malitos no son peores que los anteriores. Eso es empate.En resumen, hay mucho que esperar con lo que viene y nada que lamentar con lo que se va.

Con el que pronto se iniciará, llevaremos ocho sexenios en los que nos han prometido que desaparecerán la criminalidad y la impunidad. Hace 40 años, mi entonces tierna edad y conmovedora ingenuidad me llevaron a creer en sus palabras. ¡Bendita inconsciencia!, que nos da tranquilidad y felicidad.

Adicionalmente, en ese entonces comencé a trabajar en la procuración de justicia bajo la jefatura de un procurador serio y respetado. Todo parecía indicar que se estaba fundando la nación de la honestidad y que decaería la parte bárbara de nuestra sociedad. Sin embargo, viviendo dentro de ese monstruo, en tan sólo un año dejé de ser joven, pese a que apenas rebasaba los 30 años, pero, además, dejé de ser ingenuo, para mi bien y para mi mal.

Esta evocación parece muy personal, pero la utilizo para afirmar que, antes de eso, yo llegué a pensar que casi todos deseábamos un mundo donde nadie quisiera robar al presupuesto ni al fisco ni a los consumidores ni a los proveedores ni a los ahorradores ni a los automovilistas ni a los peatones ni a los pacientes y ni a los clientes. Donde nadie matara ni violara ni extorsionara ni secuestrara ni traficara.

Pero, desde ese primer año hasta que salí de la caverna de la procuración, después de tres sexenios de estar allí, me percaté de que esa bestialidad no tendría pronta decadencia sino, por el contrario, lograría un pleno apogeo.

Frente a ello, debemos ser realistas. Si lo decimos con claridad, ¿en verdad, todos los gobernados quieren que nuestros gobiernos apliquen las leyes? ¿Todos los gobernantes quieren legalidad, honestidad y justicia? ¿Todos los mexicanos quieren castigo para el infractor? No creo que podamos estar muy seguros de ello.

El gobierno honesto funciona bien en las sociedades honestas, como Finlandia y Dinamarca. Pero en nuestra región no siempre sería grato, porque el gobierno honesto también exige que lo sean los ciudadanos. Y, mientras más cumplidor lo es de su honestidad, más la exige de sus gobernados.

El gobierno que no delinque no permite que los ciudadanos violen la ley laboral ni la ley fiscal ni, mucho menos, la ley penal. Vamos, ni siquiera lo permite con la ley vial. Castiga fieramente al que no paga los impuestos, pero también al que no respeta la velocidad de tránsito.

En México, eso llevaría a una apariencia de represión porque la infracción no es excepcional sino generalizada. Se tendría que encarcelar entre 1 y 2 millones de personas y eso parecería un gobierno represor más que muchas de las dictaduras recientes.

También tengamos cuidado con los jueces que buscan el favor de los electores. La sociedad siempre estará en contra del fisco y a favor del evasor. Siempre a favor del que no pagó la deuda y en contra del que quiere cobrar lo suyo. La sociedad casi siempre está en contra de la policía, de la fiscalía y del tribunal. La aplicación de la ley se llega a considerar como una perversión política y moral.

A pesar de que tantos sexenios me quemé con la leche, ya no le soplo al próximo gobierno. Me alienta el gabinete designado por Claudia Sheinbaum. Creo que el 80% son mucho mejores que los actuales. Eso es ganancia. Son serios y tienen sólidos currículums. Eso es un buen comienzo. Y el 20% de los que son malitos no son peores que los anteriores. Eso es empate. En resumen, hay mucho que esperar con lo que viene y nada que lamentar con lo que se va.

Ya lo he dicho y lo repito. El gobierno nunca ha cumplido su promesa, pero el crimen sí ha cumplido. El factor diferencial es la seriedad. El gobierno no es serio, pero el cártel sí es serio. En el cártel, el que no cumple, desaparece o se muere. En el gobierno, el que no cumple, se burla y asciende. No podemos con lo nuestro y Vance quiere que cooperemos con ellos. El que le pide peras al olmo es un farsante o es un demente. Los olmos no dan peras y los cocodrilos no vuelan.

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