Dictadura perfecta y democracia imperfecta
México es una partidocracia donde los ciudadanos nada tenemos que ver con las postulaciones de las cúpulas. Y es una nicecracia porque produce un gobierno de vencedores, no un gobierno del pueblo. Y no me vengan con que esos vencedoresson nuestros representantes y que trabajan para nuestro bien
La democracia es un sistema de gobierno, no un postulado de política. Otro día platicaré sus diferencias. Pero hoy tan sólo diré que se ha canonizado a la democracia. Bajo el engaño de que otorga el mando a los ciudadanos, muchos pueblos han vendido el alma.
Eso ha sido diabólico y ya los mexicanos hemos probado los acíbares de la dictadura perfecta y de la democracia imperfecta, bautizo de Mario Vargas Llosa y de Aristóteles de Estagira, respectivamente. Según ellos, México habría vivido 70 años de una buena dictadura y, luego, 25 años de una mala democracia.
La democracia es un método de designación, pero no una promesa de gobierno exitoso. No se ha inventado método seguro. Ni el democrático de las repúblicas ni el hereditario de las monarquías ni el cavernario de los cuartelazos. Los electores se equivocan con frecuencia. En las últimas 10 elecciones presidenciales mexicanas, la mitad de los presidentes han sido una equivocación electoral.
México es una partidocracia donde los ciudadanos nada tenemos que ver con las postulaciones de las cúpulas. Y es una nicecracia porque produce un gobierno de vencedores, no un gobierno del pueblo. Y no me vengan con que esos vencedores son nuestros representantes y que trabajan para nuestro bien.
Los postulados son dogmáticos y nos unifican a todos. Nadie está en contra de la libertad, de la justicia o de la paz. Pero, en los sistemas son polémicos y nos divergen. Hay millones de mexicanos a los que les gusta mucho la democracia, aunque no saben ni la razón. Y hay millones de mexicanos a los que les gusta mucho la dictadura, aunque les apena confesarlo.
En estos días veo muchas polémicas y tomo tres de ellas. Una es el affaire Adán-Hernán. Hay voces de uno y de otro lado. Como abogado, yo creo que no pasará a mayores, salvo que Hernán cante fuera de México y eso produzca una acción extranjera contra Adán. Como político, yo creo que el golpe ya está dado, que es de muy alto nivel y que tiene efectos de nocaut. Lo deduzco, al triangular la reciente comunicación militar, la actuación del actual gobernador y la declaración del secretario de Seguridad.
Otro es el affaire de las estatuas cubanas que produce voces encontradas. A mí, como mexicano, tanto Fidel como el Che me valen nada. Ni los venero ni los detesto. No tengo recuerdo de que hayan dañado a México en algo. Y no tengo registro de que los mexicanos les debamos algo.
Por último, el fentanilo ha desatado una polémica internacional ignara. Casi todos los mayores de 30 años ni siquiera sabemos si es una droga o un componente. Pero, junto al fentanilo, las demás drogas son de guasa. La clase gobernante mundial no sabe si es un asunto de policías, de médicos, de maestros o de familias. Pero la estadística de drogas nos dice que más lograron los programas preventivos de Nancy Reagan que todas las agencias oficiales de su superpresidencial marido.
He dejado para el final nuestro papel en la democracia. Nosotros, los ciudadanos, somos quienes tenemos que limpiar las ollas sucias y pagar los platos rotos. Los que tenemos que elegir entre las sopas o mondongos que nos ofrecen los partidos y aguantar los fracasos y desastres de las autoridades. Todo eso, sin que se admita reclamación alguna.
He tenido la suerte de no ilusionarme y de no decepcionarme. La vida me compensa con esperanzas y con realidades. Algunas mañanas, voy a la universidad y allí platico de una democracia preciosa y de una dictadura pavorosa. Por el contrario, diario me dirijo al bufete y allí pienso en la realidad de los gobernantes y de los ciudadanos, de las fiscalías y de los tribunales, de los victimarios y de las víctimas.
Respiro muy profundo, asiento muy bien los pies y mucho disfruto que me gusta soñar y que me gusta despertar. Pero nunca los mezclo y, gracias a eso, nunca despierto soñando, porque no soy sonámbulo, así como nunca sueño despierto porque no soy tarugo.
