La majestad de la justicia
Como abogado y como mexiquense, siempre he estado atento a lo que sucede con la justicia en el Estado de México. Ricardo Sodi ha trabajado ya cuatro años como Presidente del Tribunal de Justicia. Lo ha hecho sin descanso y sin cansancio, honrando su encomienda y su cometido.
Valoro mucho a quienes respetan y honran la majestad de la justicia. Comparto una vivencia que viene al caso. Hace muchos años, el entonces Presidente de México me invitó a ser ministro de la Suprema Corte. Desde luego, me sentí honrado, pero al mismo tiempo me sentí turbado. En la alta política está prohibido rechazar una invitación presidencial, pero es obligado expresar las inconveniencias, si es que las hay. Y procedí a explicarme.
Le dije que yo era uno de sus colaboradores jurídicos importantes y eso me supondría como un ministro sirviente. Que yo era su amigo desde la juventud y eso me supondría como un ministro complaciente. Que yo era de los obreros de su obra jurídica, la más humanista y nacionalista de todo sexenio. Y eso me supondría como un ministro dependiente.
Que, injustamente para ambos, de él se burlarían los políticos, los analistas y los comunicadores. Y que de mí se burlarían los ministros, los abogados y hasta los empleados del estacionamiento judicial. Que, bajo un constante escrutinio y sin análisis ni argumentos, cuando yo resolviera a favor del gobierno se diría que soy un pútrido y cuando yo resolviera en su contra se diría que soy un pérfido.
Me miró, me abrazó y me concedió la razón. Él salvó su autoridad. Yo salvé mi dignidad. Y la justicia salvó su majestad.
Valoro mucho a quienes respetan y honran la majestad de la justicia. Como abogado y como mexiquense, siempre he estado atento a lo que sucede con la justicia local. Ricardo Sodi ha trabajado ya cuatro años como Presidente del Tribunal de Justicia. Lo ha hecho sin descanso y sin cansancio, honrando su encomienda y su cometido. Hemos platicado en muchas ocasiones y estoy convencido de su constante voluntad, como la llamaría Ulpiano.
Ante todo, Ricardo Sodi piensa en la Constitución, en las leyes y en el Estado de derecho. Que los tribunales obedecen a la justicia u obedecen a sus dueños. Que la justicia es un drama de personas, no una chamba de gobernantes. Que la justicia es una obligación, no una concesión. Que la justicia no se negocia en la mesa de la política, del dinero o del capricho. Así la ha honrado y la ha engalanado de majestad.
Es un presidente de tribunal que considera que el requerimiento de la justicia no es solamente formal, sino material. Que la justicia no necesariamente triunfa cuando se adquiere o se protege un derecho. Que la justicia triunfa o se derrota por la manera como se adquiere o se defiende ese derecho.
Que el conflicto entre los medios y los fines es inexistente cuando se refiere al Estado de derecho. El Estado de justicia no puede triunfar parcialmente. Si descuida los fines por atender los medios o si claudica en los medios por obstinarse en los fines habrá vencido en fracciones, y cuando la justicia triunfa a medias, en realidad quien ha vencido es la injusticia.
De esa manera, el presidente y todo el equipo judicial han logrado que un tribunal agobiado por la enorme cantidad de requerimientos y sacrificado por la pequeña cantidad de recursos, cumpla majestuosamente y sea un ejemplo ante la judicatura mexicana.
El Estado moderno se generó el día en que los hombres consideraron que todos los gobernantes y todos los gobernados deben estar sometidos al imperio de la ley y que ésta debe someter a todos para proteger a todos. A partir del establecimiento del Estado de derecho los hombres nos erguimos, nuestras extremidades dejaron de llamarse patas y nos diferenciamos de las demás especies. En la historia y en la vida del hombre, la existencia del Estado de derecho significó haber salido de las cavernas.
Pero la involución regresiva puede darse en una sola generación. La fuerza de una cadena es igual a la fuerza del más débil de sus eslabones. Cada generación futura tendrá que cuidarse de no ser el eslabón que nos regrese a las cavernas.
Bien se ha dicho que la justicia es mejor que la victoria. Por eso valoro mucho a quienes respetan y honran la majestad de la justicia.
