Excélsior 3 de octubre

Enfrentó a Gustavo Díaz Ordaz, un presidente muy severo, muy temerario y muy represor.

Excélsior ha sido, en muchos de sus 108 años, la principal presencia de valentía y de contención ante un poder político absoluto, monolítico y unipersonal. Sin esta presencia, México se hubiera tiranizado y nos hubiéramos embrutecido. Aún en un México que no siempre fue ni el más abierto ni el más tolerante supo conservar su independencia de criterio y su libertad de opinión.

Si alguien lo duda, podría recomendarle ver la edición matutina del 3 de octubre de 1968, que fue una oposición demoledora a la represión diazordacista. Ese jueves cambió la prensa mexicana, antes mansa y obediente con el gobierno. La orden oficial fue que los sucesos de la noche anterior no aparecieran en la primera plana.

Excélsior no obedeció a la Presidencia de la República y, con eso, no se enfrentó a un presidente que tan sólo fuera burlón, bravero o guango. Se enfrentó ni más ni menos, a Gustavo Díaz Ordaz, un presidente muy severo, muy temerario y muy represor.

El viernes 4, Abel Quezada publicó allí su legendario cartón negro intitulado ¿Por qué? Se dice y no lo dudo que la inmediata reacción del presidente Díaz Ordaz fue de coraje ante el desacato y que el primer castigo que pensó fue la clausura de El Periódico de la Vida Nacional. Las siguientes venganzas serían peores.

Pero, en esos días, México era la noticia mundial por Los Juegos Olímpicos, que se inaugurarían el 12 de octubre. Periodistas, dirigentes y deportistas ya estaban instalados aquí. El mundo libre resentía la represión soviética en Praga. Desde el Mayo de París la juventud libre había dado a la humanidad la frase emblemática de “prohibido prohibir”.

Díaz Ordaz tuvo que aguantarse su bilis y Excélsior se salvó. Si el 2 de octubre hubiera sido el 2 de noviembre hubiéramos perdido periódicos, garantías constitucionales, ruta, destino y muchas vidas.

Esos días fueron de furia, de odio y de violencia. Soy de la juventud universitaria del 68 y no sólo lo viví, sino que lo sufrí. Por eso, junto a las tinieblas del momento, esa hazaña la sentí como una luz de esperanza. Si siempre había tenido a Excélsior como un referente ineludible, a partir de ese día me inspiró un respeto indiscutible y hoy, como articulista decano, un orgullo indescriptible.

Después lo acosarían diferentes gobiernos. En 1976 hubo un golpe oficial que defenestró a la dirigencia del periódico. Más tarde habría ataques financieros, jurídicos, patrimoniales y hasta personales. Para el 2000, ya había sido el diario más incómodo para seis gobiernos y estuvo a punto de desaparecer, de no ser por la mano salvadora y el brazo valiente de Olegario Vázquez Raña.

Excélsior siempre ha sido incluyente y valiente. Su único compromiso ha sido con la verdad objetiva, con la información imparcial y con la opinión plural. Sus plumas políticas han incluido a priistas, a panistas, a morenistas y a apartidistas. Sus plumas económicas han sido de comunistas y de capitalistas. De empresarios, de profesionistas y de obreros. De ideólogos y de activistas.

Casi todos los días los criterios plurales ocupan la misma plana. Con ello se informa al lector y se ayuda a formar opinión. Nunca se ha aplicado al ataque ilógico ni a la defensa autómata. Por el contrario, siempre ha apoyado a los gobiernos en lo que ello pueda servir a la sociedad y ha apoyado a los ciudadanos, en lo que ello pueda servir a la nación.

Por eso es de saludar el salvamento de Excélsior y su invaluable presencia actual, gracias a la labor realizada por Olegario Vázquez Aldir, Ernesto Rivera, Pascal Beltrán del Río y todo su equipo. Ellos nos convencen de que mientras el hombre tenga una pluma en la mano, jamás podrá ser sometido por los demás hombres.

Desde mi juventud aprendí que siempre hay un 3 de octubre para afianzar nuestras libertades, siempre hay un 4 de octubre para aclarar nuestras tinieblas y siempre hay un 12 de octubre para restaurar nuestras concordias. Y todo ello, para asegurarnos que nunca más se repita un 2 de octubre.

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