Grande el voto y más grande el exvoto
Las abuelas recomendaban tener mucho cuidado con lo que se recibe. Un suculento salario o un ostentoso regalo o una apetitosa propina pueden significar valoración, generosidad o gratitud. Pero también pueden anunciar interés, anticipo o mercadeo.
En los viejos tiempos, cuando era muy grande el milagro solicitado, también era muy grande el pago prometido. Del tamaño del don requerido tenía que ser el tamaño de la dádiva ofrecida. Según el favor, es la manda. Según el voto, es el exvoto.
En México arraigó esa creencia sinalagmática. Hasta hay un famoso barrio capitalino con los nombres de los que pagaron con templos, montepíos, hospicios, nosocomios, escuelas, manicomios, guarderías, asilos y reclusorios.
Quizá por eso las abuelas recomendaban tener mucho cuidado con lo que se recibe. Un suculento salario o un ostentoso regalo o una apetitosa propina pueden significar valoración, generosidad o gratitud. Pero también pueden anunciar interés, anticipo o mercadeo.
Así también sucede en la alta política. Una generosidad presupuestaria puede comprometer a una importante dependencia. Es bien sabido que cuesta más una “gorra” que un sombrero galoneado. Pero si los diputados le regatean el dinero, pues no tienen ni cara para reclamarle nada.
Es por eso, volviendo a nuestro título-refrán, que cuando alguien pone mucha limosna es que trae un gran pecado que limpiar o un gran milagro que lograr. Sin embargo, esto no ha germinado en México, por varias razones.
La primera es porque los mexicanos todavía nos encontramos en un estado patriarcal o paternal de nuestro sistema político, donde el gobernante no es un servidor, sino un padre, y los gobernados estamos sujetos a su patria potestad. Él nos da a su gusto y nosotros nos conformamos a nuestro pesar.
La segunda es porque ese infantilismo político nos coloca en una total inconsciencia de los asuntos públicos. En realidad, los gobernantes no saben cuáles son todas sus obligaciones ni los gobernados sabemos cuáles son todos nuestros derechos.
Por eso, ellos no saben cumplir y nosotros nos sabemos exigir. No tenemos método ni práctica para hacerlo. Cuando mucho, recurrimos a la calle en manifestación, en plantón o en bloqueo, que casi siempre poco le preocupa al gobernante.
La tercera es porque toda nuestra clase política de todos los partidos y de todos los sexenios se han empeñado en que sigamos en esa condición infantil. Han tenido éxito y, por eso, la democracia mexicana ha fracasado. Jesús Reyes Heroles alertaba sobre lo que llamó el desarrollo político o maduración de gobernantes y gobernados.
Así lo estipuló en su reforma política, pero ésta ha sido congelada. Por ello, el más importante invento político mexicano durante los últimos 50 años ha sido un plástico con fotografía y no un sistema de poder que consolide las potestades gubernamentales y los privilegios ciudadanos.
Habrá de llegar el momento en que los gobernados sepan exigir. Quizá comiencen por un primer plano donde los temas son del interés y de la comprensión más generalizada. Ellos son la seguridad, las medicinas, las escuelas, las guardarías, los servicios urbanos, el agua, el transporte, los hospitales y los precios de la luz, del agua o de la gasolina.
Hay un segundo plano para temas de interesados más conocedores, tales como la corrupción, el crecimiento, la contaminación, la energía y la justicia. Y un tercer plano donde podríamos anotar el destino del sistema federal, del equilibrio de poderes, de la participación democrática, de los espacios de libertad y del imperio de la soberanía.
La futura Presidenta logró el récord electoral. Ha sido muy grande el óbolo. Supongo que, para corresponder, los mexicanos recibirán uno o varios milagrotes. Que no nos repitan una vez más la insolvencia milagrosa que los creyentes le atribuían a San Alejo.
Repito que el gabinete anunciado es una buena promesa, en términos generales. Tan sólo comparemos con el gabinete anunciado hace 6 años, el cual aseguraba que el sexenio fuera tal como fue. No hubo engaño ni fracaso. Con ese equipo nada se prometió y nada se cumplió. Para el milagro no nos falló ni el rezo ni la manda, sino que tan sólo nos falló el santo.
