Bálsamo de inteligencia
Que las inteligencias pequeñas discuten sobre las personas. Según nosotros, eso se llama chisme. Hoy, la política de México y de casi todo el mundo está muy llena de chismorreo y muy carente de ideas. Por eso me regocijo cuando alguien nos refresca de esta sequía, así como recientemente se dieron dos casos que quiero compartir para mitigar nuestra sed.
Desde hace tiempo se ha dicho que las inteligencias grandes discuten sobre las ideas. Según Hegel, eso se llama dialéctica. Que las inteligencias medianas discuten sobre los sucesos. Según Aristóteles, eso se llama crónica. Y que las inteligencias pequeñas discuten sobre las personas. Según nosotros, eso se llama chisme.
Hoy, la política de México y de casi todo el mundo está muy llena de chismorreo y muy carente de ideas. Por eso me regocijo cuando alguien nos refresca de esta sequía, así como recientemente se dieron dos casos que quiero compartir para mitigar nuestra sed.
El primero de ellos ya lo mencioné someramente en mis dos anteriores artículos, en cuanto a la inteligencia que se ha vertido en la Suprema Corte durante la discusión, aún inconclusa, sobre la prisión preventiva. Allí hubo ocho intervenciones excelentes, de las cuales resaltaría la de Ana Margarita Ríos Farjat y la de Juan Luis González Alcántara.
En ellas han apuntado a la resolución interpretativa que puede remediar el problema a la vez que armonizar las divergencias. Lo han planteado como la correcta interpretación de que la prisión oficiosa no significa que sea automática y que siempre tendrá que motivarse y probarse, además de fundarse, como es obligatorio en todos los actos de autoridad que sean privativos o de molestia, tal como lo ordenan los artículos 14 y 16 constitucionales.
Sería muy benéfico que el nuevo proyecto que presentará el ministro ponente así lo recogiera. Sucede que, por alguna razón todavía inexplicada e inexplicable, desde hace tiempo se confundió lo que es una facultad oficiosa. Ésta es la que tiene que ejercer la autoridad, aunque nadie se lo solicite. Como lo hacen los bomberos ante el incendio o como lo hacen los policías ante el asalto.
Así, el juez tiene que resolver sobre la prisión preventiva, aunque no se lo solicite la Fiscalía ni la víctima. Pero eso no significa que siempre deba encarcelar y, en ocasiones, hasta enchiquerar al acusado. Esta nueva solución deja a un lado la resolución de inaplicabilidad constitucional, asunto muy discutible, así como la supremacía convencional, consideración muy inaceptable. Por eso es de saludar el bálsamo de Ríos Farjat y de González Alcántara.
En otro asunto muy distinto, resulta que la legislatura mexiquense aprobó, por unanimidad, una nueva Ley Orgánica del Poder Judicial. Hubo discusión, hubo divergencias y hubo dialéctica, como sucede en un Congreso plural donde concurren todos los partidos. Pero la votación unió en beneplácito a todos los deliberantes, por encima de sus colores y de sus filiaciones.
Eso nos indica que esos diputados y esas diputadas que integran la Legislatura no le deben nada a nadie como no sea al electorado que decidió que allí estuvieran para representarlo y para cuidarlo. Más aún, la iniciativa fue preparada en otro poder, como lo es el Poder Judicial, con un equipo encabezado por su presidente, Ricardo Sodi, y la hoy ley será promulgada por el gobernador Alfredo del Mazo. Por eso es de saludar ese bálsamo que nos brindan todas las autoridades del estado más poblado, a las que un asunto mayor las une como una sola voluntad.
Ése es un modelo de inteligencia democrática, que es inteligente sin dejar de ser democrática y que es democrática al mismo tiempo que es inteligente. La democracia tiene que ser el resultado político del refinamiento, de la inclusión, de la tolerancia y de ese delicioso ensamble de convicción y convencimiento. De poder ser convencido sin abandonar la propia convicción y de poder convencer a los otros sin cargo a su respectiva convicción.
Me gusta compartir estas victorias de la inteligencia, sobre todo en este día patrio. Me gusta saber que no todo es malo y que no estamos derrotados del todo. Que mientras existan mexicanas y mexicanos de inteligencia y de honor, como a quienes he mencionado, ningún enemigo nuestro tiene ya asegurada su victoria y tampoco nosotros tenemos ya sentenciada nuestra derrota.
