El miedo a la libertad
Lo mejor es mucha autoridad y mucha libertad. Lo intermedio es tener una de las dos. Lo peor es la libertad restringida y la autoridad derruida. El triunfo de ambas no es sencillo, sino complejo.
Tomo prestado el título de Erich Fromm porque Donald Trump me lo ha recordado en estos días. En muchos países las libertades están sufriendo deterioro. Esto se origina en el miedo que los gobernantes de perfil autócrata le tienen a los hombres y mujeres libres.
En Estados Unidos, las libertades están protegidas por una garantía constitucional que conocemos como Primera Enmienda y que corresponde en nuestra Constitución a SIETE garantías en diversos artículos. Ellas son la libertad de persona (1), la de trabajo (5), la de expresión (6), la de prensa (7), la de petición (8), la de manifestación (9) y la de religión (24).
El pueblo de Estados Unidos ama su libertad más que a su riqueza y más que a su poder. Después de 250 años de avanzar sin retroceso, hoy amenazan vientos de Fronda en the land of the free, como dice su noble himno. No es un camino seguro para el gobernante que se aventura a ser dictadorzuelo. No recuerdo, en su historia, a ninguno que se haya atrevido a serlo.
El miedo a la libertad anida en los gobernantes despóticos porque todos han sido muy cobardes, a lo largo de la historia. Los gobernantes valientes han sido los comprometidos con el respeto y la defensa de sus constituciones.
Esto se les complica de origen. Existen tres libertades que no pueden ser reprimidas y, por lo tanto, que no necesitan ser permitidas. La libertad de pensar, la libertad de querer y la libertad de ser. Ningún tirano puede impedir que yo sea quien soy. Ningún dictador puede prohibir que yo quiera lo que quiero. Y ningún déspota puede obligar a que yo no piense lo que pienso.
Esas libertades los aterran porque a los fabricantes de ideas les tienen más miedo que a los fabricantes de drogas, que a los fabricantes de armas o que a los autores de crímenes. Esto lo platiqué desde hace 40 años con mi extrañado amigo Giuseppe Amara, el más cercano discípulo de Erich Fromm, sin imaginar los tiempos actuales.
Mucho ganarían esos comendadores si leyeran El Príncipe, de Nicolás Maquiavelo (1513); El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry (1943); y El Nuevo Príncipe, de Dick Morris (2002). En el asunto que nos concierne, los tres están explicados en mi modesto apunte La Teoría del Poder como Ciencia Exacta (2017). Con ello pueden entender y comprender que el poder es un material rígido que no admite ni caprichos ni fantasías ni extravagancias.
Hay un indicador político infalible. El gobernante restrictivo de la libertad lo es porque se sabe de frágil autoridad. En su terror pánico les quita la libertad, creyendo que les quita el arma. Pero, también en eso fracasa, porque las verdaderas armas son las ideas de libertad, no la libertad de ideas. Y las ideas no hay quien las pueda quitar.
La libertad y la autoridad forman una ecuación con cuatro variables. Lo mejor es mucha autoridad y mucha libertad. Lo intermedio es tener una de las dos. Lo peor es la libertad restringida y la autoridad derruida. El triunfo de ambas no es sencillo, sino complejo. En muchas ocasiones, el triunfo de la autoridad se paga con cargo a la libertad, así como muchas veces la victoria de la libertad se paga con cargo a la autoridad.
Por eso, hemos vivido largas épocas de mucha autoridad y poca libertad, así como otras de mucha libertad y poca autoridad. Por lo pronto, tengo miedo de que los tiempos actuales nos lleven a la vergonzosa derrota histórica de no haber entronizado nuestra autoridad, al mismo tiempo de no haber consolidado nuestra libertad.
Pero tengo mucha confianza en que nuestras próximas generaciones logren combinar la mucha autoridad con la mucha libertad. No tengo duda alguna de que al final de cuentas la autoridad del Estado un día se extinguirá en la forma que la conocemos en este siglo XXI. En eso coincide la ciencia política de todo el mundo. Pero la libertad del hombre jamás se extinguirá mientras exista la humanidad.
Gabriel Celaya diría que la libertad es una poderosa arma muy cargada de futuro.
