Eclipse total de política
Vivimos en un eclipse total en la política de todo el mundo y no tan sólo en la mexicana. Lo menor encubre a lo mayor. Lo más cercano esconde a lo más lejano. Ése es el truco esencial de los charlots y ésa es la engañifa principal de los políticos. Si vemos hacia el pasado, advertiremos que lo reciente encubre a lo remoto. La noticia se sobrepone a la historia.
El principio de oclusión es un axioma de la ciencia óptica que nos dice que los objetos más cercanos ocultan a los más lejanos. En palabras llanas, que lo que está adelante nos impide ver lo que está detrás. En la política, también los sucesos más cercanos en el tiempo nos impiden ver a los más lejanos.
Vivimos en un eclipse total en la política de todo el mundo y no tan sólo en la mexicana. Lo menor encubre a lo mayor. Lo más cercano esconde a lo más lejano. Ése es el truco esencial de los charlots y ésa es la engañifa principal de los políticos.
Si vemos hacia el pasado, advertiremos que lo reciente encubre a lo remoto. La noticia se sobrepone a la historia. Ahora bien, si vemos hacia el futuro, notaremos que la oclusión es más grave que hacia el pasado. Nos parece más importante saber quién será la próxima presidente que entender cómo será, cómo pensará y cómo vivirá la próxima generación.
Quizá por eso se ha dicho que los verdaderos estadistas piensan en las próximas generaciones; los políticos, en el próximo sexenio, y los individuos comunes, en la próxima quincena.
El eclipse oscurece, oculta y obnubila. Hay retrocesos en las democracias. Hay quienes no quieren otras presencias que no sean las suyas. Que no haya otros poderes ni otras ideas ni otros partidos ni otras voces. Que nadie disienta, que nadie discuta y que nadie dispute. Edad Media de alta tecnología. Estulticia natural en tiempos de inteligencia artificial.
En algunas zonas del Levante, hoy la furia elige entre matar o morir, pero jamás convivir. Creo que hay razones por las que es obligado morir, pero que no existen razones por las que sea obligatorio matar. Se mueren ellos o nos morimos todos no sólo es violento, cruel o injusto sino, además, estúpido. Para eso piden que no los estorben ni el Papa ni la ONU ni los pacifistas ni los abogados ni los mediadores.
En La teoría del poder como ciencia exacta, publicada el 2017, explico muchas guerras, aunque no las justifico. Pero esta escapa a la razón y a la sin-razón. En los últimos 40 siglos todas las guerras han sido por lo que yo quiero tener, aunque no sea mío. Ésta es la única que ha sido por lo que yo no quiero que tú tengas, aunque sea tuyo.
Si se invocan razones de la historia, México sería de Carlos V o de Moctezuma II, pero no de los mexicanos. Recordemos que eran monarcas absolutos. Su reino era de ellos, no de nosotros. No eran un imperio-republicano, por inventar un nombre para un disparate. Si se invocan razones de derecho, Texas sería de México y Nueva York sería de España. Si invocamos razones de la política, triunfa la ecuación de la lógica.
En todo el mundo se vive en un eclipse político. La política está oscura y anormal o, por lo menos, inexplicable. Tan sólo medio se salvan Xi Jinping, Narendra Modi y Emmanuel Macron.
Porque los quiero bien, me duelen Estados Unidos y España, ya que han vivido la mitad de este siglo, exactamente 12 años, bajo gobiernos que nos llevan a la condolencia, que de ninguna manera a la burla. Espero que los hispanos y los estadunidenses no me increpen con aquello de la paja y la viga. En la América Latina, hoy Lula da Silva ya luce como el gobernante más serio. Ya ni veamos al resto de la región.
Sin embargo, para nuestra fortuna, la capacidad psíquica vence a la oclusión física. La mente es más poderosa que la vista y eso nos permite percibir lo que está oculto. Cuando tocan a la puerta sabemos que hay alguien detrás de ella, aunque no lo veamos. Ésa es la principal virtud del verdadero político. Vista aguda, para ver todo lo que sucede. Visión de fondo, para ver lo que va a suceder y que aún no llega. Videncia profunda, para ver lo que los demás no pueden ver.
Los eclipses astronómicos tan sólo duran minutos u horas. En cambio, los eclipses políticos duran años o generaciones. Ésa es la mala noticia. Pero la buena es que no hay mal gobierno que dure cien años ni pueblo que se los aguante.
