Los soñadores, el tema sin resolver en México
Apenas este año la Secretaría de Educación Pública aceptó convalidar estudios que equivalen a primaria, secundaria y preparatoria.
Nancy Landa es una “migrantóloga” mexicana con un posgrado en Londres.
Pero es más que eso, es lo mismo la muestra viviente de empeño y la determinación de los soñadores —esos niños que fueron llevados a Estados Unidos por padres indocumentados y han sido, en muchos casos, expulsados de ese país que consideraban suyo—.
Pero es también el fracaso de México en ofrecer algo a esos hijos de mexicanos que son tan admirados aquí por su lucha en Estados Unidos, pero también tan ignorados y aún desdeñados cuando regresan a México voluntaria o involuntariamente.
Landa, que en la Universidad de California tenía altos grados académicos, no pudo revalidar sus estudios en México. El sistema mismo no se lo permitió, aunque también hay que decir que parte de sus estudios fueron apoyados con una beca de Conacyt.
Pero el problema sigue en pie. De hecho, apenas este año la Secretaría de Educación Pública aceptó convalidar estudios que equivalen a primaria, secundaria y preparatoria, y aunque no hay duda de la buena voluntad de ese paso inicial se puede confiar en la burocracia de la SEP para hacer la medida lo mas restrictiva posible.
En cuanto a los estudios superiores...bueno, mientras Juan Ramón de la Fuente pueda soñar con una candidatura presidencial y José Narro con la Secretaría de Salud todo está bien.
Pero los soñadores son, también, una piedra de toque. Son decenas, si no cientos, de miles; sus familias y amigos, en Estados Unidos, especialmente, están al pendiente de su suerte y del trato que reciben aquí. Y aunque, ciertamente, no puede decirse que sean maltratados, tampoco que sean bien recibidos.
Son, de entrada, un recurso desperdiciado, aún en la mínima expresión: en un país donde sólo uno de cada diez dice que habla inglés, muchos de esos jóvenes serían posibles empleados o maestros.
Muchos de ellos serían formidables profesionistas, capaces de aportar conocimientos y posibilidades al país, si se les abriera la puerta del sistema.
Pero en ese sentido enfrentan el mismo problema que muchos otros jóvenes que no emigraron: en una sociedad clasista y racista como la mexicana es una lucha cuesta arriba.
En todo caso, valdría la pena recordar que la historia de esos soñadores resuena entre los mexicanos de segunda generación en Estados Unidos y que eso determinará en mucho su actitud respecto al país de sus ancestros.
