La hora de la verdad
La primera obligación de la próxima presidenta será el diseño de un sistema de una alta ingeniería política que, hasta ahora, no se ha aplicado en país alguno. Todo esto a partir de que su presidencia será frágil, como lo es todo nuestro sistema. Tengamos a la vista el botón de pánico. Hay dos tipos de países. Los que son lo que quisieron ser y los que son lo que les salió
Llegó la hora de la verdad. La gobernabilidad mexicana está herida de muerte. Si no recibe de inmediato la oxigenación de fuertes dosis de legitimación política y de liderazgo real, estaremos a las puertas de una disfunción de Estado de proporciones catastróficas. Esto nos presenta advertencias reales que nos obligan a prevenciones reales.
La primera obligación de la próxima presidenta será el diseño de un sistema de una alta ingeniería política que, hasta ahora, no se ha aplicado en país alguno. Todo esto a partir de que su presidencia será frágil, como lo es todo nuestro sistema.
Tengamos a la vista el botón de pánico. Hay dos tipos de países. Los que son lo que quisieron ser y los que son lo que les salió. Estados Unidos y Alemania son su propia obra. Haití y la India son lo que les salió. Al grupo al que México pertenezca en el futuro depende de lo que nosotros elijamos.
Habrá que olvidarnos del sistema monolítico de la Presidencia-siglo XX para adoptar un diseño aritmético de cohabitación, como lo han hecho en Francia en sus grandes conflictos. Pero, además, agregarle un sistema geométrico de coalición, como lo han hecho en Inglaterra en sus grandes infortunios. Pero, además, sumarle un sistema trigonométrico de cogobierno, como lo ha hecho EU en sus grandes dificultades. Pero, además, completarle con un sistema poliédrico de coparticipación, como no se ha hecho nunca.
Otro día ya hablaremos de ciencia política. Por lo pronto, me apartaré de las palabras de los conocedores y lo diré en mis palabras del diario. Ninguna presidenta podrá gobernar “sin los de enfrente”. Ni Xóchitl podrá gobernar sin Morena, aunque no quiera; ni Claudia podrá gobernar sin el PRIAN, aunque no quiera; y ninguna podrá gobernar sin nosotros los gobernados, aunque no quieran.
Ante esto, nos surge otra interrogante. ¿Quién se merece la Presidencia? Nosotros diríamos que quien supiera gobernar. Quien tuviera al mejor guerrero para ganar la guerra. Al mejor pacifista para ganar la paz. Al mejor financiero para que tengamos dinero. Al mejor en cada especialidad para que logremos bienestar, salud, seguridad, educación e infraestructura. Quien tuviera al mejor político para que los legisladores le den su aprobación sin tener que presionarlos y quien tuviera al mejor abogado para que los jueces le den la razón sin tener que amenazarlos.
Lo explico con una sola acción. Necesitan un verdadero secretario de Gobernación que sea ingeniero de sistemas políticos, médico de emergencias de gobierno y abogado de conflictos de poder. Que lo escuchen, le teman y lo respeten en el gabinete, en San Lázaro, en Pino Suárez, en Sotelo, en los partidos y en las gubernaturas, en los bancos y en los sindicatos, en los medios y en las universidades.
¡Vamos!, hasta para que lo respeten en Washington o, de menos, para que nos respete Ecuador. Con buenas credenciales, veo que Xóchitl tendría tres y Claudia también tendría tres. Pero no estoy tan seguro de si ellas quieren lo mismo que yo quiero.
Ese clon de Cid Campeador y Genio de la Lámpara puede suplir algunos atributos. Sin embargo, hay otros que jamás se podrían dotar a una jefa si no los tiene. ¿Con cuántos funcionarios se convierte en valiente a una gobernante cobarde? ¿Cuántos congresistas se necesitan para convertir en leal a una traidora? ¿Cuántas encuestas convierten en patriota a quien no lo es? ¿Con cuántos votos se convierte en inteligente a una idiota?
Llegó la hora de la verdad. Lo que no se vale será no votar. Son diez minutos dentro de una casilla electoral que deciden los próximos 20 o 40 años mexicanos. La Presidencia de la República nunca se la merece el cinismo, la irresponsabilidad, la intriga, el odio, la ambición, la cobardía, la vanidad ni la soberbia. Pero siempre se la merece la seriedad, la lealtad, la madurez, la valentía, la justicia y, sobre todo, el patriotismo.
Ojalá que le vaya muy bien a México. De verdad que ya se lo merece.
