Aranceles, testigos y políticas

Para la ciencia económica y para la técnica tributaria, el arancel es un impuesto indirecto que encarece el producto y que pagan los compradores. Vale para los productos superfluos, pero es un absurdo en los productos necesarios y en los insumos.

Desde hace 190 años, en la bilateralidad México-Estados Unidos todo es un asunto de poder político, sin excepción alguna. Desde una guerra hasta una broma, todo ha quedado registrado en los espacios de la política. Así nos lo dice la Teoría del Poder en sus teoremas 3º y 10º, conocidos como principio de ubicuidad y principio de inmaterialidad, respectivamente.

Es por eso que los “Aranceles-Trump” son un asunto punitivo de naturaleza política y no pueden ser considerados como un asunto tributario ni comercial. Así nos lo diría cualquier economista sensato. Quizá a Donald Trump no le interese proteger a sus trabajadores ni a sus empresas, sino satisfacer a sus seguidores y juguetear con México.

Para la ciencia económica y para la técnica tributaria, el arancel es un impuesto indirecto que encarece el producto y que pagan los compradores. Vale para los productos superfluos, pero es un absurdo en los productos necesarios y en los insumos. Por ejemplo, el acero que compra su poderosa industria metálica o el tomate que adquiere su poderosa empacadora alimentaria. Ello encarecerá desde sus automóviles hasta su cátsup. Los estadunidenses pagarán un precio para que su presidente humille a su vecino.

También es por eso que los “Testigos-Trump” son un asunto punitivo de naturaleza política y no pueden ser considerados como un asunto penal ni procesal. Así nos lo diría cualquier jurista sensato. No castiga al traficante, sino a México “por no hacer lo suficiente”. Quizá a Donald Trump no le interese proteger a sus adictos ni sanarlos si tuvieran cura alguna, sino humillarnos para ver si nos arrastramos.

Para la ciencia jurídica, los testigos convenidos pueden ser de tres tipos. Para comenzar, los muy mencionados testigos-protegidos, que son de los que mucho se habla, pero que suelen confundirse con cierta maña. Los verdaderos protegidos son aquellos ajenos a todo delito. Por ejemplo, el comensal al que le toca ver el homicidio de la mesa contigua. Nada tiene que ver con los sucesos ni con los sujetos. Pero es esencial para el proceso, sufre peligro y es necesario protegerlo. Esos son gratuitos para la fiscalía porque no cobran.

Luego seguimos con los que desde hace tiempo yo he llamado testigos-vendidos. No deben compararse ni confundirse con los verdaderos testigos-protegidos, porque son muy distintos. Realmente son los que venden su testimonio a cambio de un precio. Es cierto que no se paga con dinero, pero es innegable que se paga y hasta se documenta la entrega y el pago. Esos son caros para la fiscalía porque si cobran.

Por último, los que he llamado testigos-fingidos. A diferencia de los anteriores, a estos no les consta nada de lo que declaran. Pero lo hacen para obedecer lo que inventan sus dueños quienes, de paso, también les pagan y los protegen. Esos son peligrosos para la fiscalía porque traicionan.   

Estos modelos arancelarios y testimoniales no son un instrumento sensato de la economía ni de la abogacía. Son el producto de una política impotente que no puede solucionar ni su economía ni su justicia por la buena. Aclaro que no estoy en contra de castigar a los culpables ni de proteger la economía. Qué bueno que todo gobierno castigara a los culpables y que todo gobierno protegiera su economía.

Pero, desde muy joven, en mi trabajo aprendí que a los culpables se les busca y se les encuentra, no se les elige ni se les inventa. Y, desde muy niño, en mi hogar escuché que la buena economía es la que hace a los impuestos, no los impuestos a la buena economía.

Estos son tiempos peligrosos para México. Parece que Donald Trump aborrece a los mexicanos y a casi todos los pueblos de la Tierra, pero tampoco ama realmente a su pueblo. Además, parece que a nosotros nos tiene mucho miedo en nuestro comercio, nuestra migración, nuestra droga, nuestra geografía y hasta nuestra política. Mala es la combinación del temor con el terror. Mal para ellos, mal para nosotros y mal para todos.

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