¡Qué solitaria te ves, UNAM! No sé si estás sola, pero te ves muy solita. Así nos lo hizo pensar Pascal Beltrán del Río en una profunda reflexión de este martes.
Pero te aviso que los universitarios estamos contigo. Aunque nosotros también estamos solos, pero es muy bueno que estemos juntos. Si no nos duele la UNAM significa que ya no nos duele nada. Quizá, por eso nos tantean con ella. Para saber si todavía algo nos duele. A los presidentes que no les ha dolido la UNAM, tampoco les ha dolido México. Para los universitarios mexicanos la UNAM y México son como nuestra piel. Lo que les pasa a ellos nos duele a nosotros.
Cuidemos a nuestra universidad en todo. Nos queda en claro que, si no cuidamos la ciencia, nos vamos a degradar. Si no cuidamos el arte, nos vamos a embrutecer. Si no cuidamos los valores, nos vamos a humillar. Si no cuidamos la economía, nos vamos a empobrecer. Si no cuidamos la justicia, nos vamos a corromper. Si no cuidamos el futuro, nos vamos a aniquilar. Y, si no cuidamos la política, nos vamos a destruir.
La UNAM es el núcleo mexicano del conocimiento para el servicio. El conocimiento que no sirve es como la riqueza que no produce. El conocimiento y el servicio forman el binomio inseparable de la excelencia universitaria. Toda la vida universitaria está diseñada y aplicada al servicio. Por eso no hay universidad del juego de apuesta ni universidad del vicio ni universidad del crimen ni universidad de nada que lo dañe o lo destruya.
La UNAM sólo prepara a quienes sirvan y cuiden al humano. Que le vigilen su salud, que le construyan su vivienda, que le protejan sus derechos, que le organicen su sociedad, que le propicien su bienestar, que le preserven su dignidad, que le muestren su origen, que le enseñen la verdad, que le engrandezcan su fe o que le descubran sus valores.
La capacidad de conocimiento y la voluntad de servicio forman al ser superior. A aquel que no presume de que ayuda, sino el que se complace de que sirve. La UNAM no es tan sólo un símbolo de la nación. Además, una buena parte del destino nacional está depositado y depende de ella.
Allí se formaron las generaciones de profesionales mexicanos que se harían cargo del destino nacional, a efecto de que los mandos superiores de la nación no estuvieran en las manos exclusivas del capital ni del proletariado ni de la milicia ni del clero, sino de las clases medias civiles, formadas por el país y para el país. Esa fue la garantía de que llegaríamos a nuestro destino.
Es nacional porque incluye a todos nuestros orgullos y valores, a todos nuestras victorias y esfuerzos, a todas nuestras necesidades y posibilidades, a toda nuestra historia y nuestro futuro. Es autónoma porque nada le debe a partido alguno, porque en nada obedece a gobierno alguno y porque no tiene patrón ni patrono alguno.
Como casa de docencia es la institución más completa y mejor integrada del país. Pero, además, ha sido el gran centro mexicano de investigación. En México, la investigación gubernamental se ha desarrollado de manera escasa. Es por ello que la UNAM ha sido la gran apuesta de los mexicanos en materia de investigación científica, tecnológica y humanística. Es, para nosotros, lo que la NASA, la NSA y todas las demás agencias juntas para los estadunidenses.
Ese depósito de conocimiento es una incalculable reserva neurálgica de valor estratégico para los mexicanos. Es una universidad libre para creer, para pensar, para enseñar, para investigar, para estudiar, para editar, para divulgar, para consensar y para disentir. Se quiera o no se quiera, la UNAM es el cerebro de la nación.
En el transcurso de la historia, por los hombres y por los pueblos nunca han hablado ni su poderío ni su riqueza ni su conquista ni su imperio. Por los pueblos y por los hombres, lo mismo en Hélade, qué en Lacio, qué en Anáhuac, lo único que ha hablado, lo único que habla y lo único que seguirá hablando es tan sólo su espíritu.
