Centenario del Banco de México
Durante casi una centuria, el proyecto nacional mostró a México como algo muy sólido y muy seguro. Sin embargo, por meter las manos del poder en el corazón de la banca, los mexicanos sufrimos años con inflación de 180%, devaluación de 300%, intereses de 150% y PIB de menos 13 por ciento. Ese infierno hoy no lo pueden creer muchos jóvenes.
Se cumplen 100 años de la fundación del Banco de México, realizada a partir de vista, visión y videncia. Vista para ver todo lo que pasa. Visión para ver lo que va a pasar. Y videncia para ver lo que no todos pueden ver y que conocemos con el simple nombre de destino.
El siglo XX mexicano, por la mayoría de sus décadas, podría llamarse el siglo de la seguridad, en contraste con el XIX, que fue el siglo de nuestra inseguridad y con lo que podría llegar a ser el siglo XXI de México. Para ello, la seguridad económica se encargó al binomio formado por la Secretaría de Hacienda y el Banco de México. El presidente Plutarco Elías Calles encargó a Manuel Gómez Morín la fundación del banco y asumió la titularidad de Hacienda después de la presidencia, para consolidarla frente a los embates del poder.
Los funcionarios sucesores fueron muy poderosos en su tiempo. Los secretarios de Hacienda duraban en su encargo dos sexenios y los gobernadores del Banco de México duraban dos décadas, sin que ningún estatuto así lo indicara. Los jefes de gobierno fueron muy comedidos de las opiniones y recomendaciones de estas instituciones. Rodrigo Gómez, Miguel Mancera, Guillermo Ortiz, Agustín Carstens y Alejandro Díaz de León bien cumplieron casi 60 años de buena capitanía.
Así, la economía fue sólida. El proyecto se trazaba a largo plazo. Por periodos de dos décadas el país creció al 8% anual, sin inflación. En todo el mundo, ricos o pobres, nos veían con asombro y venían a aprender de “El Milagro Mexicano”.
Pero un día alguien dijo “las finanzas públicas se manejan desde Los Pinos”. Hacienda y el Banxico se fragilizaron y la seguridad económica lo pagó. Hacienda y el Banxico entraron al foco de los debates políticos, de la confrontación con la opinión pública, del ataque electoral y del borde del escándalo.
Durante casi una centuria, el proyecto nacional mostró a México como algo muy sólido y muy seguro. Sin embargo, por meter las manos del poder en el corazón de la banca, los mexicanos sufrimos años con inflación de 180%, devaluación de 300%, intereses de 150% y PIB de menos 13 por ciento. Ese infierno hoy no lo pueden creer muchos jóvenes.
Más adelante hubo que rescatar al Banco de México con inteligencia, con valentía, con autonomía, con profesionalización y con alteza. Reponerlo en su insustituible función de garante de la economía nacional. De regulador de las ambiciones y de contenedor de los excesos. En todo ello ha cumplido y lo ha hecho muy bien. Hoy en día, la tarea de Victoria Rodríguez Ceja no ha sido fácil, pero le deseamos el mejor futuro.
En fin, otras instituciones depositarias de nuestra solidez no han contado con la ventura de la del Banco de México. Nunca nos pondríamos de acuerdo los mexicanos y de seguro ni tendríamos la información para resolver si estos procesos de desgaste de nuestras instituciones fundamentales han sido un fenómeno espontáneo o un proyecto de alto diseño.
Lo importante es tratar de que el siglo XXI mexicano tenga muchas de las luces que nos acompañaron en el XX y ninguna de las penumbras de nuestro siglo XIX, donde todo fue inseguro. Donde todo estuvo en riesgo, como la sobrevivencia nacional o en franca pérdida, como el territorio. Donde lo iniciamos dominados por una potencia y lo concluimos gobernados por un tirano. Donde tuvimos muy pocos episodios luminosos, como la reforma liberal.
Además del institucional, le tengo un aprecio personal al Banco de México. Mi padre fue su vicepresidente ex officio por sus cargos gubernamentales y mi hijo ya le ha dedicado 23 años de su joven vida profesional y ahora está a cargo del área legal internacional. Por eso creo que es bueno tomar aliento de estos aniversarios para tratar de ver hasta donde podamos.
No todos los mexicanos podemos ver cien años, como lo hizo Plutarco. Algunos no podemos ver ni una década. Algunos, ni un año, ni un mes. Pero el esfuerzo vale la pena. Es bueno usar la vista, la visión y la videncia.
