El laberinto de la cleptocracia

En primer lugar,la corrupción no tiene signo político exclusivo. Ha anidado en cualquier partido y en cualquier ideología. En segundo lugar, debe resaltarse que existen muchísimos funcionarios públicos que son ejemplarmente honestos. Más aun, que ellos sufren, injustamente, el desprestigio global del gremio.

Acabar con los corruptos es un proyecto más ambicioso que recuperar Texas. El tema de la corrupción y de la lucha en contra de ella es muy recurrente en la temática mexicana, aunque muy poco presente en la realidad nacional. Hemos escuchado, por lo menos, 50 razones que pretenden dar explicación a la corrupción. Ellas van desde las históricas hasta las genéticas, pasando por las culturales, las políticas, las administrativas, las nutricionales y hasta las climáticas.

Como la extensión del tema llenaría varios libros, por el momento pensemos tan sólo en las históricas. Si observáramos las calificaciones internacionales atribuidas a cada nación, en casi todas ellas encontramos algunas constantes pero me quedo con una. De todos los países rankeados en los mejores 15 lugares, ninguno ha sido imperio. Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia, Suiza, Noruega y otros más, jamás lo han sido.

Esto explicaría que su idiosincrasia o su cultura nunca los han empujado a apropiarse de lo ajeno. Pero en los imperios encontramos lo contrario. Incluso sus más admirados próceres han tenido comportamientos morales muy singulares.

Isabel I es considerada una de las más ilustres reinas de su nación. Pero, para cualquier jurista, hoy sería casi una delincuente. Su protección a los corsarios, su apropiación territorial, el manejo de su reino y cien factores más así nos lo indicarían. Sin embargo, es altamente admirada por sus paisanos. Esta veneración algo puede incidir sobre sus inclinaciones.

Desde luego, no estoy diciendo que los ingleses o los españoles sean hoy una runfla de corruptos. Nada de eso. Inglaterra goza de muy alto prestigio en los mencionados rankeos y España tiene un lugar muy respetable. Lo que quiero decir es que ellos han tenido que realizar un esfuerzo institucional, funcional, político y moral para revertir una mentalidad histórica diversa. En algunos casos han tenido la fortaleza hasta para enjuiciar a los miembros de sus casas reales. Por ello, Isabel II es más respetuosa de lo ajeno de lo que fue Isabel I.

Por el contrario, los mencionados líderes mundiales de moralidad quizá lo hayan logrado sin mayor esfuerzo. Yo no sé qué tan eficiente sea la contraloría danesa pero quiero suponer que casi ni existe. Que los daneses se portan bien sin necesidad de vigilantes.

México tiene, desde este punto de vista, un historial que nos complica. Nuestros antepasados aztecas y nuestros antepasados hispanos se hicieron de sus respectivos imperios de una manera que no resistiría la aprobación de una declaración patrimonial.

Por eso tenemos que seguir luchando mucho en contra de la “mordida” que los mexicanos practican en lo individual, en lo cotidiano y en lo menor. Pero más allá y por encima de esto, se encuentran la media y la alta corrupción. La que tiene que ver con el otorgamiento de concesiones, con la resolución de licitaciones, con las tolerancias aduaneras, con  las ventas del patrimonio público, con la sustracción de recursos naturales, con los estancos y monopolios, con los rescates ruinosos y con todo un amplísimo menú de especialidades que la imaginación, asociada a la ambición, ha permitido el acopio de inmensas fortunas de inconfesable génesis.

Desde luego que debemos tener en cuenta algunas prevenciones indispensables sobre el tema. En primer lugar, la corrupción no tiene signo político exclusivo. Ha anidado en cualquier partido y en cualquier ideología. En segundo lugar, debe resaltarse que existen muchísimos funcionarios públicos que son ejemplarmente honestos. Más aun, que ellos sufren, injustamente, el desprestigio global del gremio. En tercer lugar, la corrupción no sólo se encuentra en un subsistema sino en todo el sistema de servicio público. En cuarto lugar, que no es privativo del sector gubernamental sino que también anida en la sociedad civil. Por último, en quinto lugar, que no sólo proviene, coyunturalmente, de los vicios de los hombres sino, también, de las imperfecciones estructurales de las normas y de las instituciones.

Es un desafío total porque todos los espacios del interés colectivo pueden verse amenazados por la corrupción. Lo mismo el Estado de derecho que la economía, la salud, la cultura, la seguridad pública, la seguridad nacional, la democracia, la soberanía, la integración familiar y la estructura de valores, entre otros muchos.

Es un desafío global porque tan sólo cuando hablamos de corrupción en la administración pública, estamos hablando de riesgos o de daños en el fisco y en el Ministerio Público, en nuestro comercio exterior y en nuestros intereses como consumidores, en la seguridad social y en el sistema de telecomunicaciones, en los transportes públicos y en la construcción, en el manejo de alimentos y en el de abastos.  En los permisos, en las licencias y en las concesiones. En las inspecciones y en los controles.

La sociedad que vive en la corrupción, aunque no se dé cuenta, vive en un riesgo creado por ella y para ella.

Abogado y político. Presidente de la Academia Nacional, A.C.

                w989298@prodigy.net.mx

                Twitter: @jeromeroapis

Temas: