Sheinbaum y la tormenta política en Morena

¿Hasta dónde el gobierno de Sheinbaum podrá mantenerse al margen de la confrontación y escándalos de corrupción que lo afectan? Aunque haya una intención de resguardar su figura, el desbordamiento de los enfrentamientos evidencia el choque de fuerzas dentro de la coalición gobernante que, tarde o temprano, pueden paralizarlo.

La 4T atraviesa uno de sus peores momentos por todos los casos salpicados de señalamientos de corrupción y enriquecimiento inexplicable, que han obligado a algunos liderazgos a apartarse del reflector. Y ahora, el fuego cruzado por el testimonio de Julio Scherer en su libro pone en entredicho el legado obradorista con revelaciones explosivas de su ejercicio de gobierno y el financiamiento de la política con recursos ilegales del huachicol desde el corazón del movimiento.

¿Sheinbaum sabía de la detonación que preparaba Scherer? nunca se sabrá, pero no puede permanecer apartada para evitar involucrarse en hechos que manchan a su partido y al gobierno por el costo de la impunidad y la división. Y que no son el único riesgo de fractura, también está la rebelión de aliados en defensa de heredar cargos populares o despidos que levantan revuelo de acusaciones de traición al obradorismo como Marx Arriaga.

Morena se ha sostenido por sus dos liderazgos populares fuertes en la Presidencia y una sólida unidad ideológica, además de reparto de cuotas de poder entre grupos, pero no es un monolito como enseña la guerra de lodo interna; así como el desafío del Verde con la candidatura en SLP o Saúl Monreal de suceder a su hermano en Zacatecas.

“Ves la tormenta y no te hincas”, ha dicho Ricardo Monreal sobre las ambiciones de su hermano. Junto con otras reivindicaciones personales y ajustes de cuentas expresan el debilitamiento de lealtades internas y dan paso a la fragmentación por cálculos electorales que se imponen sobre acuerdos con sus socios del PT y el Verde como factores decisivos en la reforma electoral.

La concentración de poder ha sido un imán para mantener unido el mosaico de posiciones ideológicas, personalismos y lealtades de grupos heterogéneos en Morena. Pero también acelera el desgaste del ejercicio del gobierno soportado en un movimiento con poca institucionalidad y cerrado, refractario a la crítica y polarizado a su interior; cuyas divisiones pueden disimularse ante sublevaciones o ataques directos entre correligionarios que se acusan como enemigos.

La Presidenta ha podido campear los temporales con su mando fuerte y formas no disruptivas ni confrontativas, incluso acomodaticias al gusto ajeno en iniciativas contra el nepotismo que socavan sus aliados o de ver a la impunidad pasearse sobre los lomos del combate contra la inseguridad y huachicol cuando sus ramificaciones políticas pueden resquebrajar la unidad interna. Pero sus esfuerzos han sido insuficientes para evitar que crezca el enfrentamiento y conduzca hacia un mayor desorden, incluso a pesar de consolidar su liderazgo y de desprenderse de herencias insostenibles.

Los escándalos le han servido para dejar de lado piezas improductivas como el fiscal Gertz, que arriesgan su estrategia y hasta la relación con EU en seguridad, y apartado figuras incómodas a pesar de la cercanía de Adán Augusto con López Obrador. Sheinbaum no tiene el liderazgo indiscutido de éste para disciplinar e imponer el orden en Morena, pero converge con su antecesor en la defensa del proyecto, aun si crecen tensiones y desacuerdos entre ellos.

Pero la crisis que genera la confrontación y división tiene un significado más profundo. Que se hunde en el discurso y avance de la ultraderecha sobre los gobiernos de izquierda en la región con ataques directos que Trump propina a México; y tienen eco en sectores opositores que se cuelgan de sus críticas para empujar lo que no alcanza la oposición interna.

A la Presidenta no le conviene que crezca la fragmentación en Morena, pero es menos claro cómo restaurar el orden, y menos si permanece como desde afuera para ganar espacio y tiempo, quizá hasta la elección intermedia, aunque sin ignorar el problema. Porque los escándalos de corrupción terminarán por afectar a su gobierno y abrir mayores flancos ante la belicosidad de la lucha ideológica internacional.

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